"El estado de alarma es parte de una batalla ideológica"

L. M. Torres - V. Andrés, ICAL
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"El estado de alarma es parte de una batalla ideológica" - Foto: mir_ical

Un ciudadano libre, preocupado por la situación y con opinión propia. Así se describe Albert Rivera 11 meses después de dejar la Presidencia de Ciudadanos. Un tiempo en el que se reclaman menos encorsetado en sus opiniones a lo que se espera de unas siglas y más aliviado para hablar, aunque reconoce que nunca se ha mordido la lengua. Ha plasmado parte de sus vivencias y reflexiones de este tiempo en un libro que lleva su nombre, Albert Rivera. Un ciudadano libre, pero sigue atento a la vida política del país y a la última hora de lo que pasa. No deja nada en el tintero y se muestra muy crítico con la gestión de la pandemia pero, sobre todo, con la incapacidad de los políticos para unir al país. Considera que la guerra con la Comunidad de Madrid es una batalla más en una estrategia de polarización del país de la izquierda para seguir en el Gobierno al menos una década y cree que Ciudadanos debe ganar mucha identidad liberal para encontrar su hueco. Entretanto, rechaza ser un jarrón chino para su formación, pero advierte que ahora, «más libre», dará su opinión y no necesariamente ésta debe identificarse con un solo partido.


Después de 11 meses fuera de la arena política, ¿le sorprende algo de lo que ocurre ahora en España?
Hay una sorpresa evidente, nadie nos hubiera dicho a esta generación que íbamos a vivir una pandemia mundial. Pero lo ocurrido, más que sorprenderme me ratifica uno de los temores que tenía al escribir este libro sobre la capacidad de los españoles de dividirnos, enfrentarnos y ser incapaces de remar en la misma dirección. Desgraciadamente, nos hemos convertido en el país protagonista de la primera y la segunda ola. Hay Estados que han conseguimos mejores datos sanitarios sacrificando la economía y hay otros que han conseguido mejores cifras económicas sacrificando los datos sanitarios, pero aquí tenemos los peores índices sanitarios y económicos. Me preocupa la situación sanitaria, pero también la incapacidad política de unir y la capacidad de politizar hasta un virus buscándole ideología.


En la Comunidad de Madrid se vive una situación especial, con un choque entre dos administraciones sobre las medidas a tomar...
Siempre hay una mayor responsabilidad en el Gobierno nacional porque es de todos los españoles y no solo de Madrid. En esta segunda ola, el Ejecutivo está haciendo aquello de que la mejor defensa es un ataque políticamente hablando y para que no hablemos de los datos nefastos económicos y sanitarios de toda España, lo focalizamos en Madrid. A quien hay que pedirle responsabilidades por Madrid, Castilla y León o cualquier provincia española es al Gobierno. Un ministro de Sanidad o un presidente no pueden ir contra las comunidades, tiene que ir con las autonomías y con los ciudadanos y las empresas. Y esta batalla, que tiene mucho de show televisado, tiene más que ver con una batalla de polarización ideológica porque, mientras hablamos de Madrid, no hablamos del señor Illa, de la gestión de la economía o de los datos de Barcelona o Navarra que, en algunos casos, son igual o peores que los de Madrid.


Ayer el Gobierno decretó el estado de alarma para confinar Madrid.
Esta decisión tiene un tinte más político que jurídico. El estado de alarma es una excepción dentro de la Constitución y no puede ser una norma general. No entiendo cómo en seis meses no se han modificado las leyes para no tener que ir al estado de alarma. No se han hecho los deberes, y en 12 horas hemos pasado de una sentencia que le decía, con razón, al Gobierno que no podía pisotear derechos fundamentales a un estado de alarma impuesto en tres horas en el que los maltratados somos los de siempre, los ciudadanos y las empresas que sufren el BOE, las indecisiones o las decisiones y la incertidumbre. No se puede improvisar de esa manera. Y en esa batalla pierde España porque el propio Gobierno está diciendo al mundo entero que identifica a la capital del país como el principal foco de Europa. La negligencia y la mala gestión tienen consecuencias económicas.


Pero ha habido discrepancias en el propio Gobierno madrileño. Cs era partidario de un acuerdo que no ha cuajado.
Más allá de declaraciones, y de la política de entretenimiento en la que a cada pequeña discrepancia le buscamos un caso político, el Gobierno de la Comunidad de Madrid ha defendido tomar medidas preventivas sin tener que llegar al estado de alarma, con criterios técnicos.


A la vista de los acontecimientos, ¿qué cree que ha fallado?
Después de 40 años le estamos viendo las costuras al estado autonómico. Es una buena idea descentralizar un país de casi 50 millones de habitantes, pero hemos confundido decentralización con la fragmentación o caos. Que haya que crear una Secretaría de Estado para coordinar la sanidad, significa que hasta ahora no lo hemos hecho. Desde junio a septiembre no ha habido ninguna coordinación. Esta pandemia nos está enseñando las costuras del estado autonómico y yo planteo que no digamos que todo va bien porque un estado autonómico necesita descentralización, pero también coordinación y lealtad institucional.


Se ha acusado a la presidenta madrileña de esa deslealtad y se le ha comparado con Torra...
A mí me parece una falta de respeto a los madrileños y a cualquier persona con sentido común comparar a la presidenta de la Comunidad de Madrid, que respeta la Carta Magna y el Estado de Derecho, con una persona desleal de la Constitución, compañero de golpistas. ¿Va a aplicar Sánchez el estado de alarma también en Cataluña? ¿Se lo va a decir a sus socios de Bildu y el PNV en Navarra? ¿O esto solo es en Madrid porque gobiernan el PP y Ciudadanos?


Pero es el Gobierno el que ha apelado siempre a la unidad...
Me parece cínico apelar a la unidad y estar todo el día hablando de la Guerra Civil o de Franco o ahora del aborto. No hay nada más contradictorio que hablar todo el día de la unidad y cada día ejercer la desunión y la trinchera ideológica. Cuando consideras facha a todo el que no es de izquierdas, estás desuniendo a los españoles; cuando intentas criminalizar ideologías que no son la tuya, eres un sectario. La unidad no se defiende desde el sectarismo. La unidad se defiende desde la generosidad y cuando tienes que liderar pactos de Estado, lo que no haces es insultar a la oposición. No hay pactos de Estado porque hay una estrategia desde Moncloa: piensan que si dividen a los españoles, siempre ganan porque tienen los votos del PSOE, una parte de Podemos y el plus que la ley electoral da a los independentistas. Además, está la alianza Sánchez-Vox por la que mientras tenga un importante número de votos, el PP no va a superar al PSOE. Es una jugada estratégicamente mágica, pero nefasta para España.


Hablando de pactos de Estado, ¿cómo ve usted ese veto del PP a renovar órganos como el CGPJ?
Me parece inaceptable que en pleno siglo XXI los políticos sigan escogiendo a los jueces. Lo que pasa es que Sánchez tiene mucha prisa para cambiar las mayorías sociales en el Consejo General del Poder Judicial. Hay muchas cosas que pactar y Sánchez solo tiene prisa para poner a los suyos en el Poder Judicial. TVE no he escuchado ni una palabra y llevamos más de dos años con una administradora provisional. Si el PSOE realmente quiere pactar con el líder de la oposición asuntos de estado, que no ponga encima de la mesa solo aquellos que le interesa a él y, por ejemplo, ponga encima de la mesa una hoja de ruta para el reparto de las ayudas de la Unión Europea. Aún estoy atónito de ver el show que montó Pedro Sánchez con este tema.


En este escenario tan polarizado, ¿qué papel le queda a Ciudadanos?
No es un papel fácil. Ser liberal en medio de las dos Españas es un deporte de riesgo, porque siempre te van a considerar sospechoso en cualquier bando. Pero también creo que puede hacerse. En Cataluña lo hicimos con tres diputados. A mí no me vale el conformismo de pensar que es muy difícil porque entonces no hubiera montado Ciudadanos con un grupo de locos. Yo lo que deseo es que Cs remonte, recupere el pulso, vuelva a esos 57 escaños o, por lo menos, esté en cuotas de voto como las que tuvimos hace un año y medio. Para recuperar eso hace falta mucha valentía, ganar mucha identidad liberal y ser muy claro: cuando Cs ha perdido muchos votos es cuando se nos ha considerado ambiguos. Cuando dije claro que íbamos a formar un Gobierno de coalición con el PP, sacamos el mejor resultado de la historia, cuando en la repetición dije que igual había que desbloquear, perdimos miles de votos. Uno de los riesgos para un partido de centro es aparentar ambigüedad o equidistancia.

 

Ahora el Ciudadanos actual se abre a hablar con el PSOE, votó la prórroga del Estado de alarma y está en disposición de hablar de los presupuestos, ¿lo ve como una enmienda a su estrategia?
Creo que el mejor juez es el tiempo, y dirá si la estrategia actual es buena o mala. Pero también es justo que la actual dirección de Ciudadanos tome sus decisiones libremente para acertar o para equivocarse.


¿Está cómodo con esta estrategia?, ¿se siente identificado con el partido que fundó?
Yo no me voy a pronunciar. Soy fundador del partido, junto a 15 personas, y no voy a participar de ser jarrón chino. Mi único pronunciamiento es que mis compañeros tienen que tomar decisiones libremente. Ahora, de la misma manera que les doy pleno apoyo en la toma de decisiones y que no voy a influir en ello, también como ciudadano tengo mi opinión y la seguiré manifestando.


¿El ciudadano Albert Rivera «libre» está más cerca de Cs o del PP?
Yo estoy más cerca de los españoles, yo no estoy en las siglas. Ahora te representas a tí mismo y si ves cosas que te gustan lo dices y si no te gustan, también. Tengo mi corazoncito en Ciudadanos, soy liberal y lo defenderé, pero si alguien me dice voy a proponer una ley que ayude a las empresas y autónomos a crear empleo... como si la propone el PSOE. Creo que estar lejos de las siglas también te da más libertad para expresar opiniones que no se adscriban solo a un partido político.


En el libro habla de la necesidad de superar el eje izquierda-derecha, pero, al dar el salto a Madrid, se le ha ubicado en la derecha. Por ejemplo, con la foto de Colón. Visto con la perspectiva del tiempo, ¿cree que les perjudicó?
Después de aquella foto sacamos el mejor resultado de la historia de Ciudadanos. Y eso no es una opinión. Eso es una milonga repetida mil veces por la izquierda que da la batalla cultural. Yo no voy a acomplejarme ni a dar explicaciones al populismo de izquierdas. Creo que en España hace falta valentía y también dar una batalla intelectual al populismo de izquierdas y al nacionalismo. Cuando la izquierda te reprocha la foto de Colón, te está diciendo con quién puedes defender la Constitución y con quién no. Básicamente lo que ha conseguido la izquierda es que el sectarismo se apodere de la política española. Aquí lo que pasaba es que a todo el mundo político, económico y mediático le interesaba que Cs fuera una comparsa de Sánchez y no una alternativa. Y yo no creo en Sánchez ni en su proyecto que, además, considero perverso política y económicamente para mi país. Prefiero estar en mi casa y duermo tranquilo por no tener que apoyar algunas barbaridades que veo. No sé si Sánchez duerme igual de tranquilo.


En los últimos días se ha cuestionado la defensa que hacen del Rey desde PP, Podemos y Vox porque pueden deslegitimar una Monarquía de todos.
La pregunta que hay que hacerse es por qué el PSOE o Podemos no apoyan nítidamente a la Monarquía, que es lo que dice la Constitución. Es lo mismo que la foto de Colón. La pregunta es por qué no defiendes la unidad de España, por qué no estaba Pedro Sánchez en la manifestación de Barcelona del 8 de octubre de 2017 (la protagonizada por las fuerzas constitucionalistas). La pregunta también es por qué la izquierda de este país reniega de sus símbolos o por qué, con una cierta ambigüedad calculada por Sánchez y con claro acoso y derribo de Podemos, va contra una institución constitucional. Más allá que seas monárquico o republicano, es el Jefe del Estado. Yo no soy monárquico tradicionalista, pero soy constitucionalista y al Jefe del Estado hay que respetarlo y debe estar en cualquier lugar del territorio.


¿Se puede vivir en el permanente estado de tensión que rodea a Cataluña?
No, es un sin vivir. Me produce una tristeza tremenda y hay mucha gente que se está marchando de Cataluña. Se habló en su día de diáspora vasca y ahora está empezando la diáspora catalana. El procés, el señalamiento, la ruptura de la sociedad catalana está provocando un éxodo de empresas, pero también un marcha permanente de ciudadanos. No se está contabilizando, pero son miles y miles. 


¿Por donde pasa esa salida al problema de Cataluña?
El separatismo catalán se ha convertido en un dogma, en algo casi religioso, en lo que no entra ni la razón, ni las ideas ni los argumentos. Llegado a este punto y dado que no funciona, lo lógico sería cambiar las cosas. Sin embargo, cada vez se hacen más concesiones al nacionalismo. El procés nace el día que Pujol entra en la Generalitat porque él tiene un plan para conseguir la independencia. Mi propuesta entonces es un plan estratégico para Cataluña. Si cada vez que el Estado ha sacado un pie de Cataluña, te va peor y cada vez hay más independentistas que te han dado un golpe de Estado, tendrás que hacer algo distinto. 


¿Pero la salida de los políticos presos puede ayudar a normalizar la situación?
Quieren hacer una modificación del Código Penal con nombres y apellidos, algo propio de las repúblicas bananeras. Estamos cometiendo un nuevo error como los que cometió el bipartidismo durante 40 años, que no fue otro que seguir dando concesiones hasta que no te queda más que conceder. Si continuamos por este camino, cada vez habrá más independentistas, seguirán manipulando la educación y la televisión pública y el nacionalismo seguirá su curso. El problema es que el independentismo tiene un plan y España no.