El Ventorrilo y Consuegra, el romance continúa

Dominguín
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La ganadería toledana ha embarcado un encierro muy bien presentado con varios astados de nota, premiándose con la vuelta al ruedo el tercero de nombre 'Pedrero'. Doble salida a hombros de El Cid que cortó dos apéndices y Raúl Rivera que obtuvo cuatro

El Cid y Raúl Rivera salieron a hombros en Consuegra. - Foto: Vicente Camuñas

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Siempre es un placer volver a Consuegra, con su sabor manchego, con su señorío patente en sus edificios y sobre todo por su castillo y sus doce molinos que desde el cerro Calderico vigilan todo lo que acontece en sus dominios. La plaza de toros es uno de esos edificios históricos que ha cumplido el domingo 137 años de historia. Llegar a ella con sus paredes encalas, sus contrafuertes robustos, su conserje, algo poco habitual ya en día, sus aledaños repletos de curiosos y su patio de cuadrillas que acoge desde los toreros, a los matarifes, caballos, curiosos y todos aquellos que algo deben figurar en la corrida que se pretende celebrar.
Los tendidos se poblaron en algo menos de la mitad en una tarde soleada, con ligeras rachas de viento y nubes esporádicas que dejaron imágenes bucólicas del entorno. En los chiqueros una corrida del hierro de El Ventorrillo, divisa toledana que lleva varios años triunfando en Consuegra, y que, tras la tarde de esta corrida, sigue denotando que hay un romance entre el pueblo y la ganadería. Si de seis toros, cinco se prestan para el lucimiento, es un lujo. Si además salen toros de nota, premiando con la vuelta al ruedo al tercero de nombre ‘Pedrero’, la emoción se pone a flor de piel. Pero si ya lo rematas con un trapío, cuajo y seriedad muy por encima de la media de los festejos habituales en plaza de esta categoría, la cosa se merece un reconocimiento. Enhorabuena al ganadero, a la empresa y al Ayuntamiento que aconsejó que la divisa de Fidel San Román volviese a una de sus plazas talismán.
Uceda Leal recibió al toro que abrió el festejo dubitativo, probándolo, no queriéndose estirar con la capa, llevándole al caballo donde lo castigan mucho en barras. El tercio de banderillas tampoco resultó lucido, y la apatía contagió al espada que se limitó a machetear media docena de veces al astado y tirarse a matar y mal, necesitando tres intentos para que cayese al suelo. El público exteriorizó su malestar y abroncó al madrileño de manera más que justificada.
Al que hizo cuarto, Uceda recibió al todo con gusto con el capote, metiéndole en su tela con un simple giro de muñecas, sacándole a los medios y rematando con una media enroscada de escándalo. Luego con la muleta Uceda Leal, al ver la gran calidad del burel, lo fue toreando con suavidad hasta los medios, encajándose en muletazos largos templados bajando la muleta con la diestra y con gusto con la zurda. Todo el trasteo fue muy artista y torero todo lo hizo con mucha suavidad, entrando a matar al ralentí, dejando una estocada en lo alto que le valió para cortar una oreja merecida.
El Cid nos deleitó con un precioso recibo por verónicas junto a las tablas meciendo al animal suavemente, terminando con una media en el tercio. Tuvo buen comienzo de faena por bajo tirando del toro siempre en línea para que se confiase, hasta que el acople fue total. Siguió con la diestra con gusto en el centro de la plaza con tandas templadas y remates de pellizco. Quiso realizar el toreo al natural, suave llegando a los tendidos, tras lo cual dejó una estocada casi entera que le valió su primera oreja.
Sabiendo que necesitaba volver a tocar pelo en el quinto, El Cid realizó un gran recibo de capa llevándole por verónicas encajado hacia los medios y allí rematando de media que levantó los olés de los tendidos. El Cid vio la calidad del toro de El Ventorrillo y supo sacarle la faena justa, medida a un astado muy bien presentado con hondura y nobleza llegó a la faena de muleta con la condición perfecta para romper a embestir. Lo cogió con suavidad lo metió en la franela toreándolo al son de la música con derechazos de enjundia. Luego por naturales llevo a la res cosida a su engaño, llegando el éxtasis de la gente, volcándose el torero de Salteras en su entrega, ciñéndose, dándole los tiempos y las distancias justas y llegando al final de la faena con los tendidos entregados. Mató de una estocada certera en lo alto hizo caer al animal con rapidez, asomando el pañuelo blanco por el palco le concedió una merecida oreja que le abría la puerta grande.
Raúl Rivera no lo dudó y se tiró de rodillas a recibir al toro con una larga cambiada levantando al público de sus asientos, luego se saca a los medios meciéndolo con el capote hasta rematarlo en los medios con una media verónica perfecta. Con los palos levantó el ambiente con tres pares perfectos, uno de poder a poder, otro de dentro afuera y otro al violín que dejó a la gente preparada para el tercio de muleta. Se sacó al toro doblándose por bajo hasta el centro rematando un soberbio pase de pecho. Comenzó torear en el centro del anillo con la diestra con toques suaves bien firme con la muleta tirando por bajo en tandas de derechazos que llegaron a los tendidos, así las tandas se fueron repitiendo hasta que cogió la zurda. Por naturales solamente con los toques de los flecos, llevó al toro cosido por bajo, dejándole llegar y llevándole hasta detrás de la cadera. El final de faena fue apoteósico y la estocada hasta los gavilanes hizo el público le pidiese las dos orejas al palco que concedió, premiando al toro ‘Pedrero’ de nombre y herrado con el número 16 con la vuelta al ruedo.
Tuvo Raúl Rivera en el sexto de la tarde otro toro con grandes opciones de triunfo. Lo recibió muy bien de capa y con ello atemperó la acometividad del cuajado astado de El Ventorrillo. Luego en banderillas fue todo pasión y entrega al público. Con la muleta desarrolló su tauromaquia de entrega, poderío y gusto, volcándose con el respetable y el respetable con él. Tuvo toreo bueno con la mano baja y al final tras una estocada en todo lo alto le valió para cortar otras dos orejas más concedidas por el palco presidencial.