«La vida te cambia cuando no dependes de una máquina»

I.G.Villota
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Juan Carlos García. - Foto: Yolanda Redondo

Juan Carlos fue trasplantado a los 32 años tras cuatro en diálisis. De eso hace ya 24 años. Nunca dejó de trabajar gracias a la comprensión de sus jefes. Recuerda el día que le llamaron anunciando un donante como uno de los más felices

Acaba de llegar de Valencia de viaje de trabajo cuando atiende a este periódico. Un viaje imposible si no hubiese recibido hace 24 años un trasplante de riñón, cuando tenía 32. Así lo cuenta Juan Carlos García, vecino de Azucaica, padre de dos hijos y presidente desde hace años de la Asociación para la Lucha contra las Enfermedades del Riñón (Alcer) de Toledo. Destaca la importancia de la donación, como el principio de todo, y la generosidad de aquellos que, tras perder a un familiar, deciden donar sus órganos para mantener con vida a otras personas, como él. Recibió el diagnóstico con 18 años. Tenía una enfermedad renal crónica. Fue un mazazo. «No puedes hacer tu vida como quieres», subraya.
Pasó el tiempo y entró en diálisis. Y es que, cuando los riñones están sanos, limpian al sangre y producen hormonas para mantenerla sana. Pero cuando los riñones fallan, es necesario un tratamiento para sustituir el trabajo que ellos realizaban. «Tienes que estar pegado a una máquina durante cuatro horas diarias tres días a la semana», indica, además de las limitaciones de comida y bebida.
«Cuando entras en diálisis te hacen un tipaje para saber tu grupo sanguíneo, etcétera. Y desde ese momento solo esperas tener la suerte de poder tener un trasplante», explica Juan Carlos. «Nosotros al menos tenemos la suerte de tener una máquina que nos mantiene con vida, pero hay otras personas que necesitan un trasplante de corazón o de pulmones que no tienen máquina, de ahí la importancia de la donación», destaca.
Juan Carlos pasó cuatro años en diálisis. Antes se había casado con su mujer, que era conocedora de las complicaciones que implicaba su enfermedad, y juntos habían tenido a su primera hija. «Tuve a mi hija mayor antes de entrar en diálisis y no me planteé volver a ser padre hasta recibir el trasplante porque no sabíamos lo que podía pasar. Después del trasplante tuvimos a mi hijo», recuerda.
Juan Carlos tuvo la suerte de que sus jefes le permitieron ajustar su jornada laboral al tratamiento de diálisis, aunque reconoce que no es del todo común, lo que condiciona la vida de los pacientes. «El trabajo es lo que más condiciona, aunque en mi caso mi jefe fue completamente comprensivo y estoy muy agradecido, pero también afecta a la familia o incluso a los viajes, al ocio, que no puedes hacer». «Salía muy cansado de diálisis porque te filtran los riñones y tienes malestar, pero no dejé de trabajar».
Recuerda emocionado cuando recibió la llamada avisando de que había un donante. «Estaba trabajando y me puse muy nervioso y contento, emocionado. Avisé a mi familia y nos fuimos corriendo a Madrid», rememora. Fue operado en el hospital ‘12 de Octubre’ hace 24 años, toda vez que el ‘Virgen de la Salud’ abrió la Unidad de Trasplantes en 2007.
La operación salió bien y Juan Carlos sintió que volvía a nacer. «La vida te cambia por completo porque dejas de depender de una máquina. Esa es la sensación más bonita que he tenido junto a tener a mis hijos porque puedes hacer una vida prácticamente normal tras el trasplante. Aunque tomas mucha mediación para evitar el rechazo, lo que hace que tengas las defensas muy bajas, pero normalizas tu vida y contigo la de tu familia».
«No tienes restricciones de comida y bebida siempre dentro de una lógica y de llevar una vida sana», comenta. «Todo eso gracias a una persona generosa que donó», subraya, aunque recuerda que el trasplante de riñón es un tratamiento sustitutivo renal, pero «no estás curado, sigues siendo un enfermo crónico».
Después de la operación, él y su mujer tuvieron a su segundo hijo y Juan Carlos entró en Alcer, entidad de la que es presidente desde hace año. «Me dí cuenta de que tenía que trabajar para que el máximo de gente pudiera acceder a un trasplante», cuenta.
Destaca la labor de sensibilización que hacen asociaciones como esta, así como la propia Organización Nacional de Trasplantes. «Las negativas familiares han descendido notablemente y la mayoría de ellas se debe al desconocimiento de lo que es la donación», sentencia.
Por eso desde Alcer dan charlas en centros educativos asdemás de organizar certámenes, como el de dibujo y narrativa, que lleva ya 14 ediciones y en el que participan cada año más de 3.500 alumnos de la provincia. «Hay que informar desde pequeños, porque todos podemos necesitarlo en algún momento».