Profesionales perfectamente coordinados

I.G.Villota
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Un trasplante es el resultado del esfuerzo de un equipo multidisciplinar de médicos y enfermeras y posibilita la mejora sustancial de la calidad de vida de los receptores

Profesionales perfectamente coordinados - Foto: Abel MartÁ­nez. Sescam

«Les cambia la vida». Así define el resultado de un trasplante el nefrólogo Miguel Ángel Muñoz, del hospital ‘Virgen de la Salud’ de Toledo. Los pacientes vuelven a tener una vida normalizada, recuperar su rutina laboral, normalmente lo que más les afecta, después de llevar meses, y normalmente años, pegados a la máquina de diálisis varios días a la semana.
Un trasplante es una operación, pero sobre todo el resultado del esfuerzo de un equipo multidisciplinar de médicos y enfermeras, lo que posibilita la mejora sustancial de la calidad de vida de los receptores del órgano. Y es que, los riñones trasplantados posibilitan la vida como con un riñón sano.
Para llegar a este final feliz hay que tener un principio. Normalmente el coordinador de la Unidad de Trasplantes es quien identifica a los posibles donantes, que tienen que fallecer de muerte cerebral.  
«Hay que hablar con la familia, que quizá es el momento más importante, para pedirles que autoricen la donación y una vez que recibimos el sí, empieza la estrategia de extracción de los órganos», comenta el coordinador de la Unidad en Toledo, José María Díaz Borrego.
Desde que el paciente fallece, hay un tiempo finito para la extracción, explica el urólogo Antonio Gómez, quien detalla que su equipo solo se encarga de los riñones. Si el donante es multiorgánico, lo que ocurre con ocho de cada diez pacientes, las extirpaciones del resto de órganos las realiza el equipo médico del hospital de España donde se hará el trasplante en cuestión.
Después, una vez comprobado que el órgano está sano y puede servir a un receptor, el protocolo marca el envío de muestras al hospital ‘12 de Octubre’ de Madrid, para realizar las comprobaciones inmunológicas, es decir, que todo está OK, y posteriormente se efectúa el injerto, tarea también de los urólogos. Esta operación también es contrarreloj, siempre antes de las 24 horas desde su extracción al donante. Por eso, en cuanto se detecta uno, la maquinaria del hospital trabaja con rapidez para buscar también al receptor.
En Toledo no solo se hacen injertos renales con riñones extirpados en el propio hospital, sino que también llegan de Talavera o Ciudad Real, donde no hay unidad de trasplantes.
La elección del receptor depende del equipo de Nefrología, atendiendo a los criterios de grupo sanguíneo, edad, compatibilidad y urgencia. «Si no hay nadie, los riñones no se tiran, se ofertan a la Organización Nacional de Trasplantes y los manda a otro sitio. Albacete es el otro centro de referencia en la comunidad», indica el urólogo, quien añade que este escenario «no es común porque hay muchos pacientes en diálisis y a la espera».