María Ángeles Santos, in memoriam

Carmen S. Jara
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«Amiga del alma, fue mi primera y más querida maestra en este oficio, que amó tantísimo»

María Ángeles Santos, in memoriam

La conocí aporreando la máquina de escribir a velocidad supersónica en la redacción de La Voz del Tajo. Yo, becaria recién salida de la Facultad de Ciencias de la Información, y ella ya redactora jefe, a pesar de su juventud, y capaz de tener en su mano todas las fuentes. Tardé días en darme cuenta de que escribía solo con dos dedos y mucho tiempo más en saber que lo hacía mucho más deprisa de lo que yo, con todos los dedos de ambas manos, iba a ser capaz de hacerlo nunca. Porque María Ángeles Santos escribía de forma totalmente natural, con la escuela del periodismo y todo su bagaje de lectora empedernida.   
Durante años, primero en La Voz y luego en Diario 16, fuimos en tándem, de forma que en época aún muy reciente nos seguíamos encontrando con gente que nunca dejó de asociarnos.
Amiga del alma, fue mi primera y más querida maestra en este oficio del periodismo, que amó tantísimo.  Durante una larga amistad que nos sobrevivirá a ambas compartimos ese amor, cafés, charlas, viajes. Fue, en efecto, una viajera incansable, con la que compartí destinos y descubrimientos. Pensando ahora en su ausencia, la recuerdo en Damasco, en Samarcanda, en el Ganges... Y sobre todo en La Habana, con una risa franca de las que ensanchan el alma que será para siempre el recuerdo más vívido.
Entre sus grandes debilidades estuvo también la poesía y no puedo dejar de citar el verso de Antonio Machado. «En el buen sentido de la palabra, bueno». Porque María Ángeles lo ha sido en toda la extensión de la palabra bondad. Desde un corazón enorme amó a su ciudad de adopción tanto o más que a su tierra, Infantes, un origen que lució siempre con orgullo.
En torno suyo creó una gran familia propia que iba más allá de los lazos de sangre. Querida María Ángeles, desde la orfandad, hoy tu familia te siente más cerca y más dentro que nunca, aunque tenga que recitar para los adentros a uno de tus poetas, Miguel Hernández:
«No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida»