En recuperación física y mental

J. Monroy
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La joven Ana María se siente orgullosa de haberse vuelto hace un año a salvar a sus ocho mascotas, a pesar de las quemaduras sufridas en el brazo y los miedos que todavía la abordan

En recuperación física y metal - Foto: David Pérez

Mirando lo ocurrido un año atrás, Ana María García se muestra convencida de que volvería hacer lo que hizo; volvería a arriesgar su integridad física por salvar a sus mascotas de lo que podría haber sido una muerte segura calcinadas. «Las volvería a sacar sin duda, sin pensarlo», afirma. Todo ello, a pesar de las secuelas físicas, que quizás la acompañen ya toda la vida y unas secuelas psicológicas de las que se va recuperando.
El día del incendio, Ana María no salió huyendo, sino que se volvió a casa a recoger a sus cuatro perros y cuatro gatos, Yurka, Nala, Árbol, Bruja, Kiara, Pepi, Montaña y Bagira. Al tratar de salvar a sus mascotas, cayó al suelo, se desvaneció unos instantes hasta que la ayudó un vecino, y en ese tiempo se quemó en parte el brazo.
El problema es que ella todavía tiene lo ocurrido en la cabeza, y cuando ve un día nublado y con viento se pone nerviosa. Recuerda que aquel día pensó que estaba nublado y en realidad lo que había era humo. Se tiene que asomar y comprobar que está todo bien, que no hay fuego. Todavía tiene todo en la cabeza. Hay veces que Ana María no se puede acercar a las barbacoas (se imagina una llama alta yendo por ella, como le ocurrió) o se agobia al ver un mechero encendido a su lado, «pero pienso que con el tiempo se irá quitando».
Todavía con la piel quemada. No obstante, pudo volver a trabajar a los pocos días y poco a poco trata también de recuperar la piel dañada. Cierto es que todavía tiene la marca y tiene que tener mucho cuidado con el sol y estar pendiente de ponerse crema varias veces al día «porque todavía está delicado». Los médicos le han dicho que todavía se podrá difuminar algo más la quemadura, pero que posiblemente ya se quedará así.
Las mascotas, apunta, ellas sí están bien. Mientras tanto, los amigos cercanos le han reconocido lo que hizo, aunque para algunos «estoy un poco loca». Pero Ana María advierte que «al final ellos son mi familia».
También el entorno, observa Ana María, se está recuperando también. Cierto es que hay árboles quemados y que la vegetación no es la misma, «pero se va recuperando bastante bien». Eso sí, pasado todo esto ya, es cierto que en el barrio están todos pendientes del desbroce y quieren colaborar para que no vuelva a ocurrir lo que aquel 28 de junio.