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La quinta de Santa Teresa

Javier Guayerbas
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Tras los muros del convento de San José las Madres Carmelitas Descalzas conservan objetos de uso cotidiano de Santa Teresa, hoy reliquias. La quinta fundación de la Santaabre esta semana para conmemorar el V Centenario de su nacimiento.

En la imagen, objetos y reliquias de Santa Teresa, como el tambor que tocaba en Navidad o el niño apodado 'el lloroncito'. - Foto: David Pérez

Toledo fue el escritorio de Santa Teresa. En la ciudad a la que legó su quinta fundación escribió una primera redacción del Libro de la Vida  o Las Moradas y una primera parte de Las Fundaciones, además de 122 cartas. Algunas de estas misivas se conservan en la clausura de las Madres Carmelitas, pero no solo son cartas o la corrección a mano del libro Camino de Perfección los objetos que se guardan en el convento de San José. Un hábito, la sábana sobre la que expiró en Alba de Tormes en octubre de 1582, un tambor y una pandereta, así como dos cuadros alusivos a la Pasión que compró en un mercado callejero de la ciudad, son algunas de las piezas que se veneran como reliquias en este convento palaciego de la calle Real, junto a la Puerta del Cambrón.

Sentadas en el locutorio del convento, las madres Rosa y Helena son una fuente de conocimiento en torno a la Santa y su relación con Toledo. Datos que se han transmitido por tradición oral y que quieren compartir con La Tribuna. Sus palabras van acompañadas de esos objetos que jamás se han visto en público, de los que se oye hablar y que en su día Balbina Martínez Caviró publicó en ‘Conventos de Toledo’.

Lo primero con lo que sorprenden las Madres Carmelitas es con un instrumento musical que la Santa de Ávila tocaba cada Navidad para marcar el ritmo de los villancicos. Un tambor con sus palillos, así como una pandereta, son dos de las piezas que mayor curiosidad despiertan en las Madres Carmelitas, que hilan historia y leyenda en una conversación que continua con la visita al templo conventual.

El templo conventual conserva lienzos de Antonio de Pereda.El templo conventual conserva lienzos de Antonio de Pereda. - Foto: David Pérez

Las Madres Carmelitas han trasladado de la clausura a la iglesia varias reliquias para compartir con este diario el sentimiento teresiano que llegó a Toledo en 1569 con la quinta fundación. Sobre una mesa disponen un relicario de orfebrería sobredorado y plata en el que se venera una muela de Santa Teresa. Este relicario, como explicaba la madre Rosa, es el mismo que dan a besar cada 15 de octubre, festividad de la Santa andariega, después de la celebración litúrgica que esta tarde presidirá el arzobispo, Braulio Rodríguez Plaza.

En un marco-relicario la comunidad conserva una de las cartas con la rúbrica de la Santa. Su inconfundible caligrafía y nombre ‘Teresa de Jesús’ conmueve a las madres que llevan meses organizando el programa de actos del V Centenario. En otro marco, más sencillo, muestran también el documento por el que adquieren el palacio de Fernando de la Cerda en 1607, convento que habitan en la actualidad y que Santa Teresa no conoció, pero sí la beata María de Jesús, conocida como ‘el letradillo’ de la Santa, cuyo cuerpo incorrupto se presenta a los fieles bajo la reja del coro.

Más reliquias y de gran valor es la imagen de un niño Jesús que la santa trajo a Toledo. Las Madres Carmelitas le apodan ‘el lloroncito’ y es que como cuentan, cuando la Santa de Ávila se marchaba de la ciudad para atender y visitar sus fundaciones, esta imagen de no más de 20 centímetros tallada en madera y policromada que presenta en su mano izquierda la bola del mundo y con la derecha bendice, «lloraba y hacía pucheritos, mirar la carita el gesto que tiene», explicaba la madre Helena para comentar que en la comunidad existe otro niño, ‘el parlerito’, que perteneció a la beata María de Jesús.

Ambas imágenes gozan de tener un ajuar con numerosas túnicas bordadas, con brocados y damascos de seda de los siglos XVII-XVIII, junto a complementos de pequeña orfebrería, como potencias, zapatos, sonajeros y otras piezas habituales en la dote de las religiosas.

Un templo pinacoteca. En la iglesia la primera mirada se fija en el retablo y el lienzo ‘San Agustín y Santa Teresa’ firmado y fechado en 1640 por Antonio de Pereda y Salgado, pintor barroco español formado en el naturalismo tenebrista y el color veneciano cuya producción se centró en la temática religiosa.

Una imagen de Santa Teresa de Jesús y otra de San Juan de la Cruz, tallas en madera policromada y estofada, sobre sendas ménsulas, flanquean el lienzo del retablo central en cuyo ático aparece un Calvario -Jesús crucificado, la Virgen María en actitud dolorosa y San Juan- tallado en madera y enmarcado junto a dos lienzos de santos carmelitas.

Las pinturas que se conservan en la iglesia gozan de gran calidad. En los retablos colaterales sobresale la pintura de Jesús Nazareno ayudado por el cirineo. Este lienzo se encuentra en la nave del Evangelio, en un retablo que también enmarca la pintura de San Pedro, pinceladas atribuidas a Antonio de Pereda y Salgado.

En la nave de la epístola el retablo está dedicado a San José con el niño dormido en su regazo y los últiles de carpintería por el suelo. En el ático se encuentra de medio cuerpo San Pablo, obra de Pereda, no así el San José, firmado con las letras AP, entrelazadas, y FT, que corresponden a Antonio Palomino (1655-1726), autor, por ejemplo, de las pinturas del retablo de la Catedral de Córdoba o del fresco en la cúpula del Sagrario del Monasterio de Nuestra Señora de la Asunción o la Cartuja de Granada.

La pinacoteca conventual es amplia y rica. Dos lienzos del siglo XVII dedicados a Santa Teresa completan la colección de pinturas.

A la izquierda, según se accede al templo, aparece ‘La Transverberación’ atribuido a Pereda. En la actualidad esta obra no se encuentra en el convento toledano, ya que formará parte de la exposición extraordinaria que ‘Las edades del hombre’ dedicará a la Santa en dos sedes: Ávila y Alba de Tormes.

Esta institución se ha hecho cargo, como indicaban las madres, de restaurar el lienzo que volverá a ocupar su espacio original a finales de 2015.

En la pintura de la nave derecha aparece la Santa en actitud orante con la mirada dirigida a la Sagrada Familia, mientras el niño le entrega una cruz de pedrería. Sobre una mesa figuran tres libros de la Santa: su vida, Camino de perfección y Las Moradas. Esta representación es similar a la que el impresor Gregorio Rodríguez empleó para ilustrar  ‘Auisos espirituales de Santa Theresa de Iesus’ en 1647, tomando un grabado de Juan de Noort, natural de los Países Bajos.

En el lienzo aparece también el nombre del donante ‘fray Martín Martínez...’ aunque el marco dificulta la lectura de la inscripción que incluye dos escudos laterales: el de la orden del Carmelo y el del donante.

Mención especial para la cerámica que se conserva en los altares del templo. La capilla del lado del Evangelio se conoce en la Comunidad como la del Carmen por la imagen de bulto redondo que preside este retablo barroco. La Virgen del Carmen se atribuye al escultor del siglo XVIII Germán López, según Juan Nicolau. Azulejos de arista del XVI decoran el zócalo y la solería de esta capilla desde la que se accede a la cripta y en la que existe una lápida de mármol blanco con marco barroco de mármol gris oscuro veteado, propiedad de Francisco Letton, portugués que sirvió a Felipe III y a Felipe IV.

La iglesia conventual podrá visitarse hasta el domingo en horario de mañana y tarde como uno de los actos de apertura del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, así como todos los domingos antes y después de la celebración de la eucaristía.

La celda de la Santa. En todos los conventos de Madres Carmelitas existe la celda de Santa Teresa -original o recreación como es el caso de Toledo- que recuerda a la Santa fundadora. La celda del convento carmelita toledano, en la clausura, está presidida por una imagen de vestir de la Santa de Ávila que el próximo 26 de octubre saldrá en procesión hasta la Catedral. Un hecho histórico ya que jamás ha procesionado desde su hechura en el XVIII.

La Santa Madre aparece ataviada con el hábito de la orden, sentada y escribiendo. En la mesa las madres conservan el sello con el que la Santa lacraba sus cartas y que menciona en uno de sus manuscritos dirigido a su hermano Lorenzo, en el que escribe que le envía su «Jesús» (sella con el hierro que lleva inciso el monograma del nombre de Jesús, IHS), porque ya está cansada de sellar con «esta muerte», otro sello con la calavera y las tibias.

La imagen se venera en un dosel barroco que Nicolau atribuye a Germán López. Las Madres Carmelitas -la Comunidad está formada por 11 religiosas con edades comprendidas entre los 35 y 90 años- rezan ante la Santa todos los días mañana y noche besándole el escapulario en un acto íntimo que realizan de manera individual.