Un paseo virtual por el Yepes de Calderón

J.M. Loeches
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La localidad toledana celebró sus Jornadas Calderonianas 'online' con dos rutas, los Palacios y la Picota, en las que los personajes más importantes del siglo XVII presentaron sus episodios más relevantes a través de los lugares más icónicos

Yepes no se ha quedado sin sus Jornadas Calderonianas. Sus vecinos y visitantes no han podido presenciar ‘in situ’ las rutas dramatizadas habituales, pero sí que se han sumergido en un paseo ‘online’ por ese Yepes del siglo XVII, ese Yepes de Calderón de la Barca. Con texto y dramaturgia original de Yolanda Mancebo, los rincones icónicos del municipio han entrado en las casas y los personajes más relevantes de la época han contado sus peripecias y cómo era la vida de la villa entonces.
Dos rutas diferenciadas, la de los Palacios y la de la Picota, con un final confluyente en la plaza Mayor, donde en 1637 se representó el ‘Mágico Prodigioso’, auto sacramental encargado a Pedro Calderón de la Barca para celebrar un Corpus Christi pomposo. Ahí se gestó esta celebración, desde el año 2000, que con esta representación virtual ha pisado la siguiente piedra hacia la declaración de Interés Turístico Nacional.
Antes de arrancar la Ruta de los Palacios, en el arco del Carmen, unas damas cuentan las escapadas del rey Felipe IV a Yepes para beber su vino y verse con cortesanas. Al lado, en el convento de las Carmelitas, Fray Diego de Yepes recuerda las intenciones de su sobrina, Catalia del Castillo. Se van sucediendo episodios del siglo de Oro yepero, como el anuncio de la llegada de la Santa Reliquia, hasta llegar al corral de comedias. Se desconoce su lugar original, pero eso no es óbice para escuchar el monólogo de Laurencia en Fuenteovejuna, de Lope de Vega, aderezado con música.
Un paseo virtual por el Yepes de CalderónUn paseo virtual por el Yepes de CalderónFue el preludio de la Fiesta del Corregidor, con otro yepero para la historia, Gaspar de Bonifaz, Caballero de la Orden de Santiago, dudoso poeta y autor de las primeras reglas de torear. Tampoco se escapa del viaje María de Robles Parra, fundadora del hospital de la Concepción, uno de los que había en la localidad en la época. Y ya en el interior del templo, recibieron a los espectadores Alonso de Covarrubias, arquitecto de la colegiata, y Luis Tristán, discípulo de El Greco y autor de una colección importante de obras que llevan más de 400 años en el retablo.
El segundo plato, que también se pudo ver a vista de pájaro con las imágenes de un dron, partió desde la Picota, lugar donde los presos exhibían sus condenas y donde se tomó nota de la historia de Eleno de Céspedes, la primera mujer cirujano y transexual de España. Vivió en Yepes y se casó con una yepera, María del Caño, que estaba profundamente enamorada a pesar de la culpa provocada por las presiones de la época. En el entorno de la Puerta de la Villa, en el mercado se expuso la riqueza de una localidad con agua de sus fuentes, verduras de las huertas de su valle y acero y cerámica de sus hornos. Al mejor postor, había que vender como fuera: buhoneras, jaboneras, aguadoras, bulderos, sangradores y hasta una morisca empeñada en no salir de España a pesar de la decisión de Felipe III.
Quien volvió a sus orígenes para acudir a la boda de un indiano fue Diego Ufano Velasco, el Castellano de Amberes, ingeniero y militar de la Artillería de Flandes. Y es que, era habitual que los yeperos se marchasen a hacer las Américas y, con el baúl lleno, regresaran para buscar pareja. Y montar una fiesta, claro, pero ¿qué pasa si la candidata proviene de las Indias? La tradición del pelele tampoco faltó a esta edición de las Calderonianas. Imposible no tararear ese cántico que ha pasado de generación en generación cuando el Domingo de Resurrección se mantean los muñecos de trapo y los chiquillos intentar arrebatarlos. ¡Fuer,a burro, que aquí no se vende paja!
Un paseo virtual por el Yepes de CalderónUn paseo virtual por el Yepes de CalderónNo se podía detener el vídeo sin ver la traca final. Por un lado, la hermosa historia del robo de la custodia a manos de los sarracenos, con el humor de unas ancianas apostadas en la puerta de una cueva recordando esa trama que se quedó para siempre en el escudo del pueblo. Como leones. Así la defendieron los yeperos en aquel Corpus Christi de 1390. Qué viernes más triste al día siguiente. Y, por otro, la imponente tarasca, esta vez aparcada por la pandemia del coronavirus. Pero el demonio no descansó y recitó su loa. La del Mágico Prodigioso. La que anuncia que esta fiesta regresará pronto a las calles.


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