Bankia ha llevado la compra a domicilio a los mayores

Javier D. Bazaga
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La tecnología ha sido indispensable, pero no ha conseguido sustituir a la necesidad de cercanía de colectivos, a los que entidades como Bankia han ayudado con atención domiciliaria

Bankia ha llevado la compra a domicilio a los mayores - Foto: Miguel Ángel Valdivielso

En un momento en el que la digitalización ha sido clave para el mantenimiento de la comunicación y el trabajo, ha habido otro aspecto que no ha podido sustituirse por ordenadores. Es el contacto. Miles de personas mayores se han visto aisladas en soledad con este confinamiento. Pero sus necesidades no se han paralizado, como tampoco las nuestras. Han necesitado seguir comiendo, han necesitado seguir tomando sus medicinas y han seguido necesitando una conversación o una llamada de consuelo en momentos muy duros. Pero este colectivo se encontraba en muchas ocasiones sin posibilidad de valerse por sí mismas. Y con miedo a salir de sus casas por la alta tasa de mortalidad del virus.
Han sido muchas las iniciativas solidarias y de ayuda para un colectivo cuya vulnerabilidad ha quedado patente con esta crisis. Pero no tantas desde entidades financieras. En Bankia se pusieron manos a la obra para impulsar la iniciativa ‘A tu lado’, con la que seguir atendiendo estas necesidades de nuestros mayores con un programa de asistencia que abarcaba tres líneas de trabajo: asistencia telefónica y de apoyo psicológico; la compra de medicinas en las farmacias; y la compra de alimentos para llevárselos a domicilio. Un soporte vital para ellos. «No queríamos que pareciera que estábamos cerca, queríamos estarlo de verdad» asegura Laura Yamaguchi, directora de Marketing de Particulares de la entidad, que ha comprobado cómo para muchos de los usuarios de este servicio ha sido «un desahogo» porque «trabajamos de personas a personas».
El banco puso en marcha una campaña de información por distintos canales para llegar a todos esos pensionistas, y que suponían nada menos que un millón de clientes de más de 65 años. Al final han conseguido llegar a casi 13.000 personas en todo el país. Personas como Fidel Martín y Antonia Segurado, un matrimonio de Alovera, en Guadalajara, de 81 y 77 años respectivamente, a los que este servicio les ha permitido continuar con su vida en plena pandemia. También con su medicación. Ella tiene cáncer y apenas puede hacer las tareas del hogar. Su marido Fidel es quien ha estado cuidando de ella y este servicio les ha facilitado mucho las cosas. A ellos les informó una de las agentes de la entidad convencida de que el servicio estaba prácticamente hecho para ellos.
La Fundación Alares se ha encargado de realizar estas tareas. Se han ocupado de llamar primero, preocuparse de sus necesidades y horarios para poder hacer las visitas, comprobar la lista de la compra, hacerla, y finalmente acercársela. Y todo para que no tuvieran que salir de casa. «Para que no se pusieran ellos en riesgo», agrega Yamaguchi. El resultado es que «estoy muy contenta» asegura Antonia, feliz porque «ya es hora de que hagan algo por nosotros». Reconoce que ha sido una ayuda inestimable para ellos y se muestra «muy agradecida con los que se preocupan por las personas mayores que no podemos salir de casa».
Pedro Sixto Ruiz es una de esas personas que ha estado al otro lado de la puerta, llamando para preguntar qué día les venía mejor ir a por la compra, y revisando la lista para asegurarse de que entendía todo lo que estaba escrito antes de ir a por ella. Pedro es voluntario en Manzanares, Ciudad Real, ya había colaborado con Alares y cuando le llamaron para esta iniciativa no lo dudó. «Todo lo que sea solidarizarse con las personas mayores y echar una mano es bienvenido» por lo que se puso a disposición de la Fundación en los horarios que le permitía su trabajo. Él ha llevado la compra a varias personas mayores en Manzanares y asegura que «una vez que haces el servicio y ves a la persona mayor con esa sonrisa y esa gratitud te dan ganas de hacerlo diez veces más». El programa ‘A tu lado’ de Bankia se puso en marcha a principios de abril y, tras estos dos meses, Pedro se lleva toda una experiencia y se queda con el “haber conocido a personas que te han tratado como si te conociesen de toda la vida después de esto”. Personas que «te lo agradecen una y mil veces» y se han mostrado apenadas porque el servicio se acaba este 7 de junio, por lo que Pedro, a sus 35 años, se ha ofrecido a mantenerlo por su cuenta.
Para Laura Yamaguchi ha sido también una satisfacción poder «haber sido parte de la solución a esta crisis» en un ámbito quizá pequeño pero fundamental emocionalmente, y grande en gratitud. Pero si algo deja claro la responsable de la entidad es que «tenemos que hacer más» porque se trata, en su opinión, de «devolver a la sociedad lo que la sociedad nos ha dado a nosotros».