Hermosa y efímera noche toledana

Á. de la Paz
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Una multitud pasea el recorrido del Corpus horas antes de la procesión. Las calles engalanadas reciben a vecinos y turistas en la tradicional víspera de la fiesta mayor

Hermosa y efímera noche toledana - Foto: Víctor Ballesteros

Caía la noche, que era la penúltima de la primavera, y las calles del Casco histórico empezaban a llenarse de gente. Los toldos y las guirnaldas suspendidas marcan un recorrido atestado. Son muchos los que vienen cada año y otros tantos debutan en el paseo de un decorado efímero que apenas durará unas horas. Vecinos y turistas confluyen en un acontecimiento no programado pero que concita un interés masivo. Las luces, las flores y los olores protagonizan la noche más bonita del año, la de la víspera del Corpus Christi.
Las plazas de Zocodover y el Ayuntamiento son los epicentros de la fiesta. Los tapices revisten la catedral primada en las calles Arco de Palacio y Cardenal Cisneros. Estas piezas únicas, de más de 300 años de antigüedad, forman parte de ese arte que se exhibe al aire libre solo en la víspera de la fiesta mayor de la ciudad. Zocodover recibe a gran parte de los llegados. El acceso a la ciudad por el remonte de Safont es la vía de entrada escogida por muchos. Los móviles disparan su flash y guardan la belleza de muchos rincones de Alfileritos, Alfonso VI y calle Comercio.
Es una fiesta diferente. La singularidad del Casco histórico y el aporte de las expresiones artísticas creadas expresamente para el Corpus hacen de esas pocas horas en las que se exponen todas un periodo tan fugaz como hermoso. Tal es el reclamo que lleva a miles por las calles estrechas del corazón de Toledo cada miércoles de víspera. Durante ese ratito, la ciudad es aún más especial. Expresiones artísticas diferentes salen al encuentro del paseante.
El Corpus es la esencia de Toledo, una de las muestras más perfectas del cuidado por el legado y el patrimonio que se ha transmitido de generación en generación. La fiesta se ha mantenido durante siglos y, lejos de menguar, rebrota cada año. El propio paseo ejemplifica esa mezcla creciente de participación, devoción y admiración por un universo que es pretérito pero se sigue renovando respecto a los años anteriores.
Hay expresiones de admiración en muchos de los que lo ven. Los que debutan en esta noche toledana quedan maravillados por el marco original en que se desarrolla tan singular paseo. El olor a tomillo, la luz de las decenas de faroles, las flores que cuelgan y las que acompañarán el cortejo a ambos lados de las calles dotan al Corpus de una identidad popular que trasciende el hecho religioso, la procesión de Jesús Sacramentado. 
Pertiguero, gigantones y tarasca prologan el paseo informal. A medianoche, un castillo de fuegos artificiales irrumpe desde el patio del Alcázar de Toledo, uno de los techos de la ciudad patrimonio. Ya es uno de los tres jueves que reluce.