Íntima Caridad

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El Cristo gótico de la Misericordia, la más antigua de las imágenes portadas durante la Semana Santa toledana, partió de Santa Justa en dirección al Pradito de la Caridad. Presidió la procesión la alcaldesa de Toledo, Milagros Tolón

Íntima Caridad

 

Si algo caracteriza al Cristo de la Misericordia, imagen titular de la procesión de la Santa Caridad, es su venerable antigüedad gótica. Se trata del Crucificado más antiguo de cuantos toman parte en la Semana Santa toledana y también es muy vieja su hermandad, aunque su protagonismo entre las procesiones pascuales es bastante reciente. Como todos los años, salió de la parroquia de Santa Justa y Rufina poco antes de las 23,00 horas. Avanzó en dirección a Zocodover y desde allí se adentró en el antiguo Pradito de la Caridad, escenario de su antiguo pasado medieval. La procesión, presidida por la alcaldesa de Toledo, Milagros Tolón -y también por el párroco de Santa Justa, José Antonio Martínez, vicario judicial de la Archidiócesis-, fue bien recibida a la salida del templo y posteriormente respaldada por quienes la tienen entre las procesiones más sobrias y genuinamente castellanas de la ciudad. No en vano, su único acompañamiento fue el tambor destemplado que abrió paso a sus paradas desde Santa Justa hasta el lugar en donde estuvo antiguamente el convento del Carmen, y desde allí hasta una sede canónica que -como Notre-Dame de París- también sabe de incendios, ya que ardió y sufrió importante modificaciones durante los siglos XVI y XVII. Los participantes en esta procesión tuvieron ocasión de comentar, todavía con el corazón encogido, el grave suceso ocasionado en París, muy difícil de medir si se produjera en Toledo. El Cristo de la Misericordia, de hecho, posee una antigüedad pareja a la de Notre-Dame (finales del siglo XIII o comienzos del XIV) y, para las dimensiones de Toledo, un carácter no menos simbólico.

De vuelta a Zocodover, el Cristo de la Caridad no se encontró por segundo año consecutivo con el Cristo de los Ángeles.
Según la tradición, la Hermandad de la Santa Caridad fue creada por el rey Alfonso VI tras la reconquista de Toledo. El arzobispo Bernardo de Agén le otorgó en esa fecha como distintivo la cruz desgajada de un árbol verde, enseña que aparece sobre fondo blanco en el pendón procesional. No es de extrañar así que los servidores de esta cofradía fueran conocidos popularmente como Verderones.
Eran los últimos años del siglo XI y la ciudad capitulaba tras un largo asedio. El cometido de la Santa Caridad era entonces el de sepultar a los difuntos, especialmente a quienes habían muerto víctimas de la guerra, a consecuencia de epidemias e incluso ahogados en el río.
Acorde con el nombre de esta Cofradía (su lema es ‘Deus Caritas Est’), la tarea de sus hermanos está relacionada en la actualidad con la asistencia a los enfermos y ancianos. Esta centenaria labor ha sido reconocida con el privilegio de permitir a los miembros de la Santa Caridad avanzar junto a la Custodia del Santísimo en la procesión del Corpus Christi, un honor del que no disfruta ninguna otra cofradía.