«El éxito es la conexión con el espectador»

C.M.
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La actriz Nuria Espert llega esta tarde al Teatro de Rojas con 'Romancero Gitano'. «Lorca ha sido un puntal de mi carrera profesional, me ha acompañado por todo el mundo, él abre todas las puertas, no tiene ninguna dificultad»

«El éxito es la conexión con el espectador"

En cualquier lengua, en cualquier país, con Lorca es facilísimo, es él quien lo hace con las palabras, con sus ritmos, con la belleza y profundidad de toda su obra». Nuria Espert ha ‘vuelto’ -nunca se ha ido- al pensamiento del poeta granadino de la mano, y este es el segundo reencuentro, de Lluís Pasqual. Lo hace con un montaje nacido a partir de ‘Romancero gitano’, un poemario que esta tarde (a las 20,00 horas) podrá ser escuchado en el Teatro de Rojas. La ocasión se torna imprescindible porque la escritura de Lorca cobra vida en la voz y la presencia escénica de Nuria Espert. 
¿Cómo nació este ‘Romancero gitano’ creado a dúo?
La base es el ‘Romancero gitano’, pero está acompañado de los comentarios que Federico García Lorca realizaba cuando presentaba el Romancero a sus amigos, cuando comenzaba su carrera. Esos comentarios son, a veces jocosos, a veces terribles, y bellísimos. Los hacía para poner en situación a su público, y así los usamos nosotros (con Lluís Pasqual) también.
Además hay una participación mía directa, como Nuria, hablando de mis contactos primeros siendo una niña con la obra de Federico. Todo eso compone algo muy personal, muy bello y hermoso como no podría ser de otra manera con los textos de Federico.
Así que se trata de una composición muy personal.
Sí, este espectáculo compone una hora de poesía, de reflexión. Y es que es tan variado, cada uno de los poemas parece como el argumento de una de sus obras. Quiero decir, no me extrañaría que de ‘Thamar y Amnón’, por ejemplo, él hiciera una obra como ‘Bodas de Sangre’ o como ‘Yerma’. Los personajes del poema están ahí vivos, y creo que eso es lo le da tanta teatralidad al acto, lo que produce mucha emoción. 
¿Cómo siente ahora a Lorca? ¿Ha cambiado mucho su percepción? 
Sí, claro que sí. Lorca ha sido un puntal de mi carrera profesional, me ha acompañado por todo el mundo, él abre todas las puertas, no tiene ninguna dificultad con las lenguas extranjeras. Estuvimos en Tokio, en Nueva York, en Moscú, y en todos esos lugares consigue, a través de las traducciones -de las que todos desconfiamos en principio-, las emociones, la sonrisa, el acercamiento. En cualquier lengua, en cualquier país, con Lorca es facilísimo, es él quien lo hace con las palabras, con sus ritmos, con la belleza y profundidad de toda su obra.
Son buenos tiempos para la poesía y la reflexión. Quizá especialmente adecuados, ¿lo cree así?
Sí, muy adecuados para la reflexión, no sólo para la poesía, para la cultura, para la política, sí. Tiempos muy necesarios para la reflexión.
¿Se siente esta necesidad de pulsión desde la escena?
Y se siente también en la artista que está encima del escenario tratando de comunicarse con la gente. Somos una única cosa, actriz y público, y el que nos mantiene juntos es Lorca y sus palabras, sus sentimientos. Sentimientos que aparecen aquí muy al descubierto. 
‘Regresa’ al pensamiento de Lorca y al quehacer de Lluís Pasqual.  
Ha sido como un regalo, Lluís Pasqual es un conocedor de Lorca intelectualmente, incluso más que yo. Él se acerca al Lorca metafísico y yo me acerco más al Lorca dramático, incluso realista. Así que juntarnos es realmente un plato lorquiano muy bien servido.
¿Cómo es la respuesta de quien recibe este plato lorquiano?
La recepción es maravillosa, estamos haciendo esta bellísima gira y la satisfacción es profunda cuando el espectáculo termina y vemos a la gente conmovida, emocionada, diciendo gracias, gracias, gracias; cuando soy yo la que tengo que decir gracias, gracias, gracias. Porque ha habido una hora de comunicación total, eso es eso que consideramos el éxito. 
El éxito se puede medir en buenas críticas, en muchos aplausos, en teatros abarrotados, pero el éxito de algo como lo que estamos haciendo es la conexión con la gente. Es irle llevando de un poema a otro, ir subiendo por una escalera que lo va conduciendo a un climax.
¿Cómo entra al teatro y cómo sale tras vivir en Lorca?
Mi amigo Terenci Moix, el gran escritor que poseía un humor tremendo, me decía que a veces yo me disfrazaba de señora de hacer faenas. Y así es como llego al teatro, con la cara lavada, el pelo recogido y unas gafas negras digamos que para disimularme. Y la que sale es una persona que en una hora se ha vaciado completamente.
Si la función ha llegado a sus máximos soy una persona muy satisfecha de mí misma y la gente que me espera me produce mucho placer. Detesto que me pidan fotos con el móvil, me pone de muy mal humor y en general no los acepto fuera de ese momento en que la gente se ha esperado para apretarme la mano, para ver sus ojos llenos de lágrimas o sus bocas sonrientes. Ellos me han dado mucho, pero yo los he dado todo. 
¿Continúa pesando la responsabilidad de vestir un texto como este?.
La verdad es que la palabra responsabilidad fue metiéndose en mi carrera sin que yo me diera cuenta. Comencé en el teatro con 13 años y era una persona que no sabía nada, que se fijaba mucho y trataba de aprender. Después, a partir de los 24 años cuando formé nuestra compañía con mi marido Armando, todo empezó a precipitarse. Dependíamos absolutamente de que el público viniera o no, nuestra supervivencia no estaba garantizada para nada, así que empezaron los temores, las tensiones..., y eso ha sido mi vida hasta hoy. 
Tratar de ser verdadera, una verdad teatral, una verdad espiritual que no es la verdad de las noticias de la televisión. Es la verdad que un poeta puede lograr transmitir muchas decenas de años después de haber desaparecido. Esa sería la responsabilidad, estar a la altura de mis textos.
Habla de verdad teatral y espiritual, pero alcanzar ese estado no es sencillo.
No, y es muy difícil hacer que aparezca en cada una de las representaciones como si fuera un sentimiento que se estrena ese día.
Y la última, ¿qué quiere ser de mayor Nuria Espert?
Hay una frase maravillosa de María Dolores Pradera, que era la persona con el humor más puro y fino que yo he conocido nunca, en la que le preguntaron cómo veía su futuro. Tenía mi edad, fue poco tiempo antes de desaparecer para siempre, y ella dijo ¡pero yo ya estoy en mi futuro, yo ya estoy viviendo mi futuro! Pues te contesto un poco lo mismo, tomando las palabras de mi querida amiga. Soy mayor, después de trabajar mucho para conseguirlo ya he llegado, finalmente, a ser mayor. Así que ese es el futuro.