«Impacta mucho la velocidad a la que el virus desatura»

F. Rodríguez
-

Jesús Garrido trabaja en el puesto de UVI móvil de Quintanar y no duda en recordar «a la gente que está como si el virus no fuera con ellos» la gravedad e impacto de la pandemia

«Impacta mucho la velocidad a la que el virus desatura»

Jesús Garrido lleva 22 trabajando en Ambulancias Finisterre, 17 de ellos en el puesto de UVI móvil de Quintanar de la Orden como técnico en emergencias sanitarias. Su función es, además de trasladar al paciente al hospital, prestar atención básica sanitaria o psicológica antes del ingreso hospitalario. El hecho de llevar una UVI móvil agrava aún más los casos que este toledano tiene que atender todos los días. Un trabajo ya de por sí duro que desde el comienzo de la pandemia de coronavirus se ha convertido en algo «desolador».
Es la expresión que le viene a la cabeza a Jesús cuando echa la vista atrás después de estos dos meses. Reconoce que los primeros días fueron «un auténtico caos», pero admite en defensa de todos que «nadie se esperaba esto. Nadie calculaba las dimensiones de este desastre».
Jesús Garrido sabe muy bien de lo que habla. Ha sido, y aún lo es, uno de los primeros en comenzar a atender a los enfermos de covid-19 más graves. Recuerda esos primeros momentos de tener que entrar en los domicilios en busca de los pacientes, sin protección ninguna, accediendo a entornos totalmente contaminados por el virus. La profesionalidad y la fortuna, quizás a partes iguales, ha salvado a él y a muchos de sus compañeros de quedar contagiados, ya que en esos momentos iniciales no contaban ni con el equipo ni con la formación necesaria para hacer frente al coronavirus.
«Impacta mucho la velocidad a la que el virus desatura»«Impacta mucho la velocidad a la que el virus desatura»«Parecía un cuento chino, nadie nos imaginábamos que se contagiara tan rápido. Teníamos protocolos de ébola, pero no tiene nada que ver», comenta sobre las brutales condiciones de trabajo en las que han tenido que trabajar, una experiencia de la que, pese a todo, se lleva buenas sensaciones.
«Te sorprendes de la gente. El 90% de los profesionales sanitarios ha dado en todo momento el 200% de sí mismos. Yo estoy muy orgulloso del trabajo de mis compañeros», alega Jesús, que ha visto como han pasado la enfermedad cinco miembros de su equipo. Tres de ellos han recibido el alta, y uno está grave. Además, en su camino de destrucción, la pandemia se ha cobrado la vida de dos amigos, un conductor de ambulancia de Tarancón y un médico de Tomelloso.
Por todo ello, no duda en que hay que incidir en alertar a la población del peligro real del covid-19. «Son casos muy raros, impacta ver la velocidad a la que los pacientes graves desaturan cuando van en la UVI móvil», explica, recordando un caso en particular que le afectó. Fue el de una mujer a la que fue a recoger a un centro de salud, «ella entró por su propio pie en la ambulancia y, debido al protocolo, su marido tuvo que seguirnos en otro coche. Al llegar a Toledo a mediodía estaba casi inconsciente, y esa misma noche murió», recuerda, señalando que lo más desgarrador de todo para los familiares es no poder despedirse de sus seres queridos, «verlos entrar en una ambulancia y, por el aislamiento, no volver a verlos jamás».
Por eso, Jesús se muestra muy duro con las actitudes de cientos de ciudadanos que estos días se están tomando a la ligera las distancias de seguridad y las normas de confinamiento. «Pienso que esa gente que está como si la cosa no fuera con ellos es que no han tenido un caso cercano. Se lo toman a cachondeo y, si no nos controlamos bien, va a haber un rebrote», alerta este profesional sanitario, que en su opinión tiene claro que una de las mejores medidas para combatir la pandemia sería «hacer test masivos como en Corea, aislar y seguir trabajando».
Hasta que eso pase, Jesús considera que van a seguir registrándose muchos casos, y aunque le cunde el desánimo de ver esas conductas, prefiere quedarse con la generosidad de la gente. Y es que, tanto él como su mujer, que también trabaja en una UVI móvil, han podido comprobar el derroche de solidaridad de muchos.
«Me quedo especialmente con la labor de la Industrial Pantalonera Española (IPE) de Quintanar de la Orden, y el trabajo de Ana López, su coordinadora. Nos han donado desde un primer momento buzos, batas, calzas y gorros, y sin su ayuda seguro que muchos de nosotros hubiéramos caído contagiados. También hay otra empresa, Bodegas Verdú, que nos dio máquinas de ozono para desinfectar y mascarillas, y hasta un grupo de carnaval de un pueblo que nos donó sus monos…», señala sin poder evitar emocionarse: «les doy a todos las gracias, de mi parte y de parte de la dirección de Ambulancias Finisterre. Ellos nos han dado mucho, y nosotros por nuestra parte lo hemos intentado todo».