Las iglesias reabren sus puertas con aforo limitado

LA TRIBUNA / TOLEDO
-

Los párrocos cumplen con las recomendaciones del Ministerio de Sanidad y del Arzobispado, tales como distancia de seguridad, empleo de geles y aprovechamiento restringido del espacio. Ayer se conmemoró el centenario de san Juan Pablo II

Las iglesias reabren sus puertas con aforo limitado - Foto: Yolanda Lancha

Si la autorización para la reapertura de los museos coincidió ayer con la jornada internacional dedicada a estos organismos, la posibilidad de volver a abrir las iglesias tuvo lugar el mismo día en el que el papa Juan Pablo II -venerado por los católicos como santo desde 2014- habría cumplido cien años de edad. La memoria de Karol Wojtyla, por tanto, estuvo presente en todos los sacerdotes que ayer intentaron devolver a sus parroquias un ápice de normalidad, aunque entre medidas tales como lavar previamente las manos con gel hidroalcohólico, renunciar a la paz para mantener la distancia mínima de 1,5 metros con el resto de los fieles y tener el aforo, lógicamente, limitado. Sea como fuere, desde ayer es posible volver a las iglesias y abandonar la situación de «culto sin pueblo» -así se refería el nuevo arzobispo a la Fase 0 de la «desescalada de las medidas restrictivas en tiempo de pandemia», en su decreto del pasado 29 de abril- que ha mantenido cerrados la mayoría de los templos a lo largo de los dos últimos meses.
Ahora, su apertura se hace siguiendo las recomendaciones del Ministerio de Sanidad y del propio decreto arzobispal. Antes de su apertura, iglesias como la parroquia de San Juan de la Cruz, en el barrio de Buenavista, fueron desinfectadas por voluntarios, tal y como explicaba a los fieles, a través de las redes sociales, el sacerdote Valentín Aparicio. El aforo interior ha sido medido y repartido. En la parroquia de los Santos Justo y Pastor, en pleno Casco, solo hay disponible un tercio del total, cincuenta asientos, con el resto de los bancos balizados con cintas. Su párroco, Javier Salazar, ha explicado cómo acceder ordenadamente al recinto -las familias con niños, en la parte de atrás- y pide «comprensión y paciencia» a sus feligreses.
Aparte de recordar sistemáticamente el protocolo para evitar la propagación de la pandemia que les ha facilitado el Arzobispado -el cual recoge recomendaciones básicas como acudir a los templos con mascarilla y mantener una distancia de seguridad-, los párrocos insisten en pedir a las personas mayores no salir de casa si son «personas de riesgo, tanto por la edad como por contar con patologías previas». Así lo hacían, por ejemplo, en la parroquia de Santiago el Mayor. Su vecina más inmediata, la ermita de la Estrella, llevaba varios días ofreciendo a los vecinos del barrio una vista de su interior a través de la cancela.
En estos días hay tiempo, incluso, para sorpresas como la que la parroquia de San Julián acaba de dar a sus fieles: la adquisición de una imagen del Sagrado Corazón para su capilla gracias a las Hermanas Carmelitas Samaritanas del Corazón de Jesús.
Durante las próximas fases de la desescalada, según el decreto dictado por el arzobispo Francisco Cerro, se producirá un «restablecimiento de los servicios ordinarios y grupales de la acción pastoral» manteniendo las medidas de protección guardadas hasta ahora, como respetar la mitad del aforo de los espacios, higiene y distancia (Fase 2), y alcanzar una «vida pastoral ordinaria que tenga en cuenta las medidas necesarias hasta que haya una solución médica a la enfermedad» (Fase 3).
Cáritas. También Cáritas se congratulaba ayer de haber alcanzado una nueva fase dentro de la desescalada -atiende presencialmente tras haber instalado mamparas protectoras en algunos de sus espacios, como el Centro Santa Teresa de Calcuta, en pleno Casco-, por mucho que esta organización haya mantenido una gran actividad durante las semanas de confinamiento, e incluso haya reforzado varios de sus servicios y líneas de trabajo (su lema durante estos días ha sido «La Caridad no cierra»). 
Ayer, de hecho, se producía una reunión por videoconferencia entre el nuevo presidente de Cáritas Castilla-La Mancha, Javier García-Cabañas (en el cargo desde finales del pasado mes de enero), y su coordinador general, Amador Casquero, con la consejera de Bienestar Social de la Junta de Comunidades, Aurelia Sánchez.