Al son de kekumka y ayatana

M. G.
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Nace la iniciativa 'Corazón de tambor' graciasa la edición de calendarios solidarios con el objetivo de recaudar fondos para la asociaciónsocioeducativa Ayatana, que mantiene unprograma de acompañamiento en el Polígono.

Al son de kekumka y ayatana - Foto: David Pérez

Hay calendarios que cuentan mucho más que los días y los meses. Pintan en rojo las buenas acciones de unos tambores con sones solidarios. Los hay que enseñan su alma como ocurre con el que acaba de editar la asociación Kekumka, un numeroso grupo de percusión que nació hace una década, con un buen fin solidario, recaudar fondos para Ayatana, un colectivo que trabaja con proyectos socioeducativos para niños y adolescentes en el Polígono desde hace catorce años.
La iniciativa se fraguó hace meses y el empeño de Sergio Vidal, miembro activo de Kekumka, conocido también artísticamente como ‘Caminante’, ha terminado calando con la edición de 500 calendarios, que incluyen sus ilustraciones a acuarela de los integrantes del grupo y de distintas actuaciones, la mitad en formato grande y la otra en pequeño.
El primero a diez euros, el segundo a cinco euros y el pack completo a 12 euros. Los calendarios se pueden adquirir en Ayatana, a través de su facebook, en las librerías Hojablanca y Taiga, en el restaurante La Maruxiña, en los hoteles Carlos V y San Juan de los Reyes y en un par de tiendas en el barrio del Polígono, Miel de abejas de Castilla y La Perla.
«Sergio vino un día y me dijo que me tenía que contar algo relacionado con la asociación. Cuando escuché lo que quería hacer pensé que estaba loco, pero se empeñó y decidimos intentarlo», explica Ángel Luis Martín Ludeña, presidente de Kekumka, muy satisfecho con la iniciativa ‘Corazón de tambor’, sobre todo, por la posibilidad de ayudar a una asociación modesta, sin mucha ayuda institucional, con la recaudación de fondos de los calendarios y la subasta de los dibujos originales de ‘Caminante’, que se vendieron hace unos días durante el acto de presentación en la Librería Hojablanca.
«Más allá de lo que se pueda recaudar lo importante también era hacer visible una asociación que realiza una gran labor y lo tiene más difícil que otras», explica Vidal, convencido también de que la unión de Kekumka y Ayatana irá más allá de los calendarios solidarios.
«Cuando pintas quieres cambiar el mundo a la larga, aunque sea aportar un granito, que la gente piense y sienta. Y estas iniciativas hacen que la sensación sea inmediata y tangible», recalca el artista, apasionado por la pintura desde hace años. Para él era importante elegir un colectivo adecuado porque incluso en el ámbito social «existen asociaciones de primera y de segunda por los apoyos que reciben».
También Ana Belén Márquez tiene la impresión que la unión con Kekumka irá más allá de esta colaboración puntual. Gestiona la asociación junto a otros dos compañero en invierno y atienden a 43 niños y adolescentes, de 6 a 16 años, «que comparten algo en común, familias con vulnerabilidad social». En este caso, el colectivo mantiene activo en estos meses un programa de acompañamiento, y la gestión de la ludoteca municipal ‘Enredos’ del Polígono.
Sin embargo, en los meses de verano se multiplica el trabajo gracias a los campamentos escolares. Ana explica que pueden llegar a trabajar entre diez y quince personas, ya que el año pasado pasaron por Ayatana 174 niños sin contar con todos los que se apuntaron a las iniciativas vacacionales.
El colectivo recibe subvenciones del Ayuntamiento y de la fundación internacional ‘Educo’, pero siempre es necesario más fondos para sacar adelante proyectos socioeducativos tan beneficiosos en coordinación con los centros escolares y los Servicios Sociales municipales. Aun así,  también el área de Bienestar de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha deriva a Ayatana algún menor cuyo perfil encaja en estos programas.
El apoyo educativo es básico y la asociación suele comprar material para compartirlo con los menores que acuden regularmente a la asociación, situada en el Polígono. Ayatana lleva muchos años trabajando con niños con necesidades y ha sido testigo del cambio  que se ha ido gestando debido a la crisis económica. «Antes venían fundamentalmente hijos de familias inmigrantes, pero después de la situación económica se ha modificado el perfil con muchas familias de aquí».
La batucada también mueve a Ana todas las semanas. Es miembro de Kekumka y ensaya con el grupo en el Centro Cívico de Santa Bárbara, barrio en el que nació la asociación para ofrecer una actividad a los jóvenes del barrio. De momento, la iniciativa conjunta que acaba de nacer no entiende de fechas ni de condiciones, el proyecto ‘Corazón de tambor’ puede tener un largo recorrido, pero habrá que esperar a comprobar cómo cala el mensaje en Toledo. Aun así, Ana asegura que ambas partes están hablando de la posibilidad de ampliar la colaboración con otro tipo de actividades, incluidos talleres de percusión para los niños, ya que la música es una buena aliada para los procesos de integración social, pero las ideas tienen que cuajar poco a poco.
camino solidario. Kekumka también quiere mantener este camino de colaboración social que se ha marcado desde hace tiempo. Martín Ludeña sugiere la edición de otro calendario el próximo año para recabar fondos para otra asociación que no disponga de grandes recursos. En este caso, el colectivo volvería a contar con las creaciones de ‘Caminante’ para ilustrarlos, que lleva muchos años dibujando y creando con distintas técnicas pictóricas. Pero aún es pronto para barajar nombres y la iniciativa tendrá que ir tomando forma poco a poco.
El colectivo lleva tiempo participando en actividades solidarias y sociales, tocando en iniciativas ligadas con el Día de la Mujer, con el Día Internacional contra la Violencia de Género y con actuaciones  junto a asociaciones como Afanion, Ademto o Down Toledo.
Kekumka no para de crecer, tanto que la asociación ha tenido que cerrar temporalmente el cupo porque no cuenta con instrumentos suficientes para todos los interesados en aprender y salir a tocar a la calle con el grupo. De momento, cuenta con dos aulas de aprendizaje, el avanzado con 44 personas, preparadas y con suficiente destreza en diferentes estilos, y otra de iniciación con otras 40 personas. Ensayan una vez a la semana, los viernes un grupo y los sábados otro, en el Centro Cívico de Santa Bárbara, pero las instalaciones se han quedado pequeñas para un colectivo que está despertando mucho interés.
Martín Ludeña sabe que resulta complicado conseguir un local para un grupo tan numeroso, ya no sólo por el espacio, sino porque el ensayo con tambores puede ocasionar molestias a los vecinos. Aun así, no descarta contar con algún espacio en el futuro para seguir preparando batucadas, versiones propias o sesiones de ritmos africanos, entre otros. Ahora la solidaridad marca el son de unos tamborileros que tocan con el corazón todo el año.