Clausura teresiana inalterada

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Visiones interiores. David Blázquez ha logrado entrar y fotografiar los tres conventos de clausura fundados por Santa Teresa en la región. Acompaña a las imágenes el texto del investigador Miguel Ángel de Bunes Ibarra.

«El propósito en las páginas que siguen es mucho más modesto y humilde que intentar dar una explicación a esta vital e interesante dama castellana, como la definió repleta de admiración la escritora irlandesa Kate O´Brien. Simplemente nos detendremos en las fundaciones directas y personales de Santa Teresa en las tierras castellanas que en la actualidad componen Castilla-La Mancha (Malagón, Toledo, Pastrana y Villanueva de la Jara), intentando poner texto a las imágenes de los exteriores y los interiores de estos edificios y recintos religiosos. Para ello deberemos hacer una digresión sobre la propia vida de esta mujer que siempre estuvo unida a estas tierras, en especial a Toledo, por sus ancestros familiares y por ser el lugar donde escribe alguna de sus sorprendentes obras literarias».
El investigador Miguel Ángel de Bunes Ibarra pone la voz escrita a las imágenes que el fotógrafo David Blázquez ha logrado capturar de los lugares que -tocados desde su origen por la clausura- habitó esta «santa andariega» y que, por su condición monástica de vida retirada, muy pocos han podido contemplar y conservar.
La publicación ‘Teresa de Jesús y sus fundaciones en Castilla-La Mancha’, editada por Cuarto Centenario y colaborada por la Junta y los ayuntamientos de los citados municipios teresianos, se presenta hoy  -día de celebración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús- a las 12,30 horas en la iglesia del convento de San José de Malagón.
Esta aproximación a la labor fundadora de la Santa de Ávila se presenta en un texto asequible, directo y para todos los públicos lectores interesados en conocer y reconocer -sin interpretaciones manipuladas- a una mujer «que logra triunfar en un mundo mayoritariamente dominado por los hombres».
Para retratar los intereses de quien «llega a Toledo en los primeros días de enero de 1562, acompañada por Juana Juárez, hospedándose en el palacio de Luisa de la Cerda, conocida como ‘casa de la Mesa’», Blázquez consiguió la confianza de las integrantes de la orden religiosa -gracias a la intermediación de los alcaldes y de la administración regional- precedido por las muchas referencias logradas con sus trabajos con la Catedral, el Arzobispado y con importantes museos de ámbito nacional. Así, y con el tiento que le caracteriza, entró solo en las clausuras sabedor de que tenía que adaptarse a las condiciones -ambientales- del momento y con una labor de documentación bien urdida.
Porque lo que tuvo claro desde el principio, y una vez le permitieron entrar en estos espacios inalterados, fue la importancia de recabar la información -de historiadores, investigadores, libros, documentos y guías- necesaria para «no perder nada de vista». Por ello realizó muchas fotografías con angulares para «que se viera todo lo posible».
No en vano él pisaba un suelo sólo recorrido por las religiosas allí retiradas desde su fundación; de ahí que David Blázquez tuvo conciencia de su privilegio y de la importancia de transmitir lo vividos entre esas fachadas. Supo que «el logro» había sido posible.
Al preguntarle por lo que más le impactó respondió que «cada convento era impresionante» porque por ellos «no ha pasado el tiempo», pero fue preciso al apuntar que se sorprendió de «la rigidez de la clausura de Malagón, de la belleza del convento de Toledo, y de la información que sobre el Carmelo se exhibe en Pastrana».
Cerca de 100 fotografías, al final, que muestran el ideal de vida de Santa Teresa desde dentro, que desvelan ritmos diferentes y trabajos acompasados con el transcurrir de un tiempo liberado. Tan sólo apreciar la imagen del refectorio del Convento de San José -elegido para la portada- para situar esta obra en un lugar indicado para una lectura y una contemplación diferente y absolutamente pionera.