La auténtica huella que Bécquer dejó en Toledo

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La grafóloga Sandra Cerro ha realizado una investigación pericial caligráfica sobre la firma que Bécquer dejó en la puerta de la iglesia de San Clemente • El estudio ha confirmado su autoría tras cotejarla con otros escritos

La auténtica huella que Bécquer dejó en Toledo

E. MARTÍN | TOLEDO
redacciontoledo@diariolatribuna.com

De forma casual. Sandra Cerro tenía intención de realizar un estudio grafológico sobre el escritor Gustavo Adolfo Bécquer para lo que contactó con varios biógrafos. Uno de ellos, Javier Bona, le pasó un enlace donde venía una alusión a la iglesia de San Clemente, en cuyo friso de la portada se conserva un grafito de 1857.  Fue la excusa perfecta para autentificar la firma de una de las figuras más relevantes del mundo literario y, de hecho, esta confirmación aparece documentada en la revista científica Documenta&Instrumenta de la Universidad Complutense y saldrá también en un libro sobre el autor en Toledo, que se publicará en el mes de abril. Sandra Cerro ha realizado este estudio grafológico y pericial caligráfico en el que ha concluido que efectivamente dichos trazos corresponden al escritor y donde también esboza las principales características de su personalidad.  
La grafóloga se trasladó a Toledo para realizar fotos a la portada de este edificio del Casco histórico. Más tarde, cotejó la firma con otros documentos que sí se sabe que son manuscritos auténticos.  «No se conservan muchos, pero sí los suficientes para realizar la comparación», explica.  La experta se ha servido de ‘El libro de los gorriones’, que está en la Biblioteca Nacional, algunas de las cartas y textos que se conservan en el álbum de Julia Espín y ha examinado los textos incluidos en el cuaderno de Autógrafos juveniles que escribió entre los 14 y los 18 años.
Un arduo trabajo, donde el principal obstáculo ha sido conseguir estos manuscritos del poeta y narrador del Romanticismo, ya que «lamentablemente no se conservan muchos». Ha comparado  las grafías que se contienen en esta firma, bastante deteriorada, pero que gracias a los modernos programas de visión de imagen ha cotejado el grafito con las mismas grafías de otros documentos. Letra por letra, esta profesional ha llegado a la conclusión de que pertenece al autor comparando variables de forma, estructura, ritmo y movimiento y un seguimiento detallado del trazo gráfico haciendo hincapié en las particularidades y alteraciones singulares de cada grafía.
Como explica, ya existían testimonios de personas que conocían que la firma estaba ahí. Sobre el cómo se pudo hacer son más los interrogantes. La firma está bastante alta, a unos cinco metros, y se desconoce  cómo Bécquer y su compañero, el ilustrador Ildefonso Núñez de Castro, cuya firma aparece justamente al lado, pudieron dejar allí su huella. Se cree que pudieron valerse de una de las escaleras que usaban los serenos para subir y firmar en el friso de esta portada. Son dos firmas seguidas, con el nombre completo del escritor y del dibujante.
Por esa época tenía 21 años y  estaba escribiendo, como periodista, la obra ‘Historia de los templos de España’. Empezaron en Toledo y de hecho solo salió esta publicación porque el proyecto se interrumpió. LLegaron de Madrid y cuando pasaban por este punto  fue tal el entusiasmo ante este proyecto que iban a emprender juntos que dejaron esta marca en el convento. «En aquella época, de todas formas, era muy común escribir en monumentos». La firma se puede datar entre julio y agosto de 1857.  Casi 160 años después se ha tenido que someter a una pequeña restauración para que la laca conserve mejor estas dos firmas hechas a lápiz.
 La autentificación ha concluido y ahora esta grafóloga sigue la pista de otros autógrafos de la época. Y es que, no se descarta que Bécquer escribiera en algún otro lugar de Toledo dada la gran dimensión con la que nació el proyecto de ‘Historia de los templos de España’.
Para la gran mayoría se desconoce esta autoría y por ello en abril se publicará un libro sobre Bécquer en Toledo, donde se cuenta el descubrimiento y se muestran fotos antiguas en las que ya aparece la firma. «Un documento muy importante para demostrar que no es de un grafitero actual». La experta considera que estaría bien que se registrara como patrimonio «porque se trata de  un elemento muy importante». Cerro ha estado recientemente en Toledo, donde ha descubierto en la iglesia de San Pedro Mártir que hay autógrafos de estudiantes de la antigua Escuela Oficial de Arquitectura del siglo XIX.

 

Su letra dice que el poeta no era como creían sus allegados

El estudio realizado por la grafóloga Sandra Cerro también ha dado para hacer un análisis de su personalidad. Sus trazos, como explica, llaman la atención porque contradicen los testimonios que daban sus más allegados sobre él. Sus amigos y conocidos le definían como una persona desaliñada cuando su escritura, en cambio, «era muy limpia, cuidada y estética». Era observador, un artista, dibujaba y al parecer no era tan pasional como se nos ha hecho creer y como eran los románticos de la época. «Era idealista y contaba con una importante agilidad mental que en ocasiones le provocaba que se le amontonaran las ideas en la cabeza, se agobiaba porque no podía soltar todo lo que tenía dentro». El estudio apunta que la forma de su escritura cumple con los cánones de la escritura clásica del siglo XIX y del Romanticismo y que está caracterizada en esencia por la inclinación hacia la derecha y la cadencia fluida, marcadas ambas características por la pluma y el plumín. Se trata de una escritura elegante y cuidada.