La transición energética pasa por el modelo atómico y el gas

Javier Albisu (EFE)
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La UE trabaja en una legislación sobre fuentes combustibles con el triple objetivo de mitigar el cambio climático, reducir su dependencia externa y liderar nuevos sistemas de generación

La central nuclear de Ascó, situada en la provincia de Tarragona junto al río Ebro, utiliza dos reactores de agua a presión. - Foto: Jaume Sellart

La Unión Europea, continente en el que escasean los combustibles fósiles, está inmersa en una profunda transformación estratégica que afecta a su modelo energético y que tiene el triple objetivo de mitigar el cambio climático, reducir su dependencia externa y liderar las nuevas fuentes de generación.

El camino y el ritmo lo marcan la ciencia y el mercado: el planeta se calienta a mayor velocidad de la que puede soportar y Europa importa el 55% de su energía con un coste de entre 300.000 y 350.000 millones de euros cada año.

La hoja de ruta de Bruselas pasa por acelerar la descarbonización en 2030 y alcanzar la neutralidad climática en 2050, es decir, que a mitad de siglo la UE libere solo el CO2 que sea capaz de absorber.

El mix energético del total bruto consumido en el bloque en 2018 estaba dominado por los productos petrolíferos (35,9%), el gas natural (21,3%), los combustibles fósiles como el carbón (15%), las renovables (14,6%) y la nuclear (12,9%), según informa Eurostat.

Las renovables están llamadas a ser las principales fuentes de generación del futuro de la zona euro, que ha ido dotándose también de otros instrumentos para alcanzar sus objetivos climáticos, como un sistema reforzado de comercio de emisiones, el embrión de una industria de baterías eléctricas o la apuesta por alternativas como el hidrógeno. Pero no será suficiente.

Incluso, en el escenario tecnológico más optimista, hay dos fuentes que están llamadas a dar mucho que hablar en los próximos años, por sus aspectos medioambientales y porque tienen dimensiones económicas y geopolíticas: la energía nuclear y el gas.

Desde que en noviembre de 2018 el entonces comisario de Energía y Clima, el español Miguel Arias Cañete, pusiera sobre la mesa europea distintos escenarios para alcanzar la neutralidad climática en 2050, el gas natural se ha aceptado como el mal menor de los combustibles fósiles, ya que su impacto medioambiental es menor que el del carbón o el petróleo.

El principal suministrador de gas de Europa es Rusia (40%), seguida de Noruega (18%) y Argelia (11%). Rusia es también el mayor proveedor de crudo (30%) y de combustible fósil (42%) de la UE.

En paralelo, en el bloque avanzan otros proyectos que diversificarían el aprovisionamiento, como el gasoducto de Azerbaiyán a Italia vía Grecia, que cuenta con 2.000 millones de financiación del Banco Europeo de Inversiones (BEI).

Además, se sigue apostando por el desarrollo de gases renovables como el hidrógeno o la generación de biogás a partir de deshechos.

La energía nuclear es uno de los pilares sobre los que se construyó la actual Unión Europea, ha sido siempre objeto de profundo debate y lo seguirá siendo, a medida que los 109 reactores atómicos repartidos por 15 de los 27 Estados miembros de la UE vayan alcanzando el final de su vida útil y los países deban decidir sobre su continuidad.

 

‘Mix eléctrico’

El país de la UE donde más peso tiene actualmente la energía nuclear en el mix eléctrico es Francia, con más de un 70% en 2019, mientras que en España representa el 26,6%.

La estrategia de la Comisión Europea para alcanzar la neutralidad climática prevé una reducción de la energía nuclear, pero las proyecciones comunitarias aún le otorgan una cuota significativa en la generación eléctrica en 2050. Así, el objetivo es que frente a un 26% que hay en la actualidad en el conjunto del bloque, se pasaría a un 18% en 2030 y entre el 12% y 15% a mitad de siglo.