Sorolla contesta 115 años después

C. S. Jara
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El Museo Sorolla ha recuperado ahora la misiva que el pintor envió a Ruiz de Luna en respuesta a la carta de invitación que había recibido para visitala Fábrica Nuestra Señora del Prado y que forma parte del legado fundacional

Correspondencia de Joaquín Sorolla Bastida a Juan Ruiz de Luna, 1909, perteneciente a los fondos del Museo del pintor.

«Muy señor nuestro y de la mayor admiración y respeto...» Así se dirigían al pintor Joaquín Sorolla desde la Fábrica Nuestra Señora del Prado de Talavera el 14 de noviembre de 1909. Firmada por Juan Ruiz de Luna y Enrique Guijo, la carta forma parte del legado fundacional del Museo Sorolla, junto con otras cuatro misivas que salieron del célebre alfar con destino a la casa del pintor. Hubo respuesta, pero ha habido que esperar 115 años para conocerla. La carta, fechada por Sorolla  en noviembre del mismo año, ha sido recuperada hace escasas fechas y ya forma parte ha engrosado el fondo documental del Museo Sorolla, dependiente del Ministerio de Cultura y Deporte. 
Su adquisición forma parte del millar de compras realizadas por los museos estatales el pasado año. Un conjunto de cartas, diseños, dibujos y litografías, que han pasado al patrimonio documental de estos centros museísticos, por un valor global de  855.000 euros.  
Entre las diez piezas más relevantes de este millar de adquisiciones se encuentra la carta. Es la respuesta del pintor, gran conocedor y coleccionista de cerámica, a otra conservada en el archivo del Museo Sorolla en la que era invitado a visitar la fábrica de cerámica de Talavera, propiedad de la sociedad Ruiz de Luna, Guijo y Cía. Un testimonio del artista, sobre los primeros tiempos de la relación que entabló con el ceramista y que se fue estrechando con los años.
Reverso de la carta de Sorolla a la Fábrica Nuestra Señora del Prado. (Museo Sorolla)Reverso de la carta de Sorolla a la Fábrica Nuestra Señora del Prado. (Museo Sorolla)Con una caligrafía apretada, de puño y letra de Juan Ruiz de Luna pero rubricada también por Enrique Guijo, el ceramista dejaba constancia en su carta de que había habido un contacto previo. Hacía apenas un año que se habían encendido los primeros hornos de la Fábrica Nuestra Señora del Prado, y la incipiente empresa buscaba apoyos. Por entonces, Joaquín Sorolla estaba ya instalado en la casa del paseo de Martínez Campos, legada por la familia al Estado y en la que se encuentra hoy su museo. 
La carta de Ruiz de Luna está escrita bajo el membrete a dos tintas con el nombre de la fábrica, escrito en caligrafía cerámica:  «Ruiz de Luna Guijo y Cía, cerámica artística. Talavera». La denominación se corresponde con la primera época del alfar y aparece en todas las cartas del ceramista que se conservan en los fondos del museo madrileño. En el lateral aparece un escudo heráldico que contiene a su vez el de Talavera, con la inscripción «Nuestra Señora del Prado, fundada en 1908». 
El ceramista  expresa a Sorolla la grata impresión que conservan de su cariñoso recibimiento y de la entusiasta apreciación de sus trabajos, que hoy les permite proseguir con su empresa con gran aliento y entusiasmo. Agradecen su apoyo y el de Mariano Benlliure, y esperan poder recibirles en la fábrica a los dos pronto. Si efectúan dicha visita, les piden que avisen con antelación, para tenerles preparados algunos objetos antiguos de fabricación talaverana en sedas y cerámicas, para que puedan contemplarlos. Adjuntan el talón de una caja que contiene tres platos, una media fuente de Talavera y un frutero de Puente del Arzobispo, que aunque no son de lo mejor que tienen, si poseen «algún carácter», con la esperanza de que los acepten y formen parte de su colección.
Primera de las cinco cartas de Ruiz de Luna a Sorolla que pertenecen al legado fundacional del Museo y a la que responde el pintor en la carta ahora recuperada.Primera de las cinco cartas de Ruiz de Luna a Sorolla que pertenecen al legado fundacional del Museo y a la que responde el pintor en la carta ahora recuperada. - Foto: PicasaLa carta debió entregarse en mano, porque la respuesta, ahora recuperada, está fechada al día siguiente, el 15 de noviembre de 1909. «Muy Señores míos, Son Vds muy amables y cariñosos y no se como agradecerles la fría atención que Vds tenieron [sic] para conmigo», responde el pintor, que agradece los «preciosos platos» recibidos. «Tan pronto regrese de Andalucia, para donde salgo hoy, iré con Mariano [Benlliure] a Talavera». Después de desearles éxitos y prosperidad «en tan hermosa empresa», el pintor estampa su firma. 
Es la correspondencia más temprana de una relación que se intensificaría con el tiempo y en la que los lazos se extendían a otros vinculados al Alfar de Ruiz de Luna y la cerámica, como Platón Páramo. A la faceta de fotógrafo del ceramista de Noez se deben algunas de las imágenes que plasman el trabajo de Sorolla en Lagartera, donde acudió en 1912 por encargo de la Hispanic Society.
El gusto de Joaquín Sorolla por la cerámica, común a la intelectualidad de la época, quedó plasmado en su propia casa, en la que abundaban piezas y ornamentos, de los más diversos orígenes; por supuesto, también de Talavera, que empezaba a vivir en aquellos años la etapa de esplendor capitaneada desde el Alfar Nuestra Señora del Prado. s
Gran parte de la decoración de la casa de Martínez Campos y de los jardines lleva la firma de esta fábrica. Allí se hizo  la reproducción de un modelo de zócalo del siglo XVI de la Basílica del Prado, colocado en el antecomedor de la vivienda, en el que el pintor quiso recrear una de las estancias de Felipe II en el Monasterio de El Escorial. También de Ruiz de Luna es el zócalo de una galería del patio.
La fábrica talaverana también decoró la casa-estudio del escultor Mariano Benlliure, amigo común y autor además de un busto de Ruiz de Luna. En la propia colección del museo hay una gran jarrón de montería firmado por Ruiz de Luna Guijo y Cia en 1909, con la dedicatoria: «Al gran Pintor Sorolla». 
De esos encargos y de algunos fallidos que no llegaron a ver la luz, como el encargo de unas tejas que no pudo ejecutarse, hablaban las cartas de Juan Ruiz de Luna.
Las vidas de estos personajes se cruzaron en numerosas ocasiones, e incluso Sorolla fue profesor de Juan Ruiz de Luna Arroyo, hijo del fundador, que trasladaría la maestría adquirida a la pintura en cerámica. Ahora se ha encajado la pieza del puzzle que seguramente dio origen a esta historia.