El 'infierno' que muy pocos terminan

SPC
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El ‘infierno’ que muy pocos terminan

La Barkley Marathons se ha erigido, durante sus 32 años de vida, como la prueba de 'ultrarunning' más extraña y difícil del mundo, donde solo 15 atletas han acabado sus 160 kilómetros de recorrido

Este fin de semana, como cada año, las colinas de Tennessee han acogido una inusual prueba que, por más que se presente como absurdamente imposible de completar, siempre recibe miles de inscripciones. Aunque cómo realizar la solicitud de participación es uno de sus misterios.

Porque una carrera cuyo recorrido es que el siguió el asesino de Martin Luther King tras escapar de prisión es, de primeras, ya poco corriente. Pero no es lo único peculiar. Tampoco se dice, desde que se organiza cada edición, a qué hora ni día se hará. Ni siquiera el camino está señalizado, varía cada año en dificultad y longitud, ni dejan a los participantes utilizar GPS. Y para demostrar que la has completado, debes arrancar la página correspondiente a tu dorsal de un libro situado en un lugar del que solo conoces las coordenadas.

La Barkley Marathons ni siquiera es comprendida por los norteamericanos pues, aunque son muchos los enamorados de esta prueba, algunos ciudadanos la consideran “un infierno” que ni siquiera debería considerarse una carrera. Y quizás tengan razón.

En las 32 ediciones que se han celebrado, solo 15 personas han completado los 160 kilómetros de recorrido. Es decir, muchos años nadie llega a la meta. El límite de 60 horas suele ser obstáculo, pero más lo es el propio camino: el que no se pierde, se lesiona, quien no sufre hipotermia, quien no, simplemente, se retira hecho trizas.

 

Historia

Todo comenzó en 1977, cuando James Earl Ray, el asesino de Martin Luther King, se fugó de la cárcel de Brushy Mountain, en el parque estatal Frozen Head de Tennessee y, aunque estuvo desaparecido 55 horas, lo encontraron a solo ocho millas (unos 13 kilómetros) del centro. En un bar cercano, comentando el hecho, hubo un cliente que se mofó de la huida. “Yo hubiera recorrido mínimo 100 millas (160 kilómetros)”, dijo Gary Cantrell, quien más tarde se convertiría en Lazarus Lake, el creador de la Barkley Marathons. Y la primera carrera se hizo en 1986.

 

Inscripción

Como no podía ser de otra forma, en esta maratón de ultrarunning no existe un proceso de inscripción tradicional.

Lo primero que hay que hacer es ponerse en contacto con Lazarus y comunicarle tu intención de participar, aunque sin saber fecha ni hora de la carrera. Pero él no tiene teléfono ni email público, por lo que cómo dar con él es un secreto. Si lo logras, deberás pagar 1,60 dólares (no reembolsables) y contestar a las “inquietudes” del inventor de la prueba y si las superas, un día aleatorio recibirás la respuesta. Solo 40 personas serán las elegidas para la Barkley Marathons, llamada así por Barry Barkley, vecino de Lazarus, y las que reciban una "carta de condolencias" firmada por el propio Lake.

 

La prueba

Una vez en el camping del parque estatal de Frozen Head, a los inscritos se les entrega un dorsal, una brújula y un reloj Casio, nada más; los GPS y otros gadgets están prohibidísimos. Luego, tienen que esperar. Porque puede ser a cualquier hora, incluso en mitad de la noche u otro día al de llegada, cuando Lazarus haga sonar su concha marina a modo de corneta. Después de 60 minutos, en el momento en que Lake enciende su cigarrillo, comenzará Barkley.

El recorrido, al que se debe dar cinco vueltas en 60 horas, consta de 160 kilómetros y no tiene avituallamientos, ni ambulancias, ni seguros, ni puntos de control al uso. Solo tiene un bosque impenetrable en la que todos los árboles parecen iguales, una cordillera con desnivel continuado y zarzas, muchas zarzas; además de diferentes libros escondidos bajo piedras o dentro de troncos de los que debes arrancar una página para demostrar que has pasado por allí. Sin embargo, se dice que cada año el trazado y las subidas varían; aunque hay una cifra que siempre se repite: la elevación total si completas las cinco vueltas es de unos 19.000 metros, es decir, el equivalente a escalar el Monte Everest dos veces.

Pero la Barkley Marathons, sobre todo, no tiene piedad y el dato de que solo 15 personas han completado la prueba, en las 32 ediciones que se han celebrado, solo lo reafirma. Pero, cada año, diferentes personas se apuntan a esta prueba infernal que se suele celebrar a finales de marzo o principios de abril, movidos por el reto o por la notoriedad que el evento alcanzó en 2014, cuando Netflix le dedicó el reportaje La carrera que devora a sus propias crías.

En la edición de 2019, celebrada este pasado sábado y finalizada ayer, no hubo ganadores, ya que todos los participantes abandonaron antes de las 5 vueltas o pasaron el límite de 60 horas. Aunque quien sea el competidor más rápido realmente no importa, porque en la Barkley Marathons no hay premios ni recompensas, solo la satisfacción de haber realizado el recorrido más difícil del mundo.

Lazarus Lake Brian Dalek
Lazarus Lake - Foto: Brian Dalek
El ‘infierno’ que muy pocos terminan Wikimedia Commons
El ‘infierno’ que muy pocos terminan - Foto: Wikimedia Commons