Gran 'tirón' del Cautivo del Polígono

J. Monroy
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Gran ‘tirón’ del Cautivo del Polígono - Foto: VÁ­ctor Ballesteros

Su encuentro con el Cristo de la Vega en la plaza del Ayuntamiento tuvo como testigos a miles de personas, que no se perdieron la primera procesión del Lunes Santo

Poco después de las nueve de la noche salía por la puerta Llana de la Catedral el Nazareno Cautivo de Toledo, el Cristo del Polígono, o de la parroquia de San José Obrero; la primera procesión del Lunes Santo, que atrajo a su salida una cantidad público inusitada para estos primeros días de fiesta. Lo hacía mientras sonaban las notas del himno nacional interpretado, como no podía ser de otra manera, por la banda del barrio, la Unión Musical Benquerencia.
Porque esta es una procesión muy musical, con su propia banda de tambores abriendo camino y una incansable Unión Musical. Jesús camino del Calvario erguido, maniatado y portando la corona sobre su cabeza, estrenaba este año un nuevo hábito de terciopelo blanco, junto a su cordón dorado. Es una obra tamaño natural del imaginero Antonio Martínez Rodríguez. Su lento paso, a hombros tres docenas de costaleros, algunos de ellos descalzos, se hacía sobre una floreada carroza y entre cuatro faroles.
Parece que la parroquia de San José Obrero ‘tira’ mucho. Porque sea por la fe que desde el Polígono se tiene a esta talla, por el buen tiempo, por las ganas de Semana Santa que dejaron las lluvias de los últimos días de la pasada, o por lo que pueda pasar en esta, en vista de las previsiones; por una u otra causa, o quizás por todas, había muchísimo público a la salida de esta primera procesión del Lunes. Un público que se multiplicó en la puerta del Ayuntamiento, donde esperaba, como viene siendo habitual, el Cristo de la Vega. Junto al arco de Palacio se produjo en encuentro, y tras una breves palabras de José Antonio Jiménez ‘Quillo’, párroco poligonero, cada imagen siguió su camino.
Recorrido lleno. La del Cautivo subió una cuesta también atestada, para girar por la esquina de Nuncio Viejo con Hombre de Palo, hasta Comercio y Zocodover. Poco a poco, sus penitentes, de hábito morado con capuz, pudieron respirar de gentío, hasta llegar a Zocodover, de nuevo a rebosar, con algunos espectadores pendientes de coger el último autobús del barrio, y retornar por el túnel de Sindicatos, Magdalena y Tornerías, en un recorrido mucho más solitario, pero no exento de aquellos que querían ver la procesión más tranquilos, en una marcha algo más rápida y peligrosa para los descalzos, por aquello de las cuestas, de nuevo hasta la puerta Llana de la Primada.