La mitad de las especies del río son invasoras

Luis J. Gómez
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Aprovechan la mala calidad del agua y la alteración de los cauces en tramos medios como ocurre en el Tajo. También llegan a espacios protegidos como Las Tablas

La mitad de las especies del río son invasoras

Carpas, carpines, lucios, black-bass, percasoles, peces gatos... Estos nombres de peces los conocen  bien los pescadores de la región. En determinados tramos y embalses son las especies que más abundan, pero ninguna de ellas es autóctona. Todas son especies exóticas invasoras y por eso la Junta dictamina el control poblacional mediante la pesca. Es decir, si una pica y se saca con la caña, no se puede devolver al agua.
«En el Tajo hay un montón de especies invasoras que producen daños y la suma de todas ellas es nefasta», avisa Anabel Perdices, que lidera el proyecto europeo Life Invasaqua en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Se calcula que la mitad de las especies peces de agua dulce en las cuencas de España ya son invasoras, pero señala que se nota más en los tramos medios del río, como ocurre en el caso del Tajo a su paso por la provincia de Toledo.
«Las partes medias y bajas de los ríos son las más afectadas por las especies invasoras, por la alteración del hábitat con pantanos, industrias, contaminación y más presión para sacar el agua», expone Perdices. Las especies autóctonas sufren con esos cambios de ecosistema que produce el hombre, por eso sobreviven sobre todo en las partes altas de los ríos. Sin embargo, las especies invasoras que se extienden lo hacen porque aprovechan esas alteraciones que el ser humano ha causado en los cauces y la calidad del agua. Un ejemplo muy claro es el de la carpa, uno de los peces más comunes en los ríos de la región.
«Las carpas son muy abundantes en tramos de río que son mejorables en cuanto a calidad», explica Perdices a La Tribuna, «suelen estar en zonas más o menos remansadas, con mucha vegetación y levantan fondos». Avisa de que ver muchas carpas indica claramente que ese río o ese humedal no goza de salud.
invasoras en el museo. Aunque no pilla por sorpresa que el tramo medio del Tajo no goce de salud y por eso esté infestado de carpas y otras especies invasoras, estas también han llegado a espacios protegidos como Las Tablas de Daimiel. De hecho, el caso de Las Tablas sale en uno de los paneles de la exposición ‘¡Cuidado! Invasoras acuáticas’, que recientemente se ha inaugurado en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Salen Las Tablas porque desde 2015 se han extraído casi 200 toneladas de especies invasoras. «Una gran parte son carpas», apunta Perdices. 
Las invasoras son a veces letales para las especies autóctonas. En ocasiones compiten con ellas  por un mismo alimento o espacio y las desplazan. También se producen hibridaciones entre especies. En otros casos las invasoras son depredadoras y acaban con especies nativas no preparadas para esa nueva amenaza. También traen nuevas enfermedades o alteran las condiciones del ecosistema de tal forma que lo convierten en un territorio hostil para las especies que lo habitaban antes.
¿cómo llegan ahí? El pez mosquito o gambusia procede de Norteamérica y también es una especie invasora en Castilla-La Mancha. El enorme siluro es originario de los grandes ríos de Europa central. Cabe preguntarse por qué una especie que es de otra zona, incluso de otro continente, acaba en el Tajo, el Guadiana, el Júcar o el Segura. Y no hay una única respuesta.
La responsable de Life Invasaqua señala que las especies invasoras han llegado a los ecosistemas de la Península Ibérica de muy diversas formas. Muchas de ellas fueron soltadas hace décadas para estimular la pesca deportiva. En otros casos entraron porque se utilizaban como cebo. También han llegado por material infectado que pasa de unas cuencas a otras (hay que tener en cuenta que a veces pueden ser hongos, huevos, moluscos o bulbos de tamaño muy reducido).
También se introducen por particulares que abandonan sus mascotas. Eso ocurre, por ejemplo, con las tortugas. Y su presencia no solo es una amenaza para el hábitat o para otras especies, sino que también pueden provocar enfermedades a los humanos. Se calcula que en Estados Unidos hubo en 2018 un total de 76 afectados por salmonelosis por el contacto con tortugas. 
La expansión de las invasoras lleva a preguntarse si luchar contra estas especies es una batalla perdida. Perdices cuenta que al año los gobiernos se gastan mucho dinero en intentar erradicarlas. Señala que antes de todo es fundamental evitar que se sigan soltando y actuar rápido:«Hay un momento inicial en que esa especie es más fácilmente controlable por el número de individuos que hay en la naturaleza».