Oda a Saltillo, por Moreno de Silva

Dominguín
-
Varios ganaderos toledanos acudieron a ver a su colega Moreno de Silva. - Foto: Dominguín

El ganadero manifestó con rotundidad que sus toros pueden ser «el bueno, el mejor embistiendo, y el malo, el más'hijoputa'». Saltillo ha cumplido 100 años en manos de la misma familia, una responsabilidad del último testigo generacional

Con lleno hasta la bandera, comenzó el primero de los actos que la Peña ‘El Trapío’ ha programado en su XXX Semana Cultural Taurina. Un elenco donde abrió plaza el día dedicado al toro, en esta ocasión de la mano del ganadero Joaquín Moreno de Silva, propietario del legendario hierro de Saltillo.
Tras la pertinente presentación por parte de Antonio Almena, presidente de la Peña, tomó la palabra Mario Gómez, periodista taurino y colaborador de este periódico, quien condujo el acto e introdujo las intervenciones del locuaz protagonista.
Moreno de Silva, puso en antecedentes de los asistentes como se hizo ganadero, como heredó uno de los hierros, el de su abuela de procedencia Saltillo y compro a su hermano el que procedía de Urcola. Tuvo palabras de cariño hacia su abuelo don Félix Moreno Ardanuy, quien en 1918 adquirió la vacada y desde entonces ya son 100 años del hierro en manos de la misma familia. Destacó de él su inteligencia y sabiduría para haber conseguido poner el hierro en la primera línea del panorama taurino.
En sus distendidas apreciaciones, donde nadie se aburría, fue pormenorizando lo que fue, y en que quedó el hierro de Alonso Moreno de la Cova, adquirido a su hermano, más por romanticismo que por negocio, porque «fue una ruina», en la que el corazón pudo con la cabeza y privó a un incipiente Mario Conde de adquirir las reses que ya estaban en proceso de cerrarse el trato de la venta. Esta ganadería, que tenía como hierro una pica, fue importantísima por la cantidad de triunfos que dio a muchos toreros en la plaza de toros de las Ventas, entre ellos la única vez que ‘Espartaco’ salió en volandas del coso madrileño.
El ganadero llevaba a la par dos ganaderías distintas, con dos encastes distintos, con dos hechuras distintas y dos formas de embestir, lo que le hizo pensar que tenía que tomar la triste decisión de quedarse solamente con una de ellas, por lo que la de Alonso Moreno, fue apagándose como una vela, hasta desaparecer del mercado y del panorama taurino, sin hacer ruido «de la que sólo quedó el mayoral y su caballo» interpeló el ganadero. La aventura de seguir adelante con la ganadería que tenía sangre de saltillo, le trajo muchos problemas sanitarios y económicos, pero como dijo en la conferencia Moreno de Silva, «tras mis hijos, mi pasión es la ganadería de bravo con la que hago lo que quiero». Ello le supone el diez por ciento de su negocio, y ello le da la libertad para tomar el destino que más le apetece con sus toros. Sabedor de la plaza en la que hay que rendir cuentas es la de Madrid, la más importante del mundo, donde muchos de sus toros han derrochado embestidas recordadas por el propio criador y por la entendida afición venteña. Nombres como ‘Viergado’, ‘Asturdero’, ‘Horquillito’ o el novillo ‘Consejote’ han sido animales que han dejado el nombre de Saltillo, y que reiteró Joaquín Moreno, que dejaron las embestidas más humilladas de los últimos años en las Ventas.
Defensor vehemente de lo que lleva entre manos, no dudó en disertar sobre momentos actuales como la televisión, la incidencia de las redes sociales a las que considera importantísimas, la defensa de la integridad del toro y promocionar al aficionado desde niño. Habló sobre los toreros que gracias a sus toros de Saltillo en Madrid, han conseguido abrirse un hueco en circuitos toristas de manera importante, como Octavio Chacón tras su actuación el pasado San Isidro. Tuvo palabras muy cariñosas con el matador de toros toledano Cristian Escribano, quien cortó una oreja de un Saltillo el día de su confirmación en Madrid, el cual tuvo el detalle de acompañar al ganadero en esta charla.
Para que los asistentes pudiesen conocer, como el criador ve a sus toros, nos contó de sus manera de mirar, de pensar, que siempre van a más, la firmeza con la que hay que estar delante de ellos, la duración de las faenas, lo que considera primordial ante astados muy inteligentes que reconoce que da miedo ponerse delante de ellos. Su mercado se basa en plazas de importante categoría, como Madrid, donde este año ira en el desafío ganadero y con una novillada, volverá a Ceret, donde es un fijo y se le conoce su trabajo y lidiará en Zaragoza.
Sobre el futuro de la fiesta, el apuesta por seguir luchando en el oasis del desierto con su vacada, al igual que lo hacen Victorino, Adolfo, Miura, la Quinta, y otros pocos que apuestan por sus principios y el mantener encastes que diversifiquen el menú que se le quiere ofrecer al aficionado, que en su mayoría se nutre de encastes ‘Domecq’ y Nuñez. La tarde fue muy gratificante y levantó tal expectación que hubo quien tuvo que escuchar al ganadero de pie. Allí hubo caras conocidas como los ganaderos Ramón Gutiérrez, Carlos Serrano, Santiago Domingo, Francisco Camino y Álvaro Naranjo. Empresarios taurinos como Vicente Romera y matadores de toros como Cristian Escribano y Joselito de Vega. Lo que si se echó en falta es a aquellos líderes políticos o simplemente políticos, que venden apoyar la tauromaquia pero solo de cara a la galería y no estando cerca del aficionado en actos culturales donde se sentirían confortados por un público deseoso de que sus dirigentes estén acompañándolos en eventos como el de la Peña El Trapío de Toledo.