Manuel Santolaya destaca el valor del patrimonio residencial

C.M.
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Manuel Santolaya destaca el valor del patrimonio residencial - Foto: Yolanda Lancha

«El patrimonio residencial empieza a tener un valor que está muy cerca del patrimonio catalogado, del histórico y artístico», afirma el presidente del Consorcio en una entrevista en La Tribuna

Echa la vista atrás, Manuel Santaloya, tras constatar en su ‘cuenta de la vieja’ que el asunto económico no está para demasiadas alegrías. Y no lo está porque el presupuesto aprobado para este año roza unos escasos tres millones a pesar de la intensa labor desarrollada por esta institución en sus ya 15 años de vida.  
Las aportaciones de las cuatro administraciones consorciadas permanecen invariables respecto al ejercicio anterior, de ahí que el importe nominal previsto recibir durante 2019 se sitúa en los 2,84 millones de euros. El Estado, a través del Ministerio de Hacienda, es  la entidad que más aporta, con cerca de 1,6 millones de euros. La aportación de la Junta es de 600.000 euros, a los que se suman los 400.000 euros de la Diputación Provincial y los 300.000 del Ayuntamiento de Toledo.
Sólo recordar, en torno a las cifras disponibles, que el Consorcio contó en 2005 con un presupuesto que ascendió a la cantidad de 15.390.000 euros, y que cuando el actual gerente llegó en 2008- «las inversiones se situaban entre los 10 y los 12 millones de euros».

Desde el Consorcio se viene solicitando un incremento de las asignaciones y aportaciones. ¿Cómo se presenta el reto?
Hemos hablado con todos los responsables de las entidades consorciadas y existe interés, voluntad y ganas para ir resolviendo problemas dentro de la ciudad que llevan años sin resolverse. Ya iremos viendo cómo se presentan los próximos años en esta cuestión porque las restricciones generadas por la crisis han sido importantes.

Los cierto es que con un presupuesto tan reducido no se pueden ejecutar muchas de las propuestas planificadas.
Sí, el descenso se ha ido produciendo de forma secuenciada, pero sí, con estos presupuestos hemos tenido que renunciar a realizar grandes actuaciones urbanas. Aún así creo que se han notado los efectos de una dinámica que se preocupado de mantener la ciudad, de hacerla habitable.

Eso a pesar de los muchos condicionantes de este Casco histórico.
Sí, eso es cierto. Jamás me hubiera podido imaginar, por ejemplo, los problemas que debemos afrontar cada vez que tenemos que eliminar el cableado en cualquiera de las fachadas intervenidas. A veces me pregunto cómo es posible que sea tan complejo solucionarlo a pesar de que, con cada actuación, hablamos con todos los agentes implicados. Y este es sólo un aspecto de los muchos a los que hay que hacer frente.

En los últimos ejercicios la inversión destinada a rehabilitación de vivienda es prioritaria. ¿Están logrando este objetivo?
El 70% de nuestro presupuesto de inversiones está destinado a vivienda, tanto a las áreas de rehabilitación, subvención como a las de elementos especiales; es decir, a la intervención integral en sus diferentes capítulos.
En este aspecto creo que hemos logrado que el patrimonio residencial empiece a tener un valor que está muy cerca del patrimonio catalogado, del histórico y artístico. Tenemos la suerte de que en esta ciudad la mayor parte de los elementos conservados están en las viviendas, y hay que ir sacándolos poco a poco. De hecho, te diría que es muy raro que haya un edificio de viviendas que no conserve alguna pieza de interés.

¿Cómo valora el cambio ciudadano a la hora de querer conservar  el patrimonio de sus inmuebles?
Los residentes nos empieza a llamar, y es de agradecer porque esta dinámica ha cambiado mucho en los últimos años. Hace 10 años no existían las comunidades de vecinos, y ahora es un instrumento fundamental porque nos requieren y tratamos de atender a todos. El año pasado vinieron cinco comunidades y ya estamos redactando tres de esas actuaciones destinadas a la mejora de elementos comunes.
Eso no es noticia, pero requiere mucho tiempo y esfuerzo. Y ahí seguimos porque en el mapa de actuaciones ya realizadas existen zonas vacías. Por ello el objetivo es seguir aplicando esta regla -no está escrita- de continuar invirtiendo el 70% de las inversiones en rehabilitación de vivienda.

Esta intervención se torna muy adecuada en un Casco que no gana población. ¿Qué medidas deberían propiciarse?
Nosotros venimos años diciendo que falta comercio de cercanía, que faltan centros de salud y más servicios necesarios para fijar la población. Lo hemos intentado incentivando la rehabilitación de viviendas y comercios, pero no podemos hacerlo nosotros, ojalá que pudiéramos realizarlo contando con presupuesto y con recursos.
De hecho, hemos trabajado, en alguna rehabilitación, para posibilitar edificios destinados no tanto a la venta y sí al arrendamiento.

Pero esta opción se los ha vuelto en contra. Me refiero a  la polémica surgida con los apartamentos turísticos.
Pues sí, parece que se ha vuelto contra nosotros, pero nosotros no rehabilitamos para ofertar apartamentos turísticos. El Consorcio no otorga las licencias para este tipo de actividad.

Quizá esta percepción se debe al desconocimiento de las competencias del Consorcio.
Sí, eso es evidente, nuestra entidad no tiene esas competencias y en las que tenemos tratamos de actuar siempre con rigor y criterio. En Toledo siempre han trabajado los mejores y hemos tratado de que continuará siendo así en las actuaciones urbanas. Se ha evaluado cada espacio a intervenir para hacer lo que entendíamos que correspondía hacer en cada caso.

Eso a pesar de que siempre hay críticas y opiniones diversas.
En esta ciudad las soluciones no son sencillas, no se puede recurrir a soluciones unitarias. Sobre las opiniones, creo que es incluso hasta bueno porque eso denota que estamos en la mente de la mayor parte de la población. Sin embargo, a veces echo en falta que se hable con objetividad y pensando las cosas.

El Ayuntamiento está trabajando en esta regulación, pero el proceso no está muy avanzado.
Sí, el problema no es sencillo, pero si en otros ámbitos se pueden retrasan la concesión de licencias, tal vez podrían plantearse  hacer algo parecido con estas solicitudes a la espera de la puesta en marcha de dicha ordenanza.

Otro de los aspectos en los que están siendo muy activos es el relativo a la implicación de colectivos y asociaciones en la gestión de algunos espacios ya rehabilitados.
Sí, trabajamos en el ámbito de las ayudas sociales y en la consecución de la participación social. Pero esta labor no está considerada como debiera, parece que sólo son noticia las grandes intervenciones y, por ejemplo, nadie habla de las personas que viven en las viviendas que han sido intervenidas.
Nosotros continuamos gestionado actividades, conciertos y exposiciones para dar vida a la ciudad a diario. Damos pie a la creación y a la posibilidad de que pueda ser exhibida en un Casco en el que apenas quedan salas.

Ahora asumen la gestión de San Felipe Neri. ¿Cómo se presenta este espacio?.
Pues nos hemos sorprendido porque apenas hemos firmado el acuerdo de cesión con la consejería de Cultura y ya tenemos una larga lista de peticiones para poder utilizarlo.

Eso significa que la ciudadanía responde a este tipo de actuaciones.
Sí, existe mucha demanda de lugares de encuentro y por ello, a pesar del esfuerzo que supone, asumimos la gestión y el mantenimiento de estos espacios. Lo cierto es que me duele que edificios tan importantes del Casco estén cerrados.

En varias ocasiones ha hablado de la necesidad de trabajar en torno al mecenazgo.
Sí, hace años hablamos con empresas y entidades interesadas en aportar cantidades destinadas a la restauración, de hecho algunas rehabilitaciones se ejecutaron con su ayuda. Pero eso también ha cambiado, aunque sigo en contacto con varias de ellas ahora cuesta mucho más, es un momento difícil.

En ocasiones se echa en falta la presencia del Consorcio en la zona extramuros del Casco que tiene un importante valor en el ámbito de la gestión patrimonial.
Actuamos en el Casco, pero hemos tratado de salir un poco fuera, de hecho llevo un tiempo trabajando sobre la delimitación establecida por La Unesco en su declaración. En este estudio me encontré con que podíamos ayudar en el Hospital de Tavera, una pequeña aportación que nos permitió poder realizar visitas en este inmueble.
Sin embargo, hay asuntos que no podemos atender porque son competencia de otras administraciones, como las murallas y los puentes que pertenecen al Ministerio de Cultura, o la  Catedral que está integrada en el Plan  Nacional de Catedrales. Creo que estos ámbitos hay que respetarlos porque son entornos suficientemente salvaguardados por instituciones de mayor importancia que la nuestra.
Pero en Vega Baja o en el Circo romano las actuaciones de otras administraciones no están dando los frutos deseados.
Tiene tanta importancia lo que hay ahí, no sólo la zona del Circo romano sino todo el entorno, que no creo que debamos entrar. Entre otras cosas porque allí la labor a desarrollar es puramente arqueológica, no hay que olvidar que este espacio albergaba importantes infraestructuras romanas porque era una especie de presentación de lo que te ibas a encontrar en la ciudad.
¿Cómo cree que debería actuarse, o no, en estos espacios?
Hay que ir haciendo las cosas despacio y tratar de ir dejando algo sin tocar para que alguien, dentro de 50 o 100 años, con otras técnicas y otra manera de entender el patrimonio sea capaz de abordarlo y experimentar nuevas posibilidades. A veces es mejor dejar zonas intactas.
¿Reservas para las próximas generaciones?
Creo que sí, reservas patrimoniales como se está haciendo en los ámbitos vegetales, en selvas o en desiertos. Todas las ciudades deberían contar con este tipo de espacios pensados para desarrollar en un futuro con otras necesidades.
¿Y qué pasa con el urbanismo? Las últimos planeamientos parece que sólo conciben la construcción como única forma de hacer ciudad.
Hemos pasado de la ciudad pensada, armónica, para vivir en un ambiente urbano mejorado en contacto con el natural, al urbanismo bestial del siglo XX. El mejor ejemplo es la zona de Los Ángeles, con urbanizaciones sin ciudad que, en nuestro país, son los famosos PAUS. Ha desaparecido el concepto de trazar calles, de mantener hitos para identificar los espacios, y eso propicia que si todos los lugares son iguales e inocuos no sé hacia dónde vamos. Nos encontramos en ese momento.
¿Entonces?
Mira, yo dejé de preocuparme mucho por el urbanismo al ver que no podía hacer nada, al confirmar que la legislación empezó a ser más importante que el diseño de la ciudad. Es decir, cuando los intereses son más fuertes que la voluntad de querer hacer algo así. Lo cierto es que estoy bastante perdido, al urbanismo ya no le interesa ni por dónde sale el sol, ni por dónde se pone, ni cómo dejar los espacios verdes para el disfrute del ciudadano.
De hecho, estos espacios se van dejando en zonas residuales, que no interesan para edificar, las zonas cedidas siempre son las peores. Desde luego hay algo que está fallando, pero en este aspecto tenemos la suerte de vivir en una ciudad que lleva existiendo, que sepamos, por lo menos 1.500 años.