La azulejería talaverana fue clave en la Alta Extremadura

Leticia G. Colao
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La azulejería talaverana fue clave en la Alta Extremadura

El experto y catedrático en Historia del Arte, Florencio García Mogollón, ofreció ayer la última ponencia dentro del ciclo organizado por la Asociación de Amigos del Museo Ruiz de Luna

La azulejería talaverana de los siglos XVI-XVIII fue muy importante en el norte de Extremadura, donde aún se conservan grandes ejemplos de retablos o arrimaderos con la firma del maestro azulejero Jan Floris, y donde también se disfruta de un importante conjunto firmado por Ruiz de Luna, ya en el siglo XX. Este ha sido el tema de la última conferencia organizado por la Asociación de Amigos del Museo Ruiz de Luna en el marco de ‘aTempora Talavera’, que ayer protagonizó Florencio Javier García-Mogollón, catedrático de Historia del Arte en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Extremadura además de experto en la azulejería talaverana en la Alta Extremadura.
La unión territorial y sentimental entre la comunidad extremeña y la comarca talaverana se amplía también al mundo del arte, donde la cerámica de Talavera tuvo un destacado papel. García Mogollón destaca los «muy importantes conjuntos de azulejos, de los siglos XVI al XVIII, algunos de ellos lamentablemente desaparecidos» pero documentados fotográficamente a través de un estudio en el que trabaja desde hace más de 30 años.
Estas obras se realizaron y así están documentadas principalmente  en la provincia de Cáceres, ya que en Badajoz la cerámica responde en mayor medida a piezas procedentes de talleres sevillanos y portugueses.
García Mogollón, que también es socio fundador del Comité Español de Historia del Arte y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla y de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala, destacó la importancia del maestro azulejero Jan Floris, castellanizado Juan Flores, y sus nuevas técnicas y decoraciones traídas de Flandes, como gran artífice de las obras cerámicas en el siglo XVI.
Su estancia en Plasencia antes de ser llamado por el rey Felipe II para que realizara sus encargos reales y la obligación de que se estableciera en Talavera, sirvieron después, ya hacia 1562, como «un revulsivo para los talleres talaveranos», lo que significó además el auténtico renacimiento de esta artesanía en la ciudad.
panel de cañaveral. Precisamente de Floris es la única pieza cacereña que se expone estos meses en ‘aTempora Talavera’. Se trata del frontal de la parroquia de Santa Marina de Cañaveral, ubicada en la muestra junto al gran panel de azulejos de la Ermita de Peñitas, en Oropesa, también del de Flandes. El de Cáceres es un frontal de altar de azulejos, como la mayoría de las piezas cerámicas en esta parte de Extremadura, «de una grandísima calidad, excepcional en el conjunto de la azulejería española», explica el experto. La imagen de Santa Marina, en el centro, se encuentra flanqueada por Santa Catalina de Alejandría y Santa Bárbara, identificadas por sus símbolos iconográficos y emergiendo entre motivos florales y geométricos. Los colores se mueven entre los tonos azules intensos, verdes y amarillos sobre fondo blanco.
Se da la circunstancia que este gran panel «estaba desmontado hasta 2010 y con los azulejos apilados en una dependencia parroquial con grave riesgo de pérdida», indica García Mogollón, momento en el que, gracias al esfuerzo de la parroquia y desde la delegación de Patrimonio de la Diócesis Coria-Cáceres, del que es máximo responsable, «conseguimos restaurarlo y ponerlo en valor y por ello ahora puede estar presente en la exposición de Talavera».
Quizá sea el más espectacular pero no el único. En este mismo ámbito, se documentaron un total de siete grandes retablos, uno de ellos el de SanPedro de Garrovillas, también firmado por Floris, y otros dos ya desaparecidos en Piornal.
También a destacar por su importancia son los de San Lázaro de Plasencia o el gran conjunto azulejero de la Casa del Rincón de Valdepalacios, antigua granja de los Jerónimos de Guadalupe, con una capilla con un ábside totalmente cubierto de azulejos.
En el Monasterio de Guadalupe también hay importantes ejemplos de cerámica talaverana, especialmente en los arrimaderos de pirámides truncadas de parte de la tribuna coral y en la capilla de Santa Ana.
La comarca de La Vera presume además de varios de estos paneles, entre ellos Pasarón de la Vera, Valverde o Jarandilla. También en Los Ibores.
El claustro de La Colegial cuenta además con paneles de grandes retablos cerámicos en la Alta Extremadura imposibles de trasladar por sus dimensiones, entre ellos los del Museo Catedralicio de Plasencia.
Pero más allá de los siglos gloriosos de la cerámica local, la Alta Extremadura cuenta con una obra ejemplar de la fábrica de Ruiz de Luna, en Cabezuela del Valle, fechado en 1938. Se trata de un conjunto que adorna la sacristía, un arrimadero adornado con santos y presidido por un altar de San Miguel, explica el conferenciante, conservado perfectamente junto a la firma ‘Talavera’.