Riqueza paisajística y cultural

Lola Morán Fdez.
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Los Jardines del Prado han sido declarados Bien de Interés Cultural (BIC) en su categoría de 'Jardín histórico' por su trayectoria histórica, su valor paisajístico, sus elementos arquitectónicos de interés patrimonial con cerámica de gran calidad

Riqueza paisajística y cultural - Foto: Manu_Reino

Que los Jardines del Prado son uno de los espacios más emblemáticos de Talavera no se le escapa a ningún talaverano, si bien es probable que sean muchos menos los que conocen la riqueza patrimonial y natural de lo que alberga en su interior. Vegetación y azulejería cerámica son dos de los grandes protagonistas en estos jardines que cuentan con una rica y variada colección que les ha hecho merecedores de ser declarados por parte de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha como Bien de Interés Cultural (BIC) en su categoría de ‘Jardín Histórico’.
De hecho, su historia es remota y el Prado ya figura en la vista más antigua que se conserva de Talavera, del año 1567 y obra de Anton van der Wyngaerde. En ella aparece representado como un descampado en el que sobresale el volumen de la ermita. Ya en 1681 la nueva vista que dibujó I.F. Leonardus recoge esta ermita rodeada de arbolado y se vinculó a lo que era una frondosa alameda que se convirtió en una de las zonas de ocio de referencia de los talaveranos.
Este espacio de paseo y de relaciones sociales ha ido cambiando de aspecto a lo largo de los años y desde que se realizara en 1862 el trazado del núcleo original de lo que hoy son los Jardines del Prado se han registrado cambios significativos. Distintas remodelaciones han ido otorgando al Prado la imagen actual al gran punto de encuentro de los talaveranos.
Del pasado perviven cuestiones como la conexión de los jardines con la ciudad a través del Paseo del Prado. Por él se llega a los conocidos ‘arcos del Prado’, que son en realidad un triple arco de fábrica de ladrillo cubierto por tejadillo que datan probablemente de los años 40 del siglo XX. A sus lados, dos vanos con machones decorados con azulejos de Ruiz de Luna y rematados por un vallado enriquecido a su vez con azulejos de Artesanía Talaverana ofrecen al visitante la primera muestra de la artesanía que dota a este espacio de su singular personalidad.
La cerámica es una de las constantes en este área de la ciudad, presente en bancos, pedestales y pérgolas. Destacan los muros curvos situados en el paseo central y que hacen las veces de asientos, decorados con azulejos de arista.
La cerámica luce de manera especial en las fuentes repartidas por los paseos y plazoletas que conforman el trazado de los jardines, donde sobresale la ‘Fuente de las Ranas’, obra original de Ruiz de Luna y Francisco Arroyo, hoy día totalmente redecorada por el Alfar El Carmen.
La cerámica también protagoniza los bancos de fábrica de ladrillo ornamentados con azulejos con diferentes motivos, desde animales a edificios o personajes. Entre los primeros figuran los situados junto a las pajareras, ambientados con azulejos de pavos reales y un amplio catálogo de aves; y las escenas taurinas en los más próximos a la plaza de toros. En sus inmediaciones se sitúan también bustos de toreros, entre ellos ‘Joselito’.
Es precisamente ‘La Caprichosa’ uno de los grandes edificios de referencia de los jardines, junto a la Basílica del Prado, ya de por sí Bien de Interés Cultural. En ambas edificaciones rematan los paseos del Prado, si bien los jardines continúan en la parte posterior del templo, con vegetación y una escultura contemporánea alegórica de la maternidad.
El templete de música, decorado con instrumentos y notas musicales del taller de Artesanía Talaverana; así como la casa de las palomas y el estanque de los patos, con una renovada decoración efectuada por Centro Cerámico Talavera, son parte esencial de estos jardines.
En este paseo por el Prado destaca también la caseta de estilo neomudéjar que alberga los urinarios públicos; frente a ellos, destaca la instalación del ‘Árbol del bicentenario’, un monumento de metal y cerámica que conmemora los 200 años de la Batalla de Talavera, obra de José Luis Espinosa y fabricado en varios talleres de la ciudad.
Destaca también la escultura de homenaje a la Constitución, obra de Víctor González Gil.
El Prado cuenta además con una variada vegetación, con pinos de elevado porte, acacias-sóforas, plátanos, castaños de indias, palmeras fénix, magnolios, laureles, mimosas, aligustres, cedros, tilos, entre otros.