Toledanos en busca del Corpus

C. S. Jara
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No había toldos ni adornos, pero hubo quien acudió a cumplir con la tradición de hacer el recorrido de la procesión. Los escasos visitantes no pudieron entrar a la Catedral ni casi acercarse

Toledanos en busca del Corpus - Foto: VÁ­ctor Ballesteros

La tradición más toledana ha cumplido este año con pocos tópicos. Sin toldos, sin adornos y sin flores, las calles amanecían ayer sin el característico olor a tomillo, pero con el estruendo de las bombas reales, que resonaron a las ocho en punto de la mañana. Por las calles hubo pocos transeúntes, pero más que un festivo cualquiera, porque buscaban el rastro de un Corpus que ha pasado casi en blanco. Por la mañana la celebración se limitó a la misa en la Catedral, a la que los toledanos de a pie no se pudieron sumar, y casi ni acercarse, después de que se hubiera anunciado el cierre de la plaza del Ayuntamiento, para evitar aglomeraciones. Lo más parecido a una concentración estuvo dentro del templo primado, con quinientos asistentes a la celebración religiosa a la que solo se podía acceder mediante invitación. Autoridades varias, representantes de los diferentes capítulos y hermandades que habitualmente desfilan en la procesión y miembros de las parroquias componían el selecto grupo de asistentes. En la puerta se quedó compuesta y sin misa más de una toledana entrada en edad, lamentando las restricciones, aunque, en contra de lo anunciado, sí se permitió que algunos vecinos presenciaran desde la plaza del Ayuntamiento la bendición que ofreció el arzobispo de Toledo desde la Puerta de Reyes de la Catedral, abierta para la ocasión.  
Las calles del Casco distaron mucho de las masas habituales, aunque no faltaron quienes quisieron, previo desayuno en el quiosco Catalino, cumplir con la tradición de hacer el recorrido de la procesión. Esta vez no para comprobar la transformación de las calles, sino para constatar que no se había producido cambio alguno. A primera hora se dejó notar además algún trasiego de asistentes a la misa, ataviados con la indumentaria de sus cofradías o vestidos de oscuro, con alguna nota de color como la que pusieron los ‘seises’ mientras se dirigían a la Catedral. Entre los políticos varios concejales o el líder regional del PP, Francisco Núñez, se quedaron solos con el chaqué de costumbre, prenda poco adecuada para una jornada sin celebraciones. Fueron algunas de las notas a destacar de esa nueva normalidad, en la que ni siquiera llegó a cumplirse el célebre dicho de ese jueves del año que luce más que el sol, porque poco después del mediodía el cielo se encapotó y apenas volvió a asomar.
Un Corpus tan atípico en el que los trabajos de la fibra óptica, que tanto se han hecho esperar, no se tomaron descanso, la torre de la Catedral permaneció vestida con lonas y andamios, mientras que los balcones se quedaban desnudos y la Custodia encerrada en el templo primado. 


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