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La magia que nunca acaba

Diego Izco (SPC)
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El centrocampista del Madrid Luka Modric atraviesa a sus 36 años el mejor momento de su carrera

El futbolista del conjunto merengue está completando una magnífica temporada. - Foto: AHMED YOSRI

Haciendo deporte-ficción, triunfará el investigador que sea capaz de sintetizar el gen competitivo del deportista tipo balcánico. Todavía hoy, a pesar la división de la antigua Yugoslavia en siete 'trozos', aparecen míticos los nombres de los Petrovic, Seifert, Kukoc, Vujovic, Mijatovic, Cutura, Balic, Divac, Radulovic y compañía. Ahora suenan los de un esloveno como Doncic, un serbio como Djokovic (aunque suene demasiado)… y cerrando ese trío de grandes protagonistas actuales, el de Modric, Luka, 'niño' croata que sigue desafiando las leyes de la lógica deportiva, la que marca un declive (y no un despegue) más allá de los 30-32 años. Y tiene 36.

«El deporte de élite ha cambiado mucho y las vidas deportivas son cada vez más largas», aseguraba el doctor Del Corral, exjugador de baloncesto del Real Madrid y responsable de los servicios médicos del club entre 1994 y 2007. El deportista sigue alcanzando la cima a la misma edad, pero mantenerse nunca fue tan 'sencillo' como ahora: la evolución ha sido brutal en campos como la preparación física (mediciones físicas y químicas -sangre-, proyecciones o cálculos de picos de forma), la readaptación/recuperación de los profesionales tras los partidos y entrenamientos, la alimentación y un sinfín de procesos 'intermedios': cámaras hiperbáricas, contrastes, máscaras de oxígeno...

Talento

Esto puede justificar que alguien de 36 años se mantenga en la élite, pero solo el talento justifica que lo haga al máximo nivel y erigiéndose en protagonista y estrella: fue designado, con toda justicia, como el mejor jugador de la final de la pasada Supercopa. No es una locura decir que Luka Modric (Zadar, Croacia, 9 de septiembre de 1985) atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera. Su fútbol incluso brilla hoy más que en 2018, cuando recibió el Balón de Oro, un galardón más asentado en el brillo colectivo (ni fue el mejor del Real Madrid que logró la Champions, ni el mejor de la Croacia subcampeona en el Mundial de Rusia).

En la actualidad, Courtois asienta, Vinícius revoluciona y Benzema mata. Pero para que esto suceda, la sala de máquinas se basa en un triángulo (Casemiro-Kroos-Modric) que funciona con unos automatismos imposibles de fijar por un entrenador. «Hacen cosas que yo no les pido y siempre lo hacen bien. No pienso tocar nada», ironizaba Ancelotti a finales de año. De los tres, Modric es el que menos pases ejecuta, lo que indica que son constantes sus relevos y permutas, pero cuando hay que hacer magia en los últimos metros, el que aparece es Modric: igual que en ese triángulo mágico de Barça y España (Busquets-Xavi-Iniesta) aparecía Andrés. Curiosamente, ambos ven el fútbol desde la misma altura (1,71 metros), aunque parezcan contemplarlo desde una atalaya para tomar casi siempre la decisión correcta.

Renovación

Cada año que pasa, Modric se presenta en Valdebebas con un kilo menos. Ahora son apenas 65 los que le permiten moverse con el campo con la velocidad y voracidad de un recién llegado. «Hay que dosificarlo, sí, pero no mucho», decía Ancelotti, consciente tanto de la edad del genio de Zadar como de su ascendiente sobre el juego del equipo. Son ya 18 los títulos que ha levantado como madridista en 10 temporadas, que serán 11: Modric y el Real Madrid firman temporada a temporada, su contrato termina en junio de este año.

«No me canso de ganar -dijo tras la Supercopa-, pero queda mucho por delante». Es un 'mucho' que en otros tiempos y a estas alturas se medía en partidos, pero ¿por qué no hacerlo en temporadas, tal y como se encuentra el jugador? Elegante como pocos en el planeta, dueño de la pausa y de ese don de ejecutar la acción una décima antes de que el defensor pueda intuirla (¡Cuántos balones de Modric son 'casi' interceptados!): sale a lección por partido. Ni una sola tarjeta, 105 recuperaciones de balón (4,7 por encuentro) y una elegancia insuperable dentro y fuera del campo. Sin estridencias, sin tatuajes ni cortes de pelo estrambóticos, con un aire de fútbol viejo que atrae a los jóvenes, enamora a los nostálgicos… y gana títulos.