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«El padre Revilla fue olvidado por los dos bandos»

M.G
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Carlos Sánchez Tárrago, autor de 'El padre Revilla' desgrana a un personaje muy relevante para la historia que ha permanecido olvidado durante muchos años. El historiador buceó en archivos y hemerotecas para reconstruir la vida del fraile capuchino

«El padre Revilla fue olvidado por los dos bandos» - Foto: David Pérez

El padre Revilla apareció sin más en la entrevista que Carlos Sánchez leyó hace tiempo sobre el líder rifeño  Abd-el-Krim en el diario La libertad, en 1922. La curiosidad ganó y se puso a indagar en archivos y hemerotecas buscando más sobre este fraile capuchino tan relevante en la historia de España en la década de 1920, silenciado y olvidado por la Iglesia y por la Memoria Histórica. Y de conocer de refilón a esta figura ha pasado a publicar un completo ensayo sobre la vida del 'cura rojo' que denunció la miseria de los campesinos y fue detenido y fusilado por un grupo de falangistas que lo sacaron del penal de Burgos el 4 de septiembre de 1936.  

¿Por qué decide rescatar la memoria del padre Revilla?

Por casualidad. En el primer centenario del desastre de Annual, que celebramos este año, quise ocupar mi tiempo libre durante la pandemia y me puse a investigar. Me encontré una entrevista en el que se citaba un par de veces a este personaje que no conocía. La curiosidad me llevó a buscar en google y me encontré  con una noticia de El País, en 2011, de una exhumación de una fosa en la provincia de Burgos. Junto a unos restos apareció un crucifijo y se relacionó con el padre Revilla, un capuchino muy conocido que había desaparecido al inicio de la Guerra Civil. Fue un personaje muy mediático y muy conocido en los años 20. La curiosidad me llevó a buscar más, fui reuniendo documentación y escribí este ensayo biográfico.

Es curioso que siendo el padre Revilla tan conocido en la década de 1920 y con tanto recorrido se haya olvidado su historia a pesar de su lucha social, su vinculación al Ejército, a la política, a la Iglesia...

Es lo curioso. En la época fue conocidísimo. He leído muchos periódicos y revistas  en los que se hace referencia a este conocido personaje. La labor de investigación ha sido muy intensa en archivos. El Padre Revilla fue oficial del Ejército, capuchino, piloto, tenía Filosofía y Letras, Aeronáutica, era doctor en Derecho, era recibido por el rey, por el presidente del gobierno, por todos...

Incluso Franco lo admiró en un primer momento, ¿no?

Sí. Él estaba en Burgos cuando se produce el desastre de Annual, solicitó ir allí y se incorporó a la Legión como capellán. Y se encontró con que uno de los batallones lo mandaba Franco. El padre Revilla estuvo en contacto con Franco, pero curiosamente éste se inhibió en la votación para concederle la cruz laureada, ya que fue herido. Aún así , Franco tuvo que admirar al capuchino que alzaba el crucifijo al cielo animando a los legionarios a entrar en combate.

A la Iglesia tampoco le ha interesado el padre Revilla y a pesar de su exhumación hace diez años sigue sin interés por rescatar su memoria, ¿no?

Sí y resulta curioso. He preparado un artículo porque cuando publiqué el libro en enero para recuperar el personaje coincidió con que la Iglesia iniciaba el proceso de beatificación del padre Huidobro, un jesuita cuyo paralelismo con la vida del padre Revilla es bastante notable. Son las dos caras de una misma moneda. El uno capuchino y el otro jesuita, ambos capellanes de la legión; uno desde Burgos solicita incorporarse al Protectorado de Marruecos y el otro desde su exilio en Bélgica se incorpora al frente de Madrid al inicio de la Guerra Civil. Mientras el padre Revilla fue fusilado por sus ideas, Huidobro muere por un obús. Sin embargo, se ha iniciado un proceso de beatificación del último mientras la figura del padre Revilla sigue en el olvido.

También suele decir a menudo que la Memoria Histórica tampoco ha querido ocuparse del padre Revilla a pesar de su militancia de izquierdas y su afinidad con la República.

Ha sido olvidado por los dos bandos, quizá porque era un personaje frontera. La Iglesia y el Ejército lo ven como un cura rojo, y en la otra parte se  ve a un militar y un cura. Sin embargo, defendió unos buenos principios a lo largo de su vida a favor de lo más desfavorecidos, principios de justicia, solidaridad y libertad. Se trata de un personaje extraordinario y con una vida apasionante.

El Padre Revilla tuvo que ser bastante incómodo porque en los años 20 se tuvo que exiliar a Portugal por ser muy crítico con el rey Alfonso XIII.

Efectivamente. El rey lo recibe en un primer momento cuando lo solicita porque lleva un proyecto agrícola para el Rif. Pero el rey le decepciona. Así lo dice en una gran entrevista en el semanario Mundo Gráfico en la que analizó la política del protectorado español y de Alfonso XIII y no lo dejó muy bien. En cierta manera, culpabilizó al rey del fracaso de la política de España en Marruecos y la llegada de la dictadura de Primo de Rivera.

Llama la atención una frase del padre Revilla que dice mucho del personaje. 'De no tener fe sería anarquista, como la tengo soy franciscano.

En una entrevista le preguntaron cómo se definiría y dijo esa frase. Él se fue alejando de la orden capuchina y de las instituciones en general porque no se encontraba cómodo, quizá por ese espíritu de libertad y de no querer estar sometido a ningún tipo de jerarquía.

El padre Revilla ha pasado desapercibido, pero otros curas denominados rojos han tenido tanta relevancia en la dictadura, como el padre Llanos o García Salve.

Sí. Su caso fue totalmente olvidado y si no se hubieran dado las circunstancias de esa exhumación en 2011, posiblemente no se habría recordado su figura. Hubiera sido una pena porque el padre Revilla es una figura muy interesante porque hizo un recorrido por instituciones y personajes muy relevantes, muchos de ellos también olvidados.

En el libro dedico un capítulo a una transcripción de un viaje que realizó al sur en el año 1926 y es un magnífico retrato que refleja la paradoja del gobierno español, que intentaba civilizar una región al otro lado del Estrecho cuando España todavía estaban así las Hurdes, el paradigma de otras regiones en el abandono y la miseria. Curiosamente, él hizo el viaje cuatro años más tarde que Alfonso XIII y se encontró un panorama desolador.

En su ensayo aporta incluso algún testimonio inédito.

Sí. He conseguido testimonios familiares en Valdeobispo, el pueblo de su padre, y en Vallejera, donde nació. Son de personas mayores a los que sus abuelos hablaban del padre Revilla. Obviamente, que llegase una personalidad que había visitado al rey no pasaba desapercibido.

Si tuviera que definir al padre Revilla, ¿diría que fue un hombre de paz en la guerra, como se ha dicho, o es demasiado poético?

Él era un hombre de paz y defendía a los más desfavorecidos siguiendo el espíritu franciscano. Estaba a favor del pueblo y su deseo siempre fue crear una universidad para pobres. En esa lucha a favor de los desfavorecidos se vio implicado, por ejemplo, en las reivindicaciones de los agricultores en Trujillo al hilo de las expropiaciones en la Segunda República. Pero entiendo que se acercó con espíritu de paz, pero llevando la defensa de los más desfavorecidos hasta sus últimas consecuencias. Él entregó su vida hasta su ejecución e incluso perdonó a sus ejecutores y les consideró víctimas como él y fue consciente de la situación que había en España.

¿Anda usted metido en alguna otra investigación en estos momentos?

Tengo un segundo libro en imprenta sobre el asedio de Monte Arruit, donde  fueron asesinados 2.500 militares en un pacto de rendición. A los dos meses el padre Revilla se incorporó para enterrar a los cadáveres. También estoy trabajando ahora en otro personaje interesantísimo, Eduardo Ortega y Gasset, hermano mayor del conocido filósofo, que quedó eclipsado por él.