«El Ejército forma auténticos líderes»

Francisco J. Rodríguez
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«La Academia de Infantería no solo está en Toledo, es parte de Toledo», señala en una entrevista el general de Infantería y exdirector de la Academia

«El Ejército forma auténticos líderes» - Foto: David Pérez

¿Qué significa para un toledano, criado en la ciudad y formado en la Academia de Infantería, haber tenido la oportunidad de ser el director de esta última institución?
Para un toledano que se cría en la ciudad, que a los 17 años se va a Zaragoza y que luego está dando vueltas por España durante casi 27 años, incluyendo misiones en el exterior, además de un honor, un privilegio y una responsabilidad, es una oportunidad.
He podido entregar a la Academia todo lo que he aprendido durante estos años; todo lo que la Academia me enseñó como cadete y todo lo que he aprendido en las unidades de infantería dentro y fuera de España; y en los Estados Mayores y Cuarteles Generales. Llegar a mandar la Academia con ese bagaje ayuda a saber con qué se van a encontrar los alumnos en un futuro. Si a eso le unes la condición de toledano y haber estado familiarmente unido a la ciudad, pues mi padre fue profesor de esta Academia durante años, pues todo eso produce un sentimiento y una motivación que me ha ayudado mucho.
En relación a lo que dice, y como coronel director de la Academia, ¿en qué medida ha podido usted aportar su granito de arena al temario de los cadetes?
El plan de estudios viene perfectamente marcado. El ‘qué’ tengo que enseñar está establecido. Mi misión era el ‘cómo’ llevarlo a cabo con los medios disponibles. Y ahí tengo libertad de decidir cómo se van a enseñar las cosas. Ese ‘cómo’ nació hace muchos años, pero está cambiando constantemente, por la evolución de los conflictos.
Mi empeño ha sido cambiar la mentalidad de los profesores. Descartar esa endogamia tradicional que ha habido en los centros de enseñanza y promover la movilidad del profesorado. Se trata de que vengan los mejores profesores, y por los mejores digo a los que más experiencia tienen en el mando de unidades y en operaciones en el exterior. Aquí, en la Academia, ha habido un cambio muy importante en los últimos cuatro años. Los jefes de sección y compañía son gente joven que habla idiomas, que han estado en operaciones el exterior y que han mandado unidades. Tienen experiencia de mando. Lo que enseñan no solo lo han leído en los libros, lo han vivido y ejercido.
Ha estado en la Academia tres años. ¿Se han pasado rápido?
Se han pasado rápido, porque la actividad ha sido muy intensa. Cada año aquí hay 500 alumnos a los que hay que formar como oficiales y suboficiales. Tenemos que imprimirles el sello de la milicia y, sobre todo, el de la Infantería.
Con los oficiales tenemos solo un año, vienen de Zaragoza con fundamentos militares muy bien consolidados. Es aquí, en Toledo, donde tenemos que poner el sello de lo que es la Infantería y eso tiene un precio, muy duro. Les llevamos a situaciones extremas. Se trata de enseñarles a decidir en situaciones difíciles, cuando están solos, no tienen a su jefe cerca, cuando han dormido poco, cuando tienen frío, cuando tienen calor...
Además, hay que formar personas que tengan fundamentos morales y éticos que les permitan acertar en esas decisiones. No todo vale, no son mercenarios. Son militares, son oficiales o suboficiales de Infantería y también son ciudadanos. Ciudadanos que tienen que ser ejemplares. Que cuando estén en el campo de batalla sean sobre todo militares, pero que no dejen de ser ciudadanos. Eso requiere una formación moral y ética muy consistente. Y, por supuesto, además de la formación física, y de la formación moral y ética, es muy importante la formación intelectual.
¿Qué balance hace de su etapa?
Me voy contento, pero el balance creo que es un juicio que deben de hacer los demás. Y necesita cierto tiempo. Más de la mitad de las cosas que yo he implantado en la Academia se verán en meses o en años si mi sucesor continúa en una línea similar, y estoy convencido de que sí, el camino de esos proyectos que verán en poco tiempo el Ejército y la ciudad de Toledo.
En principio me marqué tres objetivos. El primero era la formación de auténticos líderes. Soy consciente de que la palabra líder está hoy en día muy desgastada, pero hay que seguir insistiendo en que el Ejército lo que necesita son auténticos líderes. Personas de una integridad fuera de toda duda que puedan decidir bien en los momentos más duros.
Lo segundo que me marqué fue mejorar las infraestructuras de la Academia, sobre todo en lo que se refiere a la calidad de vida de los alumnos. Creo que se ha mejorado mucho su infraestructura, e invito a que se visite la Academia para que se contemple, porque ésta es la Academia de Infantería de todos los ciudadanos. Además, hemos contado con la inestimable colaboración del Ayuntamiento, que ha dejado en condiciones optimas el acceso.
El tercer objetivo fue mejorar, porque ya eran muy buenas, las relaciones de la Academia con la ciudad de Toledo, con Castilla-La Mancha y con el resto de España. Y en este sentido pues, quizás, con más razón, deban ser los toledanos, los castellano-manchegos y los españoles que nos han visitado en estos años quienes deban decir cómo ha sido el balance.
¿Se marcha con alguna ‘espinita’ clavada? ¿Con algún tema pendiente?
Espinitas ninguna. ¿Temas pendientes? Pues muchos, porque soy una persona que tiene muchas ideas. Y digo ideas, que no ocurrencias, porque las ocurrencias no se transforman en ideas hasta que no las pones en común, y para eso tengo un equipo formidable que muchas veces me impulsa y otras me para. Mi equipo me asesora para que solo salgan las buenas ideas. De esas ideas, muchas han sido puestas en práctica, y otras no.
Me hubiera gustado mejorar el asfaltado de la Academia, por ejemplo. Hay vías que no se han tocado desde el año 48 y es un tema que me llevo pendiente. Y hay otro que es la iluminación de la Academia. Ahora es una iluminación digna, de los años 90, pero no está a la altura de la calidad y sostenibilidad del resto de la ciudad. Con ese cambio ganaríamos todos, la Academia y la ciudad. Sé que se están dando pasos en ese sentido, pero que requieren su tiempo.
Una de las pretensiones de hace años que sí hemos logrado, gracias al impulso del Ministerio de Defensa, ha sido poner una red wifi en todo el recinto de la Academia. Cualquier soldado, alumno, mando o civil de los que trabajan aquí pueden conectarse a una red del Ministerio de Defensa, y eso es un avance muy importante. No solo para los que trabajan aquí, sino para los que viven. Tenga usted en cuenta que esto no es un cuartel general o una unidad en la que la mayoría de la gente se marcha a su casa después de trabajar, hay mucha gente que vive aquí y tener wifi era algo obvio que no se ha podido conseguir hasta ahora.
Supongo que se marcha con muchos recuerdos y experiencias, ¿puede destacar alguna?
Primero le voy a decir la misma experiencia que se ha repetido los 365 días del año durante los tres años que he estado aquí. Y es que, todos los días, independientemente de la cantidad de trabajo que tuviera, he procurado que por mi despacho pasara una persona de esas mil que trabajan aquí. Desde el soldado recién llegado hasta el coronel más antiguo. Dedicarle 20 o 25 minutos a conocerle y a que me conociera. Es entonces cuando te das cuenta que detrás de cada persona hay una historia personal en ocasiones difícil, dramática en otras, y que uno está aquí para mandar en cuestiones militares y también para tratar, en la medida de lo posible, de minorar esos problemas. Si una persona en su día a día se siente valorado, se siente útil... indudablemente va a trabajar mucho mejor. Entonces, de esa parte humana, me llevo el conocimiento de todos ellos. De sus historias personales me llevo la satisfacción de haberles ayudado en algunas cosas y, en otras, me llevo también la tristeza de no haber sido capaz de solucionar sus problemas. Bien por mi torpeza o bien porque no estaban a mi alcance.
Pero si tuviera que quedarme con un día le diré que me impresionó la jura de bandera civil en la que llegamos casi a mil personas, multiplicando por cinco la media de asistencia a este tipo de actos. Me impresionó también la Inmaculada que acabamos de celebrar, con casi cinco mil personas compartiendo con nosotros en la Academia el día de la patrona de España y de la Infantería. Me llamó la atención cómo cantaron el himno de la Infantería en el patio de la Academia. Hay mucha gente que no canta por respeto o por timidez, pero lo que no se exterioriza…  
¿No se siente?
No se siente lo suficiente. A mí me gusta que la gente exteriorice lo que siente. Si quiere cantar el himno que lo cante. Anteayer (Día de la Inmaculada) se produjo un hecho que fue que el público cantó más fuerte que los alumnos, y a continuación los cadetes y sargentos reaccionaron y subieron el tono… hubo un minuto de rivalidad a ver quién cantaba más fuerte y la mezcla fue muy emocionante. La Academia se convirtió en un manantial de voces cantando a la vez. Fue muy emotivo.
También hay hechos emotivos tristes. Recuerdo más de una vez el haber estado en las puertas de los quirófanos con nuestros alumnos. No por accidentes en la Academia, a pesar del elevado riesgo controlado que supone la enseñanza militar, sino por problemas de salud ajenos al servicio.  
¿Le da algún consejo a su sucesor en el cargo?
Le estoy dando muchos en estos días previos al relevo, pero si tuviera que darle uno recurriría a las palabras que pronunció su Majestad el Rey, Felipe VI, en la Pascua Militar de 2015. Dijo tres palabras clave que encierran todo lo que debe de ser el mando: «Mandar es servir». Esto es lo que tiene que hacer; servir a la Academia, a esas mil personas que cada día va a tener a su cargo y servir a los toledanos también. La Academia no solo está en Toledo, es parte de Toledo. Y para ser parte de la ciudad debe cruzar el río y escuchar, no solo a las autoridades, sino a la gente.
¿Conoce al coronel Antonio Armada Vázquez? ¿Qué nos puede contar de él?
Que es un coronel completamente preparado para afrontar esta responsabilidad. Estoy convencido de que lo va a hacer muy bien. Desde estas líneas aprovecho para decir que el mismo apoyo, acogida y tratamiento que me han prestado a mí por parte de todos los ámbitos de la sociedad, les pido que por favor también se lo presten a él.
Ha sido padrino de la Marsodeto, pregonero de la Semana Santa y, en resumen, un gran divulgador de la actividad de la Academia de Infantería abriendo sus puertas. Durante su dirección la Academia ha experimentado una de sus mayores aperturas a la ciudadanía y ha aumentado su grado de implicación con la sociedad toledana. ¿Por qué?
Permite que haga un matiz. Yo creo que las puertas sí que estaban abiertas desde hace mucho tiempo. Mis predecesores lo han hecho francamente bien. La Academia debe seguir evolucionando y si es posible debe de ir por delante. Mi empeño ha sido que la Academia vaya con los tiempos y siempre he procurado no solo abrir las puertas e invitar a que vengan a conocernos, sino salir. Los alumnos, permanentemente, han ido a visitar hospitales, ONG, museos… con la idea de que la gente se acostumbrara a ver militares por la calle con normalidad. Es muy importante que España, como en otros países punteros, vean a sus militares con normalidad. En la calle, en la compra… no debe ser extraordinario.
Debo aprovechar para decir que no estoy de acuerdo en esa separación que se hace de la sociedad civil y la sociedad militar. Hoy en día el Ejército es un ejemplo de inclusión. Hay gente que viene de todas las capas sociales, con formas de ser y de pensar distintas, con distintas ideologías… eso sí, con un mínimo común denominador muy fuerte que son los valores del Ejército y el amor a España, a su unidad y a su Constitución. Pero, si hablamos de inclusión social, basta ya de separar sociedad civil y sociedad militar, todos somos la misma sociedad, y cada uno sirve a la sociedad en un ámbito distinto.
Ser pregonero de Semana Santa es algo que me impresionó. Fue una sorpresa tremenda y me lo tomé muy en serio porque pensé que era una oportunidad muy buena para unir a la Academia y Toledo. Las dos orillas del río. Alguien de Toledo, director de la Academia y creyente. Tres facetas para trasmitir un mensaje de ilusión a base de ejemplos reales.
Y respecto a Marsodeto, fue algo que me emocionó aún más. Las visitas que he realizado estos siete meses me han emocionado mucho. He procurado visitar los centros más lejanos, esos que por circunstancias diversas no se visitaban durante años, y lo he hecho acompañado de alumnos, porque acepté ser padrino de la Marsodeto por ellos. Para que vean que hay realidades muy duras y aprendan la fortaleza de esas personas y sus familias.
Otra de sus facetas se ha podido ver en el tema motivacional, con conferencias en universidades que han llegado a ser ‘virales’ en internet. Una de sus frases con más calado es que «no es posible llegar a la meta o alcanzar un objetivo sin la ayuda de los demás». Esa frase, ¿es aplicable a usted, a su trayectoria?
Claro. Totalmente. Tan importante como ayudar a los demás es dejarse ayudar.  Durante mis 33 años de vida militar he procurado aprender de los demás, y no hubiera sido director de la Academia sin el apoyo, primero, de mi familia, y luego de mis compañeros, tanto mi subordinados como mis jefes. Y así, hasta el día de hoy. Sigo aprendiendo de todos los que me rodean.
Ha dicho en más de una ocasión que su labor en la Academia era formar a los jóvenes en valores. ¿Qué valores necesita la sociedad actual?
Cada uno seguro que tiene su propia lista de valores que debería tener la sociedad. Creo que lo primero es admitir que para que haya convivencia social deben existir valores. Eso es lo primero. Y lo segundo es la necesidad de ser leales a esos valores que nos hemos dado todos.
Pero voy a ser más concreto respecto a los valores que yo creo que deben tener esos pequeños-grandes líderes de la sociedad. ¿Que los líderes famosos, poderosos y mediáticos pueden transforma la sociedad? Pues claro que sí, pero ese cambio será más fácil si los pequeños líderes atesoran valores.
Si todos fuéramos ejemplares sería muy distinto todo. El ejemplo, la integridad, la confianza y, sobre todo la humildad, si mezclamos esos cuatro valores, la mezcla es extraordinaria porque nos permite influir en los demás.
Influir en el sentido de inspirar, y nunca manipular. Postulo un cambio social desde la base de la gente, de la gente normal, que vaya contagiando. Que no existan valores en una sociedad tiene consecuencias militares. Porque la forma de afrontar los conflictos en una sociedad con valores a otra que no los tiene es muy diferente, y obliga a actuar de formas distintas.
La Academia es una institución con mucha historia en la ciudad, ¿cómo ve su futuro?
Creo que, como todo, hay que analizarlo con perspectiva. En 169 años de historia de la Academia en Toledo se ha pasado por altibajos. Ha acogido infantería, ha sido academia militar, ha alojado otras academias, ha tenido distintas ubicaciones… yo creo que ahora mismo el futuro de la Academia es prometedor. Sobre la base de un presente indiscutible, hemos pasado de años en los que aquí había cuatro mil personas trabajando a años en los que no llegaban a 700. Ahora estamos en mil… aquí estamos listos para acoger lo que el Ejército decida. Puedo decir que la Academia cada día va a más.
En estos tiempos que se vuelve a hablar tanto de Vega Baja… el campo de maniobras de Alijares guarda restos arqueológicos de importancia, como el Horno de Vidrio, los restos de la canalización romana de la ciudad de Toledo, o el dinamitado Palacio de la Sisla, ¿Qué se podría hacer para dar a conocer ese patrimonio oculto al ciudadano por la propia naturaleza de ser una instalación militar?
Es una pregunta muy interesante. Y le voy a contestar lo que hemos podido hacer. Lo primero es protegerlo, cuidarlo, respetarlo… Si usted visita el campo de maniobras y tiro de los Alijares verá que es un vergel. Desde el punto de vista de la flora y la fauna tenemos las calificaciones medioambientales más altas. En esas 1.500 hectáreas hay restos arqueológicos y patrimonio muy importante, y lo que se está haciendo en mantenerlo con esmero. Sí que es cierto que, en ocasiones, se solicitan visitas puntuales. Ser una instalación militar limita mucho que se pueda abrir más al público, porque se usa y hay ejercicios de tiro, movimientos con vehículos acorazados… y yo lo primero que debo hacer es garantizar la seguridad de los visitantes. Pero, siempre que puntualmente nos piden visitar esas zonas con carácter investigador y académico, pues accedemos.
Por último, como militar, ¿hacia dónde evolucionan los conflictos bélicos?
Está muy claro: hacia el conflicto urbano. El combate en zonas urbanizadas es una prioridad entre nuestros alumnos. Y combatir en las ciudades no es solo eso, es combatir antes de llegar a ella, dentro de ella y debajo de ella. Es un entorno en el que no se identifica al enemigo. De ahí la importancia de enseñar a los alumnos que se han acabado los frentes lineales, que ahora se combate entre gente. Y ahí no se puede fallar. No hay una segunda oportunidad.
Además, los conflictos del futuro exigen implantar una nueva velocidad de decisión y operación que acorta los plazos de análisis en todos los niveles de mando. El dominio de la tecnología y de la lengua inglesa proporcionan poder para decidir y operar más rápido. El oficial y suboficial tiene que estar tecnológicamente muy preparado, porque en la medida en la que nos anticipemos tecnológicamente al rival estaremos en condiciones de vencer. Pero sin olvidar que el factor humano seguirá siendo el más importante.
Por último, otro factor clave al que se van a enfrentar la mayoría de los ejércitos occidentales va a ser el envejecimiento de la población. En resumen, un entorno de combate urbano con menos soldados, pero con mayor capacidad de tecnológica.