Corpus esencial

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El arzobispo recuerda a las víctimas del coronavirus, alaba a los profesionales y voluntarios que trabajan para mitigar sus efectos y pide «que cese el racismo»

Corpus esencial - Foto: VÁ­ctor Ballesteros

Como estaba previsto, Toledo vivió un Corpus «especial» y excepcional donde el Santísimo, y su custodia, se mantuvo siempre dentro del recinto de la Catedral. A penas unos minutos el arzobispo salió al patio que antecede la Puerta de los Reyes para mostrar la Sagrada Forma a los toledanos que se acercaron hasta la Plaza del Ayuntamiento y que prorrumpieron en aplausos al tiempo que sonaba el Himno de España y se disparaban las 21 salvas de honor que saludan la salida del Cuerpo de Cristo del templo primado. Fue, con diferencia, el momento más emotivo y el que más se pareció a la añorada tradición que ayer quedó rota por las circunstancias. También fue muy sentida la alocución en la que don Francisco Cerro recordó a las víctimas del coronavirus, a los profesionales y voluntarios que trabajan para mitigar sus efectos y, manteniendo e hilo de la actualidad, en la que hizo un llamamiento para «que cesen el racismo y la xenofobia» y abogó por construir «otra humanidad» basada en «la civilización del amor».

El arzobispo Francisco Cerro presidió ayer una misa donde lo más llamativo no era el rito hispano (cambia mucho el ceremonial respecto a la celebración normal de los domingos) sino las mascarillas que lucían todos los asistentes (incluidas las autoridades), la disposición del público en sillas individuales bien separadas, la colocación del altar en el crucero para dar más amplitud… En definitiva, todo lo que se deriva de las medidas de higiene y salud que exige Sanidad para evitar riesgos de contagio.

Sin embargo la celebración mantuvo toda su solemnidad, incluso, si cabe, por ir más a la esencia, ganó en intensidad religiosa y mostró como pocas veces que el centro de la fiesta son el Santísimo y la Eucaristía, incomparablemente por encima de otros adornos por espectaculares que sean, como la custodia de Arfe, los hábitos de los caballeros o la presencia de representantes de todos los poderes mundanos.

Corpus esencialCorpus esencial - Foto: VÁ­ctor Ballesteros

Eucaristía. La Eucaristía fue la protagonista de las tres lecturas (Salomón, carta de San Pablo a los corintios y Evangelio de san Juan. «El que come mi carne y bebe mi sangre tendrá vida eterna y yo le resucitaré».

En su homilía, monseñor Cerro destacó tres aspectos en los que se traduce la Eucaristía: que Dios es muy cercano y quiere vivir con los hombres; que la fiesta del Corpus es Dios en la calle; y que Jesús está con los pobres y con los que sufren y hay que seguir su ejemplo.

Tras la misa se hizo una procesión por el interior del templo en la que solo siguieron a la custodia los miembros del clero mientras que autoridades y público permanecían junto a sus sillas.

Al finalizar, y de rodillas ante el altar, el arzobispo pronunció un alocución muy pegada a la actualidad, con muchas referencias al coronavirus y sus consecuencias, donde subrayó que para un cristiano la muerte no es el final sino el comienzo de otra vida.

También bendijo especialmente a los profesionales y voluntarios que «olvidándose de sí mismos se entregan al servicio de los más pobres y los enfermos», labor en la que destaca el papel de Cáritas.