Hospitales de la provincia de Toledo en el siglo XVIII (VI)

José García Cano*
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El hospital del Rey quizá sea uno de los más antiguos de la ciudad de Toledo. En 1618 ya se decía que su fundación era tan olvidada y antigua «que no se sabía cuándo dio principio»

Placa del hospital de San Ildefonso. - Foto: La Tribuna

Cerramos el repaso a la mayor parte de hospitales que han existido (o existen) en nuestra provincia de Toledo, con las dos últimas entregas correspondientes a los hospitales ubicados en la ciudad de Toledo. Comenzamos con el de San Ildefonso que se ubicó en la calle que lleva el mismo nombre, junto a la que fue residencia temporal de los hermanos Bécquer, cerca de la parroquia de Santa Leocadia. Actualmente solo queda de esta fundación un pequeño azulejo en su fachada, ya que el edificio ha sufrido varias transformaciones a lo largo del tiempo. Según Sixto Ramón Parro fue fundado en el siglo XIV para recoger y asistir corporal y espiritualmente a mujeres pobres o peregrinas perdidas, aunque en el XIX ya no funcionaba. Seguimos con el hospital de la Concepción que estuvo ubicado en la parroquia de San Nicolás, más concretamente en la bajada del Cristo de la Luz. Sus ordenanzas fueron aprobadas en 1557 por el Cardenal Silíceo, aunque parece que se fundó mucho antes. Además de ser morada de peregrinos, este hospital se encargó de recoger mujeres pobres para cuidarlas, así como de dotar a doncellas cuando se casaban.

El hospital de San Pedro se ubicó al final del callejón de San Pedro, frente a la Catedral Primada. Algunas fuentes hablan de su fundación a mediados del XVI y lo describen como un modesto asilo para recoger mendigos, cuyos gastos eran asumidos por una cofradía. En el año 1618 se define este hospital como un lugar «para recogimiento de clérigos y dotar huérfanas», desde donde además daban de comer a los presos de la cárcel. La hermandad que lo gestionó se denominó Hermandad de Clérigos de San Pedro. El siguiente es el hospital de Santa Ana, que se ubicó junto al Colegio de Doncellas Nobles que fundara el Cardenal Silíceo. Aún hoy podemos observar la portada de este hospital que también tenía capilla y donde se albergaba a pobres, para lo cual se encargaba de su mantenimiento una cofradía toledana. Conservó un lienzo de El Greco con la imagen de Santa Ana. Ya en el siglo XIX habitaban la casa unas beatas que cuidaban de la iglesia y del hospital.

El hospital de San Sebastián se ubicó en las Carreras y fue un asilo para acoger ancianos como otros tantos que hubo establecidos en nuestra ciudad. Tuvo una corta existencia por lo cual apenas hay documentación sobre el mismo. Continuamos con el hospital de la Santa Cruz, hoy convertido en el conocido Museo de Santa Cruz; fue fundado por el Cardenal Mendoza en 1494. La fundación de Mendoza pretendía atender a los muchos niños expósitos que había tanto en la ciudad como en los pueblos de la provincia. La bula de fundación fue firmada por Alejandro VI y los niños que se acogían en el mismo debían ser huérfanos o hijos de padres desconocidos y menores de un mes. Hasta los tres años de edad eran criados a costa del colegio y después se les entregaba a personas que les dieran educación. Había amas de cría que se encargaban del periodo de lactancia de los pequeños. El hospital de Nuestra Señora de la Misericordia lo fundó Guiomar de Meneses (esposa de don Gaitán de Ayala) en el siglo XV y se ubicó en un principio en parte de la actual iglesia de San Ildefonso (o de los jesuitas) aunque luego se trasladó a la casa del conde de los Arcos. Finalmente en 1932 el hospital se trasladó fuera de las murallas de Toledo al lugar donde hoy continúa, junto al Castillo de San Servando, siendo conocido por todos actualmente como el Hospital Provincial de Toledo.

Documento del hospital de San Pedro de Toledo.Documento del hospital de San Pedro de Toledo. - Foto: La TribunaEl hospital del Rey quizá sea uno de los más antiguos hospitales de la ciudad de Toledo. En 1618 ya se decía que su fundación era tan olvidada y antigua «que no se sabía cuándo dio principio». Se creó para albergar enfermos incurables y según reza en el escudo que aún se ve sobre su puerta principal, se atendía a «ciegos, decrépitos e impedidos». La hermandad que lo gestionaba era la del Corpus Christi, Nuestra Señora de la Paz y San Ildefonso. En 1774 tenía 30 camas y 84.515 reales de renta. En el siglo XIX pasó a depender de la Beneficencia, convirtiéndose en asilo de ancianos, como así ha sido hasta su cierre hace unos años. El hospital de Santiago lo fundó Alfonso VIII para atender a los heridos en el contexto de la Reconquista y su fundador fue don Pedro Fernández de Fuente Almejar. Ocupó siempre el mismo edificio inmediato al Alcázar de Toledo y se mantenía con las rentas que producían los impuestos de portazgo que se cobraban en la Puerta de Bisagra. El hospital -además de curar a enfermos- también rescataba cautivos cristianos y en otra fase del mismo se trataron en su interior a los enfermos del mal gálico o sifilíticos.

El hospital de la Visitación, conocido comúnmente como el hospital del Nuncio fue fundado por don Francisco Ortiz en 1483. En su origen se recogía en su interior a 33 enfermos mentales y a 13 niños expósitos, aunque a partir de 1505 se recibieron solamente a los primeros. Su historia arranca en unas casas cerca de la Puerta Nueva, para luego trasladarse a la plaza de los Postes (actual plaza de Amador de los Ríos). Allí permaneció hasta 1793 momento en el cual se traslada a la calle Real, al nuevo edificio que levantó el Cardenal Lorenzana. Este hospital sería el antecedente histórico del hospital psiquiátrico San José y de la actual residencia social asistida San José.

El hospital del Refugio que también denominan algunos documentos como el hospital de San Nicolás y de Jesús y Madre de Dios, lo regentó una cofradía fundada en 1610 y se ubicó en la calle Alfileritos, que en aquella época se llamó precisamente calle del Refugio. En él se albergaban los enfermos que no podían ingresar en ningún otro centro asistencial. A los miembros de este hospital se debía lo que llamaban «la ronda de pan y huevo», que realizaban entre los pobres que había en las calles, para entregarles una ración de pan y de huevo; recordemos al respecto el cuadro de Luis Tristán (1620) cuyo título es precisamente La ronda de pan y huevo.

*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.