Dos gotas de agua en el desierto

Mario Gómez
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Cristian Escribano y Gómez del Pilar sortean los dos toros de más opciones y dejan patente su compromiso y capacidad

Gran tarde del torero de Cedillo del Condado en la plaza de Madrid. - Foto: Dominguín

El calor en la capital de España era considerable. A penas dos horas antes del festejo, el cielo estaba cubierto, pero el bochorno era de aúpa. El granito venteño guardaba el calor que había recibido y lo despedía para mantenernos calientes; como si de un termo de los de las abuelas se tratase.
Cada uno con sus motivos, cerca de 8.000 personas nos dimos cita para seguir con la temporada en Madrid. Mayo vino cargado de festejos, junio tuvo 16 de 16 en los primeros días de mes y tras una semana de asueto, era el turno de los toros de Dolores Aguirre.
Los pupilos de la recordada dama del campo bravo, fueron desiguales de juego y de presencia, y los toreros dieron la cara en mayor o menor medida despachando la corrida, que no es cosa de poco.
Alberto Lamelas pechó con el peor lote en conjunto. Un primero que resultó huidizo y con el que lo único que pudo hacer fue perseguirlo por el redondel hasta que optó por pasaportarlo; en el 4º de la tarde, tuvo alguna opción más, pero no terminó de acoplarse ni de mostrarse asentado con la muleta. Media estocada delantera sirvió como cierre a su vuelta a Madrid dos temporadas después.
Cristian Escribano sorteó en segundo lugar un animal con movilidad. Tras dos buenas colocaciones al caballo, comenzó por alto desde la primera raya para irse hacia los medios doblándose por momentos antes de dejar un bello pase del desprecio. A izquierdas lo llevó largo y con buen trazo. El animal se desplazaba y este hecho lo aprovechó Escribano para trazar muletazos abrochados con largos pases de pecho. Volvió a la derecha y aunque el animal tranqueaba, fue haciéndolo el espada para entablar una faena por momentos jaleada. Con buen criterio y justa medida de faena, se fue a por la espada para concluir en un vibrante cierre por bajo. Lástima el pinchazo y la media en todo lo alto, pues, aunque efectiva disipó cualquier opción de premio mayor más allá de una rotunda ovación con saludos. El 5º fue harina de otro costal.  Soso y descastado, tampoco fue un derroche de fuerzas el negro salpicado bragado meano girón axiblanco. De hecho, fue poco o nada y fue pitado en su arrastre. Antes de eso volvió a mostrarse solvente el toledano con el capote, y a pesar de que se salió a los medios y busco componer la figura y estructurar faena, la embestida pastueña a media altura de su oponente, tuvo escaso eco en los tendidos. Poco decía el animal y a pesar de eso, a base de tesón y ganas, consiguió arrancar ovaciones en ciertos pasajes de la faena. La espada se atascó y fue silenciado. 
Gómez del Pilar volvió a dejar patente que quiere funcionar en esto. Otra vez. Madrid y Noé, Noé y Madrid. Volvió a cruzar el albero de verde y oro, y se postró de rodillas ante chiqueros para librar con una larga cambiada el chorreado que por allí apareció. Fue el mejor de la tarde, aunque no fue bueno el animal, permitió con embestidas humilladas que Noé trazase caminos a la verónica en la misma puerta de toriles. Siempre bien colocado, salvó un posible percance a Pedro Cebadera cuando, después de dejar un gran par, le hizo el toro hilo hacia tablas.
Se fue sin pensárselo a los medios y de rodillas citó a un toro que parecía un trasatlántico. Tandas breves y con firmeza. Buscando el trazo largo y con gusto y con remates muy bellos. Parecía que el calado era el deseado y las manoletinas con las que abrochó hicieron el resto. Quería matarlo bien, sabía que la oreja estaba latente, y aguantó las desigualadas del animal. Pinchó y en el segundo intento la mano se le fue baja. Merecida ovación con saludos que supo a poco por lo vivido.
Volvió a irse a chiqueros en el 6º. Solamente el hecho de cruzar el inmenso ruedo de Madrid en dirección al oscuro túnel, bien vale la ovación que le tributaron los aficionados. Luego se abrió el portón y salió un tren que puso las navajas que llevaba por pitones a ras de suelo haciendo que Noé hubiera de vencerse a un lado. Salvó la tarascada y “lidió” a la verónica. Quiso lucirlo en varas y lo dejó lejos y hasta en tres ocasiones haciendo las delicias del respetable. Brindó al público y muy firme lo quiso llevar. El animal no estaba tan convencido de aquello y parecía aburrirse a mitad del muletazo. Sin descolgar y con peligro. Voluntad y disposición en contrapartida, pasando casi desapercibida; puede que el peligro fuese sordo. Con la espada le echó la cara arriba y no le dejó pasar. Resolvió con el descabello. 
Palmas de despedida para ambos en una tarde en la que fueron dos gotas de agua en el caluroso Madrid en el desierto de doloresaguirre.