El 75% de los edificios de Toledo son posteriores a 1980

Álvaro de la Paz
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Una investigación del profesor de la UCLM Luis Alfonso Escudero aborda el diseño urbanístico de la ciudad y alude a su realidad de urbe inconexa y alejada de su centro

El 75% de los edificios de Toledo son posteriores a 1980

El trazado contemporáneo de la ciudad de Toledo es el resultado de la agregación de barrios separados, alejados respecto al núcleo fundacional e histórico de la urbe y sin tampoco proximidad entre los que fueron surgiendo con posterioridad. La dispersión de estas concentraciones de viviendas pertenecientes a la misma jurisdicción administrativa es el germen de muchas de las dificultades existentes para la prestación de servicios públicos a sus ciudadanos. Toledo es hoy «una ciudad muy difusa y desarticulada», explica Luis Alfonso Escudero, profesor de Geografía Humana en la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM), en el artículo Procesos de urbanización difusos y estructuras urbanas fragmentadas: el caso de Toledo (Castilla-La Mancha, España). El texto analiza el proceso de expansión residencial de Toledo, causa de «una intensa fragmentación de la estructura urbana».
La discontinuidad de la capital regional es uno de los asuntos recurrentes cuando se plantea el modelo de ciudad. El problema, sin embargo, es reciente. El grueso del crecimiento urbano de Toledo se ubica entre las tres décadas transcurridas entre 1980 y 2010. La realidad descrita por Escudero se topa con el tópico que brota del patrimonio centenario. Los datos catastrales recopilados desmontan la idea de ciudad vieja y monumental. Más del 55% de los bienes inmuebles se han construido entre 1990 y 2010. La cifra es aún mayor si se amplia el rango. La ciudad del Tajo «no puede ser calificada como una urbe antigua dado que tres cuartas partes de sus edificios tienen menos de cuarenta años», indica.
La mayoría de «las edificaciones (…) se identifican con los recientes años de fuerte intensidad [de la] actividad constructiva e inmobiliaria en España», añade la investigación firmada por Escudero y publicada en el número de otoño de 2018 de la revista Ciudad y Territorio. Estudios Territoriales, editada por el Ministerio de Fomento. El despegue de la construcción en Toledo es un fenómeno reciente. Una parte importante de los vecinos han sido testigos de la transformación del entorno. El desarrollo urbanístico de la ciudad coincidió con años de boom inmobiliario. Esta «extensión territorial horizontal al infinito» ha generado una fragmentación exagerada.

El 75% de los edificios de Toledo son posteriores a 1980
El 75% de los edificios de Toledo son posteriores a 1980 - Foto:
La ciudad patrimonio de la humanidad está formada hoy por «sectores urbanos alejados del centro histórico y entre sí con amplios espacios abiertos. El tejido urbano está compuesto por áreas mal conectadas con múltiples unidades dispersas. Se trata de una ciudad extraordinariamente dispersa, mucho más que la inmensa mayoría de los núcleos urbanos de España», indica Escudero en el artículo.
La falta de nexo del trazado urbano toledano deviene en su desarticulación. La visión general de Toledo es la de «un mosaico de unidades yuxtapuestas (que) han crecido de una manera independiente y aislada entre sí». La ciudad se ha ido dispersando «a partir de su centro histórico». Desde 1950 en adelante, «se expande por su gran superficie municipal hasta dar lugar a su actual estructura urbana fragmentada», apunta el autor. La intensidad del proceso de edificación de suelo adquiere una «especial intensidad» en la década de los ochenta y en los primeros años del siglo en curso.
Escudero clama contra la existencia de «una planificación urbanística permisiva y sin una idea estructurada de ciudad». Este marco nocivo, mantenido por las sucesivas administraciones con competencias en la materia, ha favorecido la gestación de un mapa municipal disgregado en periferias lejanas. Además, el experto añade motivos económicos ligados con «la presión del sector inmobiliario» y la existencia de «un importante lobby que implica a propietarios, promotoras, bancos y cajas de ahorro y empresas del sector» como origen de la singular entramado urbanístico del municipio.

 

Crecer más allá del Casco

El análisis del profesor de la UCLM apunta a tres momentos históricos como decisivos para el urbanismo de la ciudad. «Se trata de una urbe fallida donde ya se han completado tres planteamientos con ámbito general de 24, 22 y 21 años de vigencia: el de 1940-43, 1964 y 1986, que han resultado ser estrategias urbanísticas muy desacertadas». Las primeras prolongaciones, de origen medieval, fueron los barrios de Antequeruela y Covachuelas. Pasado el ecuador del siglo XIX, surgió el barrio del ferrocarril, hoy barrio de Santa Bárbara, «a tres kilómetros del centro histórico de Toledo».
El artículo alude al «elevado desorden» del proceso de urbanización de Santa Bárbara. En el texto se prueba cómo este enclave está «encerrado en sí mismo (y) hoy permanece como un barrio mal integrado con el resto de la ciudad».
El barrio del Polígono, por su parte, reúne buena parte de las decisiones administrativas erróneas denunciadas. Escudero define a este extenso lugar como una ciudad gemela respecto a Toledo. Ubicado a cuatro kilómetros del barrio más cercano (Santa Bárbara), este sector urbano presenta «la principal dispersión de la ciudad». Un plan estatal de 1959 permitió la edificación de la zona, favoreciendo tanto su desarrollo industrial como residencial. Aún hoy no ha finalizado completamente su urbanización.
La distancia que separa al barrio de Santa María de Benquerencia, tal es su nombre oficial, con el centro primigenio de Toledo «provoca que sea percibido como una entidad urbana independiente». La lejanía física se ha convertido en cisma sentimental. «Sus habitantes se refieren como Toledo al resto de la ciudad, sobre todo el centro histórico, y el resto de residentes toledanos hablan del Polígono».
Un elemento común de ambos barrios en su relación espacial con el centro urbano es su alejamiento respecto al núcleo de población original. Los espacios intersticiales, amplias zonas vacías entre el enclave fundacional de la ciudad y las zonas de expansión reciente, determinan la estructura desvertebrada de la trama de Toledo. La existencia de estas extensiones baldías, huecas y sin aprovechamiento alguno limitan la cohesión dentro de la urbe y entorpecen la prestación de servicios.
El Ensanche, por su parte, supuso la urbanización del norte del municipio y se desarrolló, principalmente, entre las décadas de los sesenta y los ochenta. Pese al nombre que recibe el conjunto, «el orden urbanístico que caracterizaba a los Ensanches decimonónicos (…) no aparece en Toledo», arguye el ensayo. Años antes, Los Bloques, en la avenida de la Reconquista, serían «el precedente de la posterior, y principal, expansión de la ciudad hacia el norte». Dentro del Ensache confluyen barrios como San Antón y zonas «muy diferentes entre sí», como Palomarejos o Santa Teresa. Mientras que el primero surge tras la «absorción de población que vivía en asentamientos de infrainvivienda» y fue bautizado como Corea; el segundo destaca por «la calidad de sus viviendas plurifamiliares, la especialización comercial de sus bajos y la proliferación de servicios personales». La avenidas de Europa y Buenavista supusieron, con posterioridad, nuevas expansiones de este enclave.
«Toledo no llega a 45.000 habitantes en 1970, experimenta un fuerte crecimiento en el último cuarto del siglo XX y, sobre todo, en la primera década de la actual centuria cuando rebasa los 80.000 habitantes», apunta el texto. La propia evolución del padrón municipal ahonda en la idea de la fuerte pujanza en las últimas décadas. Aunque el estudio no  apunta ninguna causa, la conexión con Madrid por carretera -la autovía entre las dos capitales se completó en 1989- y por tren de alta velocidad -línea operativa desde 2005-, además del factor de la capitalidad regional y el masivo impacto turístico favorecieron este auge poblacional.
Escudero sugiere «integración» como respuesta a la dispersión de Toledo. El académico propone que el nuevo diseño urbanístico de la ciudad del Tajo, si hubiera de plantearse hacerlo, debería incluir «las ideas de la multifuncionalidad (y) el uso social y la vida urbana». Toledo busca hilo que cosa sus barrios.to segundo párrafo y siguientes.