Sanitarios: la ovación final

J.M.
-

Las redes sociales convocaron ayer una ovación final a las ocho de la tarde desde ventanas, balcones y terrazas, después de dos meses de convocatoria puntual para aplaudir a los sanitarios y despejarse del confinamiento

Sanitarios: la ovación final - Foto: Yolanda Redondo Trujillo

El cajón de sastre de las redes sociales emprende y paraliza propuestas a la velocidad de la luz, pero hay algunas que surten efecto y tienen sentido tanto en el origen como en el final. Quién sabe quién dio el pistoletazo de salida a los aplausos que iniciaron una convocatoria de aplausos con mayor o menor efusividad desde las terrazas, balcones o ventanas. A las ocho de la tarde, cientos o miles de toledanos se han apostado desde hace dos meses en su contacto con la luz natural y se han acordado de los sanitarios que han encarado una empresa mayúscula: combatir los efectos del coronavirus. Ayer, también mediante la difusión de las redes sociales, se sugería a la población una ovación final, que coincidía con el paso a la fase 1 en la provincia.
La plaza de Zocodover albergó también los aplausos finales, aunque descafeinados porque apenas salieron tres vecinos a sus ventanas. Sí es cierto que, de fondo, se escuchaban más procedentes de calles aledañas. Eso sí, hubo puntualidad británica porque nada más sonar la primera campanada, empezaron las palmas dirigidas a los sanitarios que han cuidado de los pacientes en todos los centros del país. También sonó el claxon de algún vehículo. Aunque no con tanta emoción como en semanas pasadas, cuando los conductores de los autobuses urbanos se unían al coro.
Además, había un ambiente casi de domingo normal en la plaza de Zocodover. Solo que la gente portara mascarillas recordaba los efectos del coronavirus. Pero había toledanos yendo y viniendo. Pocos, eso sí. De esta manera, quedaba bautizado el paso a la fase 1 de la denominada ‘desescalada’ en la provincia.
Sanitarios: la ovación finalSanitarios: la ovación final - Foto: Yolanda Redondo Trujillola última ovación. Los aplausos de la ocho de la tarde se convirtieron en las duras semanas de confinamiento en una devolución de la gente al contacto con el resto de la sociedad. Con esa rabia compartida por la terrible enfermedad y ese ánimo conmovido a los médicos, enfermeros o celadores que han convivido codo con codo con los devastadores efectos del coronavirus.
Además, a esa hora en concreto, los vecinos aprovechaban para animar al resto con música que hacía despertar de ese letargo de un día completo casi de ensimismamiento, por más que hubiera lectura, música, cocina o limpieza de por medio.
Probablemente, haya acabado la convocatoria de los aplausos de las ocho de la tarde, pero el recuerdo de todos esos días de encierro y de la liberación de aquellas palmas puntuales y diarias permanecerá indeleble en la memoria de quienes resistieron dos meses en sus casas.