La Covid-19 no puede con el Rocío

J. Monroy
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Este año, se desarrolló en Toledo en forma de misa romera virtual, en la que Javier Salazar pidió ayuda a la Virgen en estos tiempos difíciles y recordó que los suyos fueron mucho más complicados

La Covid-19 no puede con el Rocío

Este fin de semana hubiera sido el Rocío en Toledo, con su Triduo y su Misa de Romeros . Este sábado hubiera comenzado el camino al Rocío con parada en la Peraleda. No ha podido ser, pero al menos se pudo desarrollar en el convento de San Antonio, donde se encuentra nuestro Bendito Simpecado, la  Eucaristía con la presencia de la Comunidad Franciscana y el presidente de la Hermandad.
Francisco Pleite expresaba, precisamente, la tristeza de la Hermandad por lo no poder celebrar el Rocío y por todo lo que está ocurriendo estos días. Precisamente, en los primeros días de la pandemia, perdieron un hermano. «La gente está con pena», apuntaba. Su esperanza es que pronto pase todo y poder salir en romería, por fin, el próximo año. Pleite también quiso dar ánimo a los hermanos, «porque esto va a pasar, y vamos a poder volver a la normalidad».
El consiliario Javier Salazar Sanchís ofició la misa romera virtual, como no podía ser de otra forma, junto al viceconsiliario, Juan Alberto Ramírez Avilés, párroco de Urda. En su homilía tuvo un primer recuerdo «para las familias que habéis sufrido en el seno de nuestra Hermandad más de cerca la pérdida de un ser querido o la enfermedad en estas recias semanas». «Este año se nos adelantó el camino y tuvimos que coger en vilo el Simpecao que cada uno porta en la carrera del alma para llevarlo a pulso por la Raya de la dificultad», les dijo, en este peculiar camino, «donde hemos mirado más y mejor al cielo, sin cantes ni volantes, sin botos de Valverde,  ni zahones».
El Camino de la Virgen estará solo este año, pero «lleno lleno de plegarias el corazón sólo de cada rociero, apuntó Salazar, que recordó que la Hermandad también se vive en la llamada de teléfono y el mensaje escrito, en ese escueto «¿estáis bien?».
Salazar y Ramírez reiteraron su amor a la Virgen, «y como no somos unos grandes místicos, al no poder cantarle grandes alabanzas a nuestra Madre del Rocío, sí podemos decirle, en voz baja, una oración de acción de gracias por ser Ella tan humana como sublime». Porque además de sublime era humana y por eso, «queremos invitaros en este día, a que la miremos y la contemplemos como una mujer que también experimentó y tuvo que afrontar distintos tipos de crisis».
Ayuda en tiempos convulsos. María, recordó Salazar,  vivió una época convulsa, en un país ocupado por las el Imperio Romano, en un lugar con notables injusticias y pobrezas, en una sociedad marcada por la marginación y exclusión social de diversos colectivos humanos, además de algunos otros conflictos. Por otro lado, ella tuvo que sufrir y afrontar otras crisis personales y familiares como la que le llevó a dar a luz a Jesús en un establo y colocarlo en el pesebre de los animales, a huir a Egipto escapando de la persecución Herodes, a sufrir la incomprensión de los suyos, a experimentar con dolor el creciente desprecio y rechazo de su hijo por parte de los poderosos, hasta verle injustamente sometido a una tortura y una muerte crueles. No fue, por tanto, una vida fácil la de la Virgen María. «Solo la fe en Dios le permitió ir afrontando los retos y desafíos que se le iban presentando».
Para Salazar, «a cada uno de nosotros, tener una fe adulta como María nos ayuda a gestionar, con las mismas actitudes y valores que la Virgen, los retos y desafíos del momento presente». Por ello, aquella misa de romeros quiso ser una buena oportunidad para dejarse iluminar y guiar por  el ejemplo de María y su hijo Jesucristo «y pedirles que nos den fuerza y aliento para vivir bien, como Dios nos pide». «No le solicitamos una varita mágica para solucionar todos nuestros problemas, sino esa luz y energía que sólo nos puede venir de lo alto, de Dios, para afrontar, con fe y esperanza, las dificultades de nuestra vida personal y colectiva».
Por ello, porque «Nuestra Madre del Cielo vivió una vida completamente humana, con las mismas dificultades que nosotros pasamos a diario en este tiempo de pandemia», Salazar le pidió socorro en los momentos de duda, temor al dolor, cuando creemos que perdemos a nuestros hijos, cuando estamos a los pies de la cruz por la enfermedad de alguien a quien queremos y en los momentos que salimos al encuentro y no somos comprendidos.