«Deberían invertir más en investigación sobre antibióticos»

A.D.M.
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Susana Seseña, doctora en Tecnología de los Alimentos (UCLM), abrió ayer en Toledo junto a Manuela Fernández Álvarez (UCM) el Pint of Science Festival, que durará hasta mañana

Susana Seseña y Manuela Fernández Álvarez abrieron en Toledo esta edición de Pint of Science. - Foto: Yolanda Redondo

La resistencia a los antibióticos -un problema de dimensiones cada vez más preocupantes, responsable, entre 35.000 muertes anuales en España, de casos como el de los bebés catalanes fallecidos debido a infecciones por la bacteria hospitalaria Klebsiella Pnemoniae- fue el tema alrededor del cual giró la  ponencia ‘Lo que nos llevamos a la boca’, ofrecida por las investigadoras Susana Seseña (Universidad de Castilla-La Mancha) y Manuela Fernández Álvarez (Universidad Complutense). 
Esta actividad, enmarcada dentro del conjunto de citas didácticas programadas por el Pint of Science Festival, que tendrá lugar hasta mañana, explicó las consecuencias que puede tener el uso indebido de estos medicamentos, que constituyen nuestra principal defensa contra las infecciones. «El abuso y mal uso de los antibióticos ha traído consigo la resistencia de las bacterias, hasta tal punto que la Organización Mundial de la Salud prevé que en 2050 mueran más de cien millones de personas por -sencillamente- ingresar en un hospital y que no haya nada que les cure».
Según Susana Seseña, «los pacientes debemos entender que las infecciones pueden ser causadas por diferentes tipos de microorganismos, no solo bacterias: no tiene sentido, si nuestra gripe se debe a un virus, pretender curarla tomando antibióticos».
Buena parte del problema, prosigue la investigadora, es responsabilidad del ciudadano de a pie, excesivamente proclive a automedicarse («y además, a hacerlo como le viene en gana, tomando lo que le recomienda el vecino y durante los días que le da la gana»). «Los españoles no destacamos precisamente en este sentido», ya que nos encontramos entre los países europeos que más recurrimos al consumo de medicamentos sin pasar por el especialista, a la altura de Portugal, Chipre o Turquía. «Por el contrario, en los países del norte de Europa, como Suecia, o en los Países Bajos, ni se automedican en exceso ni recurren a los antibióticos con tanta ligereza». Como es obvio, «el consumo responsable pasa también por no presionar al médico; de hecho, convendría incentivar a los médicos de familia para que no prescriban antibióticos si no es estrictamente necesario, y controlar que no se dispensen sin receta en farmacias, algo que desgraciadamente es bastante habitual».
Los ciudadanos somos asimismo responsables de contribuir a la expansión del problema por culpa de nuestras excesivas visitas a los hospitales, «que es donde viven las bacterias más multirresistentes, las peores, ya que están en contacto más directo con los antibióticos». No sería descabellado, en este sentido, extremar medidas de precaución como los cambios de ropa y de calzado, «no solo por el riesgo de que nos contagiemos nosotros, sino porque podemos convertirnos en portadores y extender las bacterias fuera».
Susana Seseña advierte también de las consecuencias del uso indiscriminado de antibióticos en ganadería extensiva y piscifactorías. «En Europa, afortunadamente, se controla más que en países como China o Estados Unidos. Pero hoy el mundo está globalizado: los alimentos viajan de una parte a otra del planeta y las bacterias pululan».
La investigadora reconoce también la parte de responsabilidad de las farmacéuticas, «que invierten solamente en tratamientos económicamente rentables, como los antitumorales». Según Seseña, sacar adelante un nuevo medicamento «supone hablar de muchísimo dinero»; por eso «no es habitual investigar en antibióticos, contra los que las bacterias tardan poco en hacerse resistentes». En este sentido, la aportación pública -el Plan Nacional de Antibióticos del Ministerio de Sanidad tiene previstas diferentes estrategias- se antoja una buena solución al respecto. «Pero no se trata tanto de descubrir nuevos antibióticos como de identificar nuevas dianas, nuevas estrategias en la lucha contra las bacterias». Debemos ser optimistas -concluye-, pero, «como sucede con el cambio climático, esto tenemos que tomárnoslo en serio».
Susana Seseña explicó también en qué consiste la Small World Initiative (SWI), proyecto que surgió en EEUU en 2012 y cuyo objetivo es acercar la cultura científica y la investigación biomédica a preuniversitarios para fomentar la vocación investigadora mediante una estrategia dirigida al descubrimiento de nuevos antibióticos. El planteamiento experimental es similar al célebre hallazgo casual de la penicilina por Alexander Fleming, aunque de manera dirigida y participativa.