La tasa de repetidores de la pública duplica a la concertada

C.S.Rubio
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La tasa de repetidores de la pública duplica a la concertada - Foto: Víctor Ballesteros

Los sindicatos educativos insisten en que el nivel socioeconómico de las familias es clave a la hora de analizar estos datos. STE añade aquí el mayor nivel de exigencia de la pública

Los datos son rotundos, la tasa de repetidores de la escuela pública casi duplica a la de la escuela privada y concertada en la región. Así se desprende del avance de datos del curso 2017-2018 elaborado por la Junta de Comunidades, donde se puede comprobar que esta brecha es especialmente pronunciada en la ESO, donde más del 13% de los alumnos matriculados en la escuela pública no pasan de curso, frente al 7,5% de la privada-concertada.
Unas cifras que son paralelas a lo que sucede en el conjunto del país. Según datos del Ministerio de Educación para el curso 2014-2015, la tasa de repetidores en la ESO es ocho veces superior en la escuela pública que en la privada.
¿A qué se debe esta diferencia? Más aún teniendo en cuenta que ambos modelos están regidos por la misma ley, la LOE de 2014 del PP, donde se marca que los alumnos solo pueden repetir un curso en Primaria y hasta dos en la ESO, siendo el número de asignaturas suspensas el criterio que marca qué alumnos promocionan y cuáles no.  
Sin perder de vista tampoco que esta ‘brecha’ en el fracaso escolar se ha incrementado en la última década. En el curso 2007-2008, el 17% de los alumnos de ESO de la escuela pública repitió curso, frente al 12% de la privada-concertada.
El factor socioeconómico es, en este sentido, una de las claves que explica este hecho. Desde la Universidad de Barcelona, Jorge Calero y Álvaro Choi apuntan que «los  centros  con  una  menor  proporción  de  hogares  de  estructura  nuclear,  así  como  aquellos  con  una  proporción  elevada  de  alumnos  de  origen  inmigrante  (más del 30% del total)  tienden  a  acumular un mayor número de alumnos repetidores».
Por contra, «sobresale la menor acumulación de repetidores en los centros  privados  y  concertados», continúan estos autores, algo que «puede  venir  explicado  por  los  diferentes  objetivos  asociados  a  la  forma  de  gestión  de  los  centros,  así  como  a  la  posible  selección  del  alumnado».
Una apreciación que comparten los sindicatos educativos. Desde Anpe, Mónica Sánchez señala el «factor socio-económico» como la principal  causa de esta brecha. Y es que, como señala, a mayor nivel formativo de las familias, menor fracaso escolar.
Una afirmación que comparte también Pedro Ortega, de STE-Castilla-La Mancha. Como explica, los alumnos con menos recursos económicos se quedan directamente fuera de las escuelas privadas y concertadas, ante el mayor coste de sus servicios (uniformes, comedor y extraescolares). A los que suma las «donaciones que hay que hacer todos los meses a los centros concertados, aunque digan que son voluntarias».
Cuestión económica a la que Ortega también añade una vertiente más comercial. Y es que, a su juicio, en la escuela privada «se intuyen presiones» para aprobar a los alumnos que no se dan en la pública, ya que en estos centros las familias también son «además de familias, clientes».
Una afirmación que sustenta con datos. Según advierte, en la EvAU, la antigua Selectividad, los resultados de la escuela pública son sensiblemente superiores a los de la privada, prueba, según Ortega, de que los estos alumnos están mejor preparados.
En cuanto a las recetas para frenar este problema, Calero y Choi apuntan a la   política   educativa   nacional e insisten en la «escasa efectividad» de la repetición de curso «como herramienta en la lucha como el fracaso». Y es que, como apuntan,  «si la repetición consiste en repetir contenidos idénticos al año anterior, ello puede desmotivar al alumno que, por ejemplo, suspendió tres asignaturas pero aprobó seis, viéndose obligado a repetir nuevamente esas seis».  Sin olvidar que «el alumno es separado de su grupo de compañeros, siendo introducido en un nuevo grupo de compañeros más jóvenes en el que parte con la etiqueta de ser el ‘repetidor’, situación que puede tener consecuencias negativas sobre su autoestima».
En esta línea, desde Anpe se insiste en que la repetición de curso se diseñó como una medida «extraordinaria» y no es mala per se.  No se puede comparar el «modo de ser alemán o finlandés con el español», añade Sánchez, para quien el verdadero problema está en la falta de  fondos para llevar a cabo una verdadera atención a la diversidad y evitar con ella las ‘repeticiones’. Fondos que, para Anpe, deben destinarse a bajar las ratio de alumnos por aula y a aumentar el número de horas de refuerzo y desdoble, sin perder de vista la necesidad «de reducir las horas lectivas para el profesorado», especialmente en Secundaria, «para que dispongan más tiempo para preparar actividades y recursos de apoyo».  
Desde STE se insiste también en esta línea de ‘recuperar’ los fondos perdidos durante la crisis en Educación. En este sentido, Ortega reclama volver al menos lo que marcaba la Ley de Educación regional de 2010, que marchaba que el 5% del PIB regional debía destinarse a este concepto. «Cospedal derogó esta parte y actualmente estamos en un 4%, porcentaje que en nuestra opinión debería subir hasta el 7».
No obstante, desde STE se apuesta a largo plazo por repensar el modelo de la ‘repetición’ de curso, mirando al ejemplo finlandés como modelo a seguir. Se verá.