Bono: «Ya hemos metido la mano, pero no la pata»

ADM
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El entonces candidato a presidir la Junta de Comunidades se congratulaba de que los socialistas hubieran accedido ya a ayuntamientos tan importantes como Talavera de la Reina, Albacete, Guadalajara y Puertollano

Las elecciones autonómicas, por su parte, estuvieron marcadas en Toledo por el apoyo del vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, a un PSOE en el que Jesús Fuentes Lázaro, anterior presidente de Castilla-La Mancha, acababa de ser apeado de las listas en favor de José Bono. Cuestiones como la capitalidad regional -que se disputaban entonces Alcázar de San Juan, Almagro y Cuenca, además de Toledo- y la creación de la Universidad de Castilla-La Mancha fueron telón de fondo en unos comicios cuyos cabeza de lista para esta provincia eran Florencio Alonso Blanco (PSOE), José Lara Alen (AP-PDP-UL), Antonio Urban Pinel (PCE), Fernando Suárez Grijalba (CDS) y Juan González Serrano (PDL). Estaban en juego diez diputados autonómicos por la provincia de Toledo, otros diez por Ciudad Real, nueve por Albacete, ocho por Cuenca y siete por Guadalajara.
Las de 1983 fueron las primeras elecciones celebradas en Castilla-La Mancha tras la aprobación del Estatuto de Autonomía (creado por Ley orgánica 9/1982, de 10 de agosto). Fueron convocadas por el presidente Jesús Fuentes Lázaro el 9 de marzo de 1983, en virtud del Decreto 55/1983. Este lamentaba en declaraciones a la prensa la decisión acordada por el Comité Federal del PSOE, en beneficio de José Bono, frente a «los que nos hemos desenvuelto dentro de un funcionamiento y planteamiento normal dentro del Partido Socialista, es decir, a través de los órganos provinciales y regionales» (El Castellano). Fuentes Lázaro continuaría trabajando el resto de la legislatura como diputado en el Congreso y como miembro de la Comisión de Educación y Cultura, apostando denodadamente por la capitalidad de Castilla-La Mancha en Toledo, «por contar con la infraestructura suficiente y con sobresalientes valores históricos, capaces de proyectar turísticamente nuestra región hacia el exterior» (Lanza).
Uno de los momentos más multitudinarios de la campaña tuvo lugar el 27 de abril de 1983, cuando Alfonso Guerra pronunció un mitin en el paseo de la Vega acompañado por los candidatos del PSOE al Ayuntamiento de Toledo y a la Junta de Comunidades, Joaquín Sánchez Garrido y José Bono Martínez. El vicepresidente del Gobierno, quien también acudiría a Toledo, al palacio de Fuensalida, la noche electoral, se refirió como «Triple A» -por la organización terrorista Alianza Apostólica Anticomunista, responsable de ocho asesinatos entre finales de los setenta y los primeros años ochenta- a la coalición entre Alianza Popular, Partido Demócrata Popular y Unión Liberal. Consideraba a la alianza de las derechas, con una dialéctica que recuerda a la de 36 años después, «pendiente de egoísmos, de mezquindades, de fórmulas tan miserables de entender la política de este país que se hallan en un particularismo que les hace no entenderse entre ellos».
José Bono, ya diputado por Albacete en el Congreso -donde recientemente había vivido el episodio del 23-F-, basó buena parte de su campaña en la promesa de crear un fondo coyuntural de 10.000 millones de pesetas para la agricultura castellanomanchega. Avanzaba prácticamente la creación de la Universidad de Castilla-La Mancha -aún serían necesarias muchas gestiones con el ministro de Educación y Ciencia, José María Maravall- y se congratulaba de que para los votantes de esta región los socialistas «hemos metido la mano» -es decir, accedido a la gestión municipal de ciudades como Talavera, Albacete, Guadalajara y Puertollano-, pero «no la pata», por lo que su apoyo crecía.
El resultado de los comicios fue claro: 122.534 votos para el PSOE (6 escaños) y 94.912 (5 escaños) para la Coalición Popular. El Partido Comunista, ya sin escaño, fue la tercera fuerza, con 15.018 sufragios.