NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Frente a la desafección, reflexión

Las estrategias no han sido malas, pero han tenido fisuras. Hoy es el último día de campaña. Las agendas de los candidatos estarán hasta arriba para terminar de enfervorecer a los convencidos, y terminar de hacer llegar el mensaje a los indecisos. Pero el fallo sigue ahí.
Les bastó con que se les negará la participación en los debates televisados para que se les mencionara. Y allí estaban, presentes, como la corrupción o el Falcon. No les han hecho falta entrevistas en grandes medios para que siguieran llenando plazas, cada vez más grandes, incluso a la hora de los debates.
La lucha entre PP y Ciudadanos, esa lucha a la que Sánchez se refirió como “las primarias de la derecha para ver quién dice la mayor barbaridad”, y el trasvase de candidatos para las listas que ha acabado absorbiendo como un agujero negro Ciudadanos, están dando alas a Vox.
La baza de la fragmentación habrá que jugarla. En Finlandia, por primera vez en su historia, ninguno de los partidos que concurrían a las elecciones obtuvo el 20 por ciento de los votos. Es decir, que el mínimo para formar un gobierno implicaría la alianza de hasta 4 partidos. Ahí entra la ultraderecha en juego, que tras haber conseguido uno de los mejores resultados de esos comicios, se les plantea el freno de un posible cordón sanitario. ‘Verdaderos Finlandeses’ se llaman, para que los demás sepan que no lo son.
Aquí no solo se descarta hacer un cordón sanitario a la ultraderecha -el único que hay encima de la mesa es el que ha planteado Ciudadanos al PSOE, al menos en las generales, que luego ya se verá-, sino que se tiene como una opción más que probable la posibilidad de que la suma de los tres partidos de ese lado ideológico terminen por desalojar a Pedro Sánchez del Gobierno, como ya ocurrió en Andalucía.
Pero visto lo visto, igual ni falta que hace. Los votantes estamos viendo el espectáculo. Los de la derecha ven que las discusiones entre ‘papá y mamá’ se suceden. El trasvase, porque ya no son solo casos puntuales, de miembros del PP a las filas de Ciudadanos -el último el de Ángel Garrido, expresidente de la Comunidad de Madrid con el PP- , y el desencanto, les están llevando a elegir al extraño. Y mientras, en la izquierda se regodean y dejan que se perpetre el fratricidio, por si sacan tajada.
Con este panorama, sinceramente, me sorprende que se formen esas colas a las puertas de Correos para pedir el voto a distancia. Hay dos opciones. Se me ocurre que todavía hay ganas de cambiar las cosas, y hemos vencido al desencanto y a la desafección por la política. O, por el contrario, que cuando termine el recuento este próximo domingo, todos esos que están aguantando ahora mismo el frío y la lluvia en esas colas quieren estar bien lejos cuando se den a conocer los resultados, para que no les salpique. Mañana sí que vamos a necesitar esa jornada de reflexión.