El Olivarito de Eugenio de Mora y Ángel Téllez

Dominguín
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Triunfal tarde en Mora de Toledo en la que los tres espadas salieron a hombros ante un gran encierro de Alcurrucén. Téllez, que se presentaba como matador en su pueblo, dejó una gran nota con un triunfo sonado

El Olivarito de Eugenio de Mora y Ángel Téllez

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El pasodoble El Olivarito es patrimonio de los toreros morachos y como mucho se había oído en la plaza de Mora en un par de ocasiones por festejo. Pero esta vez han sido el doble, cuatro veces ha sonado en las faenas de sus dos paisanos y en las vueltas al ruedo con los trofeos en la mano. Unas veces deleitando las magistrales obras de sus paisanos y otras cantando al unísono de manera festiva y jolgórica. 
La plaza de toros ha acogido una buena entrada con motivo de la corrida de toros de la Fiesta del Olivo. Dos toreros de la tierra juntos en el cartel atrajeron a más público de lo habitual pese a lo madrugador del horario del festejo.
Eugenio de Mora estuvo a gran altura durante toda la tarde. En su primer toro supo templar y mandar con su prodigiosa muleta perdiendo los máximos apéndices por el mal uso de los aceros.
Por otro lado, en el cuarto se desquitó y, pese a no ser tan lucida como la anterior faena, llegó más a los tendidos y el acierto en la suerte suprema le hizo llevarse a sus manos el doble trofeo que le abría la Puerta Grande.
El segundo espada del cartel era Toñete, torero con poco bagage pero que en Mora ha demostrado que tiene ganas de ser torero, conectando de manera maravillosa con el público moracho. Fueron dos episodios de corte distinto, primando el pundonor del espada y las ganas de agradar con los astados. La espada le dejó sin tocar pelo en su primer enemigo mientras que en el quinto de la tarde enterró el acero a la segunda, valiéndole la llave de salir a hombros las dos orejas.
Cerraba el cartel el recién alternativado Ángel Téllez, torero local que hacía su tercer paseíllo como matador de toros; terno blanco y oro del joven espada que ya con el capote a su primer toro dejó la firma de la entrega que iba a suponer toda la tarde. Variado y con gusto, valiente y decidido, llegando a la faena de muleta el público caldeado. Con la pañosa en la mano estuvo fresco y con gusto, toreando por bajo por ambos pitones, rematando su actuación con una soberbia estocada hasta la empuñadura.Dos orejas que le supieron a gloria a Téllez que no iban a dejar aquí su impronta y su debut ante sus vecinos.
Salió a la plaza el sexto toro, animal que manseó desde el caballo y que Téllez supo recibir con la muleta rodilla en tierra por ambos pitones, levantando tremendos olés del respetable en los tendidos.
Una vez que el animal decidió arroparse en las tablas, el joven espada toreó con clase y sapiencia llegando al éxtasis cuando le recetó un ramillete de bernardinas de infarto, ajustadísimas, arrollando prácticamente el animal al torero, lo que tras enterrar la espada en lo alto le valió para cortar su primer rabo como matador de toros.
El público aplaudía a rabiar, los vecinos se tiraron al ruedo a acompañar a sus paisanos en la emocionante Puerta Grande hasta la misma calle donde, a gritos de ¡torero, torero!, recibieron a los tres espadas que se jugaron el tipo en Mora de Toledo.