De Polo a Corazón

Fj Rodríguez
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De Polo a Corazón - Foto: Yolanda Lancha

El coleccionista cubano-estadounidense, Roberto Polo, recibe en su casa de Toledo al padre del diseño gráfico en España, Alberto Corazón, y juntos analizan para La Tribuna el concepto, evolución y futuro del arte


La ‘Colección Roberto Polo. Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha’ (CORPO) abrió sus puertas el pasado 27 de marzo. Pero ahí no terminó el trabajo. El coleccionista cubano-estadounidense no ha parado ni un instante de bregar en pro de su última apuesta cultural, volcándose en un proyecto en el que ha puesto toda su alma. La amplia agenda de contactos de The Eye, como le apodan en el mundo del arte por su buen ojo para adelantarse a comprar hoy lo que otros desearán mañana, está sirviendo para colocar a la ciudad de Toledo en el mapa internacional de un mundo, como el del arte contemporáneo de primer nivel, hasta ahora vedado.
Coleccionistas, artistas, académicos… el goteo es incesante y las visitas privadas se acumulan en la agenda de Roberto Polo. El coleccionista se ha tornado anfitrión y Cicerone. Y no defrauda.
El diseñador, fotógrafo, escultor y pintor Alberto Corazón ha sido uno de los últimos en acercase a conocer CORPO. El fundador y presidente de la Asociación Española de Diseñadores Profesionales, la persona que logró encumbrar el diseño a la categoría de disciplina académica dentro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y cuyo arte está insertado en el inconsciente colectivo de todo el país gracias a logos como el de la ONCE, Renfe Cercanías, Biblioteca Nacional, Paradores o la Compañía Nacional de Teatro Clásico (sin olvidar el diseño de marca del obrador de mazapanes de Santo Tomé), visitó la Colección Polo este pasado martes.
Durante unas horas, el genial artista madrileño se extravió disfrutando entre las obras que alberga el antiguo convento de Santa Fe, perdiendo la noción del espacio, “es un edificio maravilloso, laberíntico”, y del tiempo. Tanto fue así que Corazón hizo esperar a su amigo Polo, que aguardaba para compartir mesa en su provisional residencia toledana.
Provisional, sí, porque no es del agrado del coleccionista de origen cubano. «Es una casa burguesa sin alma, y sus techos son demasiado bajos; no puedo colgar ningún cuadro», se lamenta entre risas Roberto Polo.
Lo cierto es que la casa no está nada mal, pero no tiene nada que ver con él. «Ni siquiera he desempaquetado las cajas de la mudanza», reconoce el coleccionista sobre lo eventual de su vivienda.
Con todo, un centenario piano de cola y algún que otro mueble de diseño evidencian que en esa casa no vive una persona cualquiera. Si a eso le sumas el núcleo familiar del artista, con su longevo y vitalista padre de 96 años a la cabeza, la combinación se acerca más a lo que Roberto Polo aspira para montar su hogar toledano.
Tras una comida tradicional italiana, con ensalada de pimientos y la mejor pasta fresca que se pueda probar a esta orilla del Tajo, llega el momento de una sobremesa en el que dos titanes de la escena artística demuestran que la excelencia de una persona se puede manifestar en los grandes momentos, pero se forma en los instantes cotidianos.
Creación artística
El diálogo entre Polo y Corazón arranca profundo. El padre del diseño gráfico español, que prefiere catalogarse así mismo como «comunicador gráfico», toma la iniciativa interrogándose sobre el proceso de creación artística.
«Para mí es una tormenta neuronal», afirma para describir la agitación que siente cuando está trabajando en el sentido correcto. «Estás en un proceso en el que sabes qué camino estás haciendo, pero no puedes explicarlo aún», añade sobre su visión de un misterio clásico: ¿De dónde vienen las ideas?
Roberto Polo recoge el testigo, y aporta un punto de vista académico, desgranando la evolución del concepto de creación artística. Antes, cuando él estudio historia y teoría del arte en EEUU, la pedagogía empleada era filosófica y formalista. Luego evolucionó a una teoría psicológica, impregnada de simbolismo y con claras influencias del psicoanálisis, pero Polo tiene muy claro que «la creación es invención, no es un ejercicio de estilo».
Por ello, para él la fecha de una obra de arte es esencial. «No es quién lo hace mejor, es quién lo hace primero. Eso es fundamental. No es el aspecto técnico lo que hace una obra de arte, es la idea. La nueva expresión artística. Al fin y al cabo, creación es invención y el proceso de llegar a ella», razona Polo.
Ese interés por conocer el origen exacto de la idea está muy patente en la Colección Polo. Alberto Corazón fue testigo de ello y coincide con el coleccionista cubano en que muchas veces lo que se estudia no es del todo exacto. «La universidad nos enseña que las primeras abstracciones geométricas son de 1914, con Málevic y Mondrian, pero es una gran mentira», afirma Roberto Polo, que se ha preocupado de investigar y cartografiar las lagunas cronológicas del arte.
El mundo del arte
Los derroteros de la conversación entre Polo y Corazón terminan irremediablemente en analizar el actual mundo del arte. Para Alberto Corazón se tiene que hablar «de los mundos del arte, porque cada vez es un territorio más diversificado». En su opinión hay un mundo ‘A’ que sería el arte convertido en un producto financiero, un mundo ‘B’ que es el de las grande instituciones, museos como el Guggenheim, Louvre, Metropolitan…, «que exportan y convierten en una franquicia su actividad museística», y un mundo ‘C’ que es el de las fundaciones y colecciones privadas, en el que Corazón realiza dos subdivisiones. Por un lado, las colecciones de las grande fortunas del mundo del lujo, como Gucci, «que se han hecho riquísimos vendiéndonos cosas que no necesitábamos a precios disparatados», y por otro «los verdaderos coleccionistas», como Roberto Polo.
Para Corazón, la colección y el coleccionista son uno. No se pueden separar. «El caso de Roberto es muy insólito. Para España. A lo mejor fuera no tanto, pero para nosotros sí. Porque mostrando su colección una multiplicidad de estéticas, hay un hilo común, un alma que está permanente. Y ya el colmo es que ha encontrado un lugar también insólito, extraordinario, como es el convento de Santa Fe», afirma Alberto Corazón, que no duda en agradecerle a Polo la experiencia de contemplar su centro de arte. Una auténtica epifanía para el emblemático diseñador.
Polo, por su parte, señala que se ha perdido el rumbo. «Ahora separamos arte moderno de contemporáneo. Eso lo veo ridículo, es absurdo, comercial. Han ido incluso más allá, y tiene artistas contemporáneos vivos y muertos, cuando contemporáneo quiere decir lo que quiere decir… deberían estar todos vivos. Hemos perdido de vista el modelo de colección sobre el que los grandes museos fueron creados. No debe de ser el escaparate de firmas comerciales, debe de ser el reflejo de una visión singular y conocedora», mantiene Polo, que incide en que «la mayoría de los que se llaman coleccionistas hoy tienen una visión a la moda, y nada pasa más rápido de moda que la moda». «Los museos han pasado a vender entradas en lugar de ideas», sentencia contrariado Polo.
Mediocridad
 Alberto Corazón enlaza esa actitud de los grandes museos con el triunfo de la mediocridad. «Ahora es el triunfo de la mediocridad y eso significa la exclusión de la excelencia».
Polo no duda en señalar a los comerciantes de arte contemporáneo, que «enseñan a su clientela que el criterio para comprar una obra de arte es ‘me gusta’ o ‘no me gusta’. Uno debe amar la obra de arte, por supuesto, pero además uno debe poder leerla. Debes tener un conocimiento, hasta cierto grado, para poder realizar una lectura, igual que cuando uno escucha buena música. Uno no tiene que ser un teórico del arte, pero debe conocer bastante para poder comprender una obra. El arte visual tiene su idioma, su vocabulario, su sintaxis... Después puede haber autores que puede gustar a un público que no sabe nada, que mira esa obra en un primer grado de superficialidad, pero después esa obra tiene más capas más profundas y las puede apreciar las personas instruidas. Hay las dos cosas, y el artista genial es que puede atraer a todo el mundo».
Museos clónicos
 La moda y el triunfo de la mediocridad han conllevado que todos los museos se acostumbren a tocar la misma canción, para que nadie se sienta amenazado con cosas nuevas. Para Alberto Corazón, visitar una muestra como la de CORPO, en la que no están «ni Tápies ni Warhol, es una bendición».
«En las últimas décadas uno sabe lo que va a ver antes de poner un pie en un museo. Son todos clónicos», interrumpe al respecto Roberto Polo. «Es un como un club social en el que si no tienes una lista probada de artistas no puedes entrar. Nunca ningún gran museo de arte moderno de fin de siglo XX ha sido fundado sobre esa base. Siempre han sido visiones originales, una nueva visión del arte, porque el coleccionista en cierta forma también es un artista. En el sentido de que tiene que ver de una nueva manera y debe justificarlo. Tiene que haber principios para una nueva manera de ver», apunta el coleccionista que, gracias a su saber enciclopédico llega a la conclusión de que el arte moderno le debe mucho a las mujeres.
«Los pilares del arte moderno, casi todos, fueron mujeres. Peggy Guggenheim fue la que puso a muchos al frente, pero tuvo esa visión particular. Katherine Dreier, la baronesa Hélène de Mandrot… casi todas fueron, curiosamente, mujeres. Casi todos los pilares del arte moderno fueron mujeres, como la coleccionista Gertrude Stein», señala.
Miedo a lo nuevo
 Esa situación a la que se enfrenta el arte con museos prácticamente clónicos corresponde, según Alberto Corazón, a un «miedo a lo nuevo».
Roberto Polo no puede estar más de acuerdo, e introduce que «volvemos al traje nuevo del emperador. Pero hoy en día la situación es peor todavía, porque no hay ni emperador. Si la propia persona no sabe lo que es oro, cómo va a reconocer el valor de la palabra oro», afirma.
Por ello, Alberto Corazón no duda en afirmar que Roberto Polo juega «en otra liga». Afortunadamente, Castilla-La Mancha, y Toledo, han sido los elegidos para acoger su nuevo terreno de juego.
Toledo
Roberto Polo, aunque aún no haya encontrado su vivienda definitiva, lleva ya varios meses viviendo en la ciudad, pero Alberto Corazón le lleva 30 años de ventaja, los que hace que adquirió un cigarral, este sí con alma, al que van a colocar en breve el cartel de ‘se vende’.
Corazón asegura sentirse más cómodo viviendo en Toledo como un forastero, la ciudad no le ha tratado todo lo bien que merece. Aún recuerda con amargura la caza de brujas que vivió a raíz de su novedosa señalización para el Casco, que fue perseguida y castigada por la ignorancia. En la Universidad de Yale aún se estudia su modelo.
A pesar de su mala experiencia, Corazón es un enamorado de Toledo, y no quiere influir para nada en la opinión de su amigo Roberto.
«Lo suyo concuerda con otras historias que he escuchado de Toledo, pero yo no he vivido eso. Más bien todas las personas han sido amables y acogedoras conmigo», comenta Polo, que tuvo siempre muy claro que llegaba a Toledo porque la vanguardia siempre triunfa donde se rechaza lo moderno.
Con todo, Polo echa la vista atrás, y recuerda que esa imagen de un Toledo cerrado y conservador no es históricamente así. La ciudad ya acogió al Greco en su día, «un vanguardista, sin duda», y también vivió una explosión a comienzos del siglo XX, con figuras como Lorca, Dalí o Buñuel. «En una España atrasada aquí hubo una efervescencia y estoy tratando de comprender que es lo que pasó para que se produjera esa ruptura», razona.
Tanto Corazón como Polo coinciden en que la fuerte presencia de la iglesia y el ejército «han frenado a Toledo en los años posteriores a la Guerra Civil».
Por suerte, los tiempos cambian. La ciudad ha evolucionado y la ‘Colección Roberto Polo. Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Castilla-La Mancha’ es una perfecta prueba de ello.