Hospitales de la provincia de Toledo en el siglo XVIII (IV)

José García Cano*
-

Teresa Enríquez fundó en 1525 el hospital de Nuestra Señora de la Consolación de Torrijos. Ubicado en la plazuela de San Gil, fue dotado con casi 200.000 maravedís de renta. En el siglo XVIII atendía a enfermos ulcerosos y contagiosos por la sífilis

Hospitales de la provincia de Toledo en el siglo XVIII (IV)

La cuarta entrega de los hospitales toledanos en el siglo XVIII la arrancamos con Torrijos. En esta histórica localidad el primer hospital citado en aquél siglo es el de Nuestra Señora de la Consolación, que fue fundado por la conocida y esclarecida doña Teresa Enríquez en 1525, ubicado en la plazuela de San Gil y que fue dotado con casi 200.000 maravedís de renta. Se atendían en su interior a los enfermos ulcerosos y contagiosos aquejados del morbo gálico (la sífilis o mal francés). Posteriormente se trasladó su ubicación a otro espacio más idóneo ubicado cerca del monasterio franciscano de Santa María de Jesús (conocido como el segundo San Juan de los Reyes). Ya a finales de siglo, estaba prácticamente demolido, siendo sus rentas agregadas al hospital de la Santísima Trinidad, el cual fue fundado también por doña Teresa y su esposo, don Gutierre de Cárdenas y se instaló en la casa de Santa Catalina; por otro lado crearon una hermandad denominada de la Santísima Trinidad que atendía a enfermos ubicados en este segundo hospital torrijeño. Se construyeron salas distintas para hombres y mujeres y poseía entre otras rentas, quinientas fanegas de trigo. En él se daba de comer a los peregrinos que pasaban por la villa; lo asistía un médico, un cirujano, un capellán, un mayordomo y varios oficiales que procuraban curar a los enfermos de calenturas. En la iglesia de este hospital de estilo gótico, se veneraba la imagen del Cristo de la Sangre, que había enviado desde las Indias don Francisco Carrasco de Cebreros, con destino a la cofradía de la Vera Cruz y Caridad de la Sangre.
En Urda sabemos muy poco del único hospital que poseyó la población y nos cuenta la crónica que sirvió para recoger pobres pasajeros y no tenía rentas, señalándose que fue creado por un devoto de quien no sabemos el nombre. En Las Ventas con Peña Aguilera hubo un hospital para refugio de viandantes con un capital de 600 reales y un carro de paja que pagaba un vecino del edificio que poseía allí un pajar. Villacañas también contó con otro hospital que como le ocurría al resto de espacios bajo la jurisdicción de la Orden de San Juan, era administrado por el Gran Prior y en su nombre algún matrimonio de hospitaleros. Servía -como viene siendo habitual- para atender a pobres (tanto hombres como mujeres) de la propia localidad, así como a los visitantes; su escasa renta llegaba a 21 reales por lo que los pobres para mantenerse debían pedir limosna ‘de puerta en puerta’, aunque algunos vecinos aportaban ciertas cantidades voluntariamente para los enfermos y necesitados. En Villafranca de los Caballeros solo hubo un hospital denominado de Nuestra Señora de la Asunción con 300 reales de renta. Villanueva de Alcardete también tenía hospital que fue fundado en 1584 por doña María Sánchez de Lázaro, beata de la Orden de San Francisco y se mantenía en el XVIII con un censo a su favor de 1.000 reales de capital y la renta de 3 fanegas de trigo sobre una tierra; en él se acogían a pobres y a peregrinos. En Villarejo de Montalbán aunque oficialmente no había hospital en aquél siglo, sí que aparece una memoria pía que se denominaba ‘del hospital’, con algunas tierras cuyos productos se invertían en dar limosna a los pobres necesitados.
Villarrubia de Santiago contaba con un hospital para curar enfermos pobres, que se mantenía gracias a diferentes censos y tierras, que producían 440 reales, insuficientes claramente para cubrir los gastos del establecimiento. En Villaseca de la Sagra había un pequeño hospital denominado ya en 1579 con el nombre de San Bernardo, en el que se acogía a los viandantes pobres y que no tenía ni camas, ya que en 1752 carecía de rentas para mantenerse. En una descripción de 1759 se indica que el hospital tenía una nueva iglesia de tres naves y suficientes rentas, con dos capellanes que diariamente celebran los oficios, con lo cual se debió invertir en él o algún vecino aportó lo necesario para su reparación. Ayudaba a los peregrinos, a parientes del fundador (del que no trasciende su nombre) y a personas mayores de 40 años a los que se daba una limosna.
Villasequilla llegó a contar con un pequeño hospital que se desarrollaba en dos habitaciones y en una cocina. En una de ellas residía el hospitalero y en otra los viandantes pobres. Se mantenía con 8 reales de renta anual y había sido fundado por un párroco de Villasequilla llamado don Alonso Triscar Carnero. Villatobas tuvo hospital para pobres en el que se les daba «cubierto, cama y asistencia» para el que caía enfermo. En 1782 parece ser que había otro hospital para sacerdotes, del que apenas hay datos. La localidad de El Viso de San Juan ya contabiliza dos hospitales al menos desde mediados del siglo XVI; uno el de Santa María y el otro el de los Santos Cosme y Damián, que se integró en la cofradía de Santa María, siendo en 1576 el único que aparece en activo. Se mantenía con las rentas que producían 38 fanegas de trigo  y parece ser que se fundó en 1376. En Los Yébenes de San Juan, uno de los dos núcleos que componían la actual localidad de Los Yébenes, figura un hospital para enfermos y pobres donde también se daba hospedaje a los peregrinos, con unas rentas en 1787 de 600 ducados. Yepes tuvo tres hospitales: el de Nuestra Señora de la Concepción con 4.000 reales de renta y donde no se acogían pobres pues las rentas se aplicaban al culto divino, el de San Nicolás para viandantes pobres con 330 reales de renta y el hospital de San Pedro, para hospedar sacerdotes, estudiantes y peregrinos con una renta de 1.920 reales, manteniendo a un capellán que decía misa los días festivos, a un mayordomo y a un hospitalero. También concedía esta fundación alguna prebenda a doncellas pobres. En la localidad de Yuncos aunque no hubo hospital, sí que contaban con un cuarto pequeño que un vecino destinó a albergue de pobres que pudieran llegar al pueblo.

*José García Cano es académico correspondiente en Consuegra de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo