San Isidro comienza con marcado acento toledano

La tribuna
-
Álvaro Lorenzo fue el primero de los 5 matadores de la provincia. - Foto: Plaza 1

Numerosos profesionales de nuestra provincia han estado presentes en los primerosfestejos del abono isidril.

mario gómez /las ventas
Álvaro Lorenzo fue el primero de los 5 matadores de la provincia. En la tarde del pasado 17 de mayo, ante astados de El Tajo y La Reina, el toledano trenzó el primero de los tres paseíllos que tiene firmados en Madrid. Ante la devolución del primero de su lote, lidió un sobrero de Montealto. El pupilo de Agustín Montes, se movió desacompasado y sin posibilidad de lucimiento, ante lo que Lorenzo solo pudo poner cordura y tratar de pegado a tablas aplicar un temple que atesora y no pudo lucir. En el que cerró la tarde, un buen astado del hierro de El Tajo, mostró Lorenzo las virtudes que atesora ya desde el capote. Tras unas verónicas acinturadas, buscó a derechas e izquierdas una faena que abrochó con bernadinas y en la que a punto estuvo de tocar pelo de no ser por el pinchazo con la espada que dejó todo en ovación.
Esa misma tarde, el valor seco de Román llamó la atención a muchos. También ante un sobrero, en este caso de Torrealta, lanzó la moneda al aire el valenciano para encauzar acometidas lidiando con el toro y el aire. Violentos navajazos hubo de esquivar el matador, para a base de tesón pulir el bruto animal y pasear una vuelta al ruedo tras petición.  Buscó al noble 5º las vueltas, pero no hubo son al que poder bailar para triunfo mayor y cosechó silencio.
Con residencia en nuestra provincia, los hermanos Adame también estuvieron en este inicio. En este mismo festejo, fue el mayor, Joselito, quien actuó en su único compromiso anunciado. Destacando su saludo al que hizo primero, no pudo mucho más en toda la tarde. Animales a menos, rebrincado el 1º y desfondado el 4º, no pudo José mucho más allá de saldar con dignidad su paso por este San Isidro 2019.
Para Luis David, fue el turno al día siguiente. Toros de Montalvo para una terna que completaban Ginés Marín y Pablo Aguado.
La tarde comenzó en muy altas cotas. Un gran toro de Montalvo, le correspondió en suerte a Ginés y con un toreo técnico y valiente logró entablar una faena que levantó por momentos a los aficionados que poblaban casi en la totalidad los tendidos venteños. Buscó amarrar el trofeo con unas bernadinas muy ceñidas dándole distancia al toro, que hicieron contener la respiración al respetable.  Una estocada hasta la bola hizo el resto y se poblaron los tendidos de pañuelos para pedir el trofeo para el extremeño. El aire supuso un hándicap en el parado 4º. Deambuló la faena de Ginés entre la búsqueda del terreno idóneo y estructurar tandas que no tuvieron el calado necesario. La Puerta Grande quedó entreabierta y el público quedó esperándolo para futuras comparecencias. 
Luis David salió espoleado a su primer toro. Tanto fue así que no le dio tiempo irse a la puerta de chiqueros por culpa de la incontinencia del torilero. A pesar de ello lo recibió con cadenciosas verónicas mostrando (toro y torero) que podría ser un buen binomio. Mención especial merece Óscar Bernal que dejó uno de los tercios de varas de la feria, antes de que Aguado quitase a la verónica y Luis David respondiese con vistosas zapopinas. En la faena de muleta, se echó de rodillas el azteca en los medios ofreciendo una muleta muy plana y obteniendo cierto lucimiento en el toreo en redondo de rodillas. Gran toro de Montalvo con un extraordinario pitón izquierdo del que Luis David cuajó en distintas partes de la faena. Tras una extraordinaria tanda al natural, mató recibiendo. Perfecto. Por ejecución y colocación de la tizona que debiera haberle valido más que la vuelta al ruedo que dio. No cabe duda que pagó la generosidad de días anteriores siendo de mayor calado esta faena que algunas premiadas con doble trofeo. Poco pudo hacer ante el 5º con el que estuvo digno pero sin posibilidad de triunfo.
Lo mejor de la tarde llegó de la mano del sevillano Pablo Aguado, que venía envuelto en el aura de sus 4 orejas en Sevilla, y que sin duda arrastró gente a la plaza. De la tarde y quizá de lo que veamos en la feria. El silencio de Madrid. El del respeto y el de la expectación. El de las faenas grandes e importantes. El del toreo acinturado embrocando poco antes de la cintura y llevando largo y sometido. El de, el desmayo encajado por momentos y sutileza torera como tónica. ¡Cómo toreó Aguado! Entre olés y silencios callados, que fueron tan sevillanos como su toreo clásico que bien pudo valer máximos trofeos de no haberse atascado con la espada. Lástima, porque en su primero vivió en sus carnes la dureza de ser atropellado por el tren que era el sobrero de Algarra, y que posteriormente lo volteó lanzándolo por los aires y acunándolo en los pitones afortunadamente sin consecuencias. No pudo ser, pero será.