Anónimo homenaje por décadas de lectura

F. Rodríguez
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Aparece un cartel de agradecimiento en el Centro de Periódicos de Buenavista, que cerró en octubre por jubilación tras 34 años. «Gracias por décadas de libros en el barrio», reza el desconocido reconocimiento

Anónimo homenaje por décadas de lectura - Foto: David Pérez

El pasado 31 de octubre cerró sus puertas el Centro de Periódicos de Buenavista. Estaba situado en el segundo módulo del viejo centro comercial del barrio y era uno de los pocos comercios que aguantaba desde su apertura. Todos los que han vivido en la zona han cruzado alguna vez las puertas de este ya mítico establecimiento, en el que apilaban libros, revistas, coleccionables, cómics... y en el que atendía una mujer a la que todos conocían coloquialmente como ‘la francesa’.
Un cartel de «cerrado por jubilación» junto a otro de «se vende» lucían desde finales de octubre en el escaparate como último recuerdo de su actividad, hasta que la mañana del pasado sábado apareció otro mucho más gratificante y, si cabe, más misterioso.
Ni el vigilante de seguridad se percató de quién pudo ponerlo. Aún luce pegado al cristal. En él se puede leer, en letras mayúsculas y encabezando, un sentido «gracias». Acto seguido aparece la aclaración al reconocimiento: «Por décadas de libros en el barrio».

Anónimo homenaje por décadas de lectura
Anónimo homenaje por décadas de lectura - Foto: David Pérez
Breve, conciso y emotivo. Es inevitable para los más arraigados en esa linde entre Buenavista y Palomarejos que su mente no se traslade a los años 80 y 90. Es la magia de la magdalena de Marcel Proust hecha cartel. Un trozo de papel que, con leerlo, te transporta al pasado y te hace recordar todos los buenos momentos de lectura que salieron de ese establecimiento.
Toda historia tiene un comienzo. La del Centro de Periódicos de Buenavista empezó en 1985. Pero sus antecedentes hay que rastrearlos hasta los años setenta. ¿Cómo acaba una mujer francesa vendiendo prensa y libros en Toledo? Muy sencillo. Como en todo gran relato, siempre hay detrás una historia de amor.
Cleire Venin, como así se llama ‘la francesa’, trabajaba por aquellos años como enfermera en París y aterrizó en Toledo bajo recomendación de su profesora de español con la intención de perfeccionar el idioma. Pasó un mes en la ciudad alojada en la pensión de La Belviseña, y allí conoció al que es ahora su marido, Ignacio Abelardo Palacios.
Anónimo homenaje por décadas de lectura
Anónimo homenaje por décadas de lectura - Foto:
Entre conversaciones, acompañamientos y otros guiños, mientras una aprendía español y el otro hacía la mili en Colmenar, se fue forjando una relación que no terminó ahí.
Claire, o Clara como ahora la llaman todos, regresó a Francia. Ignacio trató de ir a despedirla a la estación de tren de Puerta del Sol, pidió incluso un coche prestado, pero una inoportuna avería les privó de ese adiós.
La relación continúo con  cartas y alguna llamada telefónica, hasta que en 1977 decidieron casarse y establecerse en Toledo.
Anónimo homenaje por décadas de lectura
Anónimo homenaje por décadas de lectura - Foto:
En 1985 el hermano de Ignacio, Antonio, abrió el Centro de Periódicos de Buenavista. La tienda no acogió libros en sus inicios, solo prensa, revistas y tebeos. Antonio atendía por las mañanas y por las tardes lo hacía Clara, hasta que en 1991 el fallecimiento del primero la hizo tomar las rindas del negocio.
Desde entonces, su vida y la de su familia ha estado ligada a la lectura. Los libros comenzaron a llegar a los estantes del comercio y, según la opinión de clientes y editores, Clara llegó a convertirse en una de las mejores libreras de la ciudad. Sus recomendaciones han marcado a una generación que, como se demuestra con el anónimo cartel, no lo olvida.
Clara cumple hoy 66 años. Hace apenas seis meses que se jubiló, pero su legado perdura. Su hija Noelle continúa con la saga familiar y regenta desde hace años, junto a su marido José Manuel, el Centro de Periódicos Buenavista 2. Lo abrieron hace tiempo con la intención de trasladarse, pero Claire se resistió a dejar ese pequeño local que tan buenos momentos les ha dado. Un trozo de la historia de un barrio joven, como el de Buenavista, pero que sabe ser agradecido.