Barro habitado en Ar+51

C.M.
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Cristina Guzmán Traver exhibe en la galería toledana una muestra escultórica que remite a un trabajo plástico artesanal vinculado a la tierra y a la calidez de un material acariciado por la mano y el fuego

La muestra resucita la calidez y cercanía de un material, parece, que en desuso. - Foto: Víctor Ballesteros

La sala expositiva de la galería de arte ‘Ar+51’ acoge, hasta el próximo 20 de mayo, el recorrido ‘Ulls i Finestres | Ojos y Ventanas’ firmado por Cristina Guzmán Traver. La escultora llegada de Aldaia (Valencia) exhibe un efectivo conjunto de piezas -cerámicas- que retornan a una disciplina artesana hecha con las manos. Esta certeza intimista se traduce en una suerte de pequeñas agrupaciones habitadas -o no- conformada por estructuras casi primitivas que devuelven el pensamiento a un transcurrir sereno y placentero. A otra vida en otro tiempo, a otras percepciones y deseos.
Y los ojos y las ventanas se contemplan en formas nacidas de la materia cerámica como soporte idóneo -y cercano- de creación plástica. Porque el gres y la terracota, humildes, se tornan esenciales en una producción que retorna  a una forma de hacer -pensar/transformar- esencial y, por ello, colmada de belleza conceptual y estética. Porque los ojos de las estructuras nacidas de la mutación de la tierra parecen invitar a mirar hacia dentro, a fijar la retina, a curiosear y buscar, incluso a espiar. Porque las ventanas -no siempre cerradas- dibujan una imagen que motiva, casi sin quererlo, un acercamiento consentido, susurrado.
No son habituales, en las salas expositivas toledanas, estas visitas tan austeras y reflexivas, lo que alude al interés de hacerlo en esta ocasión porque la experiencia, a buen seguro, será del agrado de quien desee reposar su pensamiento sobre creaciones prudentes y altamente instigadoras.
Porque además de las series referidas a los ojos y a la ventanas, la autora oferta la contemplación de murales de tres y cuatro elementos, y de fotografías vinculadas a su producción plástica que, en sí, conforman una suerte de universo privado abierto, en ‘Ar+51’ a la contemplación individual compartida.
De ahí que se haga imprescindible caminar deteniendo el paso, descubriendo las texturas y el resultado de trabajar un material tan noble -y versátil- como la tierra, observando las agrupaciones, los huecos abiertos, la delicadeza de sus proporciones y, claro está, el detalle dispensado por su hacedora.
Rememora, la escultora, las palabras de Miguel Hernández- Todas las casas son ojos/que resplandecen y acechan./ Todas las casas son bocas/que escupen, muerden y besan./ Todas las casas son brazos/que se empujan y se estrechan.