«En San Sebastián tuve mis mejores años como policía»

M.G
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«En San Sebastián tuve mis mejores años como policía» - Foto: David Pérez

La inspectora de la Policía Nacional, Lucía Alfaro, relata su trayectoria y sus experienciaslaborales en el País Vasco en los años 90. Ahora trabaja en Toledo en labores de gestión

Lucía fue directa a San Sebastián tras nueve meses de prácticas y jurar el cargo como policía. En los años 90, el País Vasco era un hervidero azuzado por el terrorismo y las amenazas constantes de la banda ETA. «Pero fueron mis mejores años como policía», confiesa Lucía Alfaro, inspectora, responsable del punto de contacto de la Oficina Nacional de Igualdad de Género, jefa del DNIy delegada de formación.
Lucía no para en horario laboral. En tres minutos suena el teléfono, una compañera entra para preguntarle y tiene que resolver al mismo tiempo algunas dudas relacionadas con el DNI de una familia que se ha presentado en las dependencias. Se le nota que está acostumbrada a lidiar con el reloj y con muchas obligaciones laborales desde hace tiempo y las resuelve sin más, quizá por la experiencia o porque aprendió así a hacer las cosas.
San Sebastián no era un paraíso para una policía novata, aunque enseguida se aconstumbró a «trabajar, trabajar y trabajar y no protestar nada». A Lucía no le tocó la época del uniforme marrón y de los tacones, pero todavía se sufría machismo en el cuerpo. «En la academia de Ávila algunos compañeros hablaban y debatían sobre la mujer porque no entendían por qué  tenían que ser policías». Corría el año 94 y Lucía también sabía que, a veces, se hablaba de ella porque su pareja sentimental era comisario y los compañeros pensaban que había tenido trato de favor.
Sin embargo, Lucía desmontó aquellas insinuaciones y fue demostrando en las prácticas, y poco después en San Sebastián, que era una policía vocacional y entregada para velar por la seguridad ciudadana. Pateó la calle con sus compañeros a bordo del coche patrulla y se introdujo más tarde en la lucha contra el terrorismo participando en la investigación y detención del comando Donosti, un grupo formado por muchas unidades satélites que burló más de una operación policial en esos años, pero su desarticulación evitó una serie de atentados que podrían haberse producido a corto plazo.
La vida en San Sebastián no era sencilla. «Se pasa respeto a todo, pero al final te acostumbras», cuenta Lucía. Circulaba por rutas diferentes, entraba por distintas puertas a la comisaría e intentaba no llamar la atención para que los vecinos no supieran que era policía, aunque siempre terminaban sospechándolo porque tenía que colocarse siempre de frente a la puerta en cualquier establecimiento. Incluso en alguna ocasión notaba cómo le tocaban el costado con el codo para saber si llevaba pistola.
También su perro le jugó alguna mala pasada escapándose. «Un día se perdió y al final alguien terminó llevándomelo a la comisaría». Así que lo de pasar desapercibida se esfumó con rapidez.
Además, Lucía pagó cara la novatada alquilando un piso encima de una herriko taberna, donde se reunían simpatizantes y afiliados de la izquierda abertzale. «No me di cuenta y me gustó tanto el piso que lo alquilé sin más», explica sorprendida todavía. Y en alguna ocasión se escapó el perro y terminó en la puerta de aquel bar.
otros destinos. De San Sebastián se marchó a Tarragona durante tres años. Tras este periodo pasó algún tiempo de excedencia y se incorporó a la Jefatura Superior de Policía de Toledo, donde lleva seis años. Al principio estuvo destinada en la oficina de extranjería, pero terminaron ofreciéndole pasarse a gestión «y por necesidades de mi vida personal acepté».
Lucía sabe por experiencia lo difícil que es compaginar su vida laboral y familiar. «Te enamoras, te casas, tienes hijos y tu carrera se aparca». Y aunque la conciliación  se incluya en leyes, ella reconoce que resulta complicado ascender en la escala cuando hay niños pequeños en casa.
Lucía seguirá trabajando en distintos departamentos a la vez, velando por la igualdad desde la ONIG y dejando claro las veces que haga falta, por ejemplo, que las mujeres policías eligen si se visten con falta o pantalón en los eventos que exigen uniforme de gala.