La madre, testigo del crimen: «Dio dos puñaladas certeras»

J.M.
-

El juez de la Audiencia Provincial taponó todos, o al menos la mayoría, de los intentos del abogado de la defensa de considerar que los familiares incurrían en contradicciones

La madre, testigo del crimen: «Dio dos puñaladas certeras» - Foto: David Pérez

El autor confeso de la muerte a puñaladas de Cristina Martín, José Rafael G. S., eligió hoy una mascarilla con los colores de la bandera de Canarias, su tierra natal, para seguir el juicio en el que se enfrenta a una petición de la Fiscalía de prisión permanente revisable. No dijo ni nada. Tampoco le tocaba, porque su turno abrió la primera sesión en la que se limitó a contestar a las preguntas de su letrado, Francisco Javier Serrano. Sí reconoció la autoría, aunque intente evitar la consideración de asesinato. Con esta premisa, el abogado repitió ayer frecuentemente la consideración de que los familiares (los padres, la hermana y una prima) incurrían en contradicciones con las declaraciones en la fase de instrucción.
El juez de la Audiencia Provincial taponó todos, o al menos la mayoría, de los intentos del abogado de que quedara constancia de la diferencia de versiones. «Este tema para mí ya está zanjado», espetó el magistrado al letrado cuando insistía en una supuesta contradicción del enfermero que atendía periódicamente a Cristina Martín.
Las discrepancias se referían a la capacidad de Cristina Martín de caminar por sí misma. «Con dificultad podía caminar sola, bamboleándose», precisó el enfermero. La autonomía de la víctima mortal, con una minusvalía reconocida del 85 por ciento, giró en las preguntas a los testigos y en la consideración de las contradicciones por parte de la defensa, probablemente porque la discriminación entre homicidio o asesinato en este juicio pivote sobre la alevosía (cautela para asegurar la comisión de un delito contra las personas, sin riesgo para el autor).
La madre, testigo del crimen: «Dio dos puñaladas certeras»La madre, testigo del crimen: «Dio dos puñaladas certeras» - Foto: David Pérezel testimonio de la madre. El testimonio de la madre tenía alcance porque fue la única adulta presente en el lugar del crimen. La mujer, por entonces de unos 73 años, sostenía en brazos a su nieto, hijo de una hermana de Cristina, cuando se desencadenó la agresión. Puso al bebé a salvo y vio cómo el acusado infligía la primera puñalada. «Dio dos puñaladas certeras. Sabía a donde iba», lamentó Vicenta, quien detalló que Cristina sufrió las heridas cuando estaba en el suelo, como recostada. «Le dio las puñaladas con las dos manos en la parte delantera», aseveró. El autor estaba de espaldas a la víctima.
El testimonio más sobrecogedor correspondió al madre de Cristina Martín, Tobías. «Perdónenme. No hay quien aguante esto. No se puede aguantar», dijo en un momento de su intervención entre lágrimas. «Una hora antes de hacerlo (el crimen), me lo dicen y no me lo creo. Le quería como a un hijo y creía en él. Nos ha enterrado en vida», subrayó en distintas partes de la declaración por la confianza con José Rafael G. S., quien llevaba unos 10 años casado con la víctima.
Tobías consideró «un paripé» los supuestos episodios suicidas de José Rafael previos al fatídico 5 de febrero de 2017. Ocurrieron en el periodo de depresión de más de un año en que el acusado dejó de trabajar. «No se puede ser más bueno ni se puede ser más malo», dijo sobre las dos caras del autor confeso.

La hermana: «Nos fuimos mi padre, la niña y yo sin temor de que pasara nada»

La hermana de Cristina Martín, María del Pilar, se remontó a aquel 5 de febrero de 2017 cuando su padre, su sobrina (la hija de José Rafael y su hermana) y ella misma fueron a Madrid a comprar una silla para el coche para la menor. «Nos fuimos sin temor de que pasara nada», contó en las declaraciones.
Sin embargo, antes de que llegaran a Madrid dieron la media vuelta ante las conversaciones con su hermana y el temor a una agresión. Antes de llegar, la madre le alertó de las puñaladas. «Imposible», dijo contundentemente sobre la posibilidad de escapatoria a la carrera de su hermana ante el ataque por su discapacidad.
Una prima de Cristina declaró en el juicio por unas conversaciones por mensajes de telefonía con la víctima mortal y manifestó que la pareja atravesaba una crisis matrimonial. «No pude prever un desenlace de estas características», indicó por ese intercambio en el que Cristina señalaba que tenía miedo de ir al cementerio. Y apostilló la prima, trabajadora de Servicios Sociales: «No creía que llegara una situación tan extrema como esta».
El último turno de testigos correspondió a un enfermero y amigo de la familia, quien consideró que la víctima sí tenía miedo de José Rafael. «Cristina era una persona dependiente para casi todas las actividades diarias», recalcó el enfermero. Y posteriormente remató: «No podía huir como una persona normal».
El testimonio del enfermero cerró una sesión de casi cinco horas. El juicio se retomará hoy a las 9:30 de la mañana con las testificales de los guardias civiles y los facultativos.