San Juan de los Reyes enciende los faroles

Jaime Galán
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Aunque l el Cristo de la Buena Muerte tuvo que suspender su recorrido por las condiciones meteorológicas, los hermanos llenaron de luz el interior del Monasterio de San Juan de los Reyes

San Juan de los Reyes enciende los faroles - Foto: Joaquin Romera Garcia

Después de que la lluvia provocara la suspensión de la mayoría de las procesiones correspondientes al Viernes Santo, tampoco levantó el veto en la madrugada del Sábado Santo, pues los dirigentes de la Cofradía Penitencial del Cristo de la Buena Muerte se vieron obligados a suspender su Via Crucis por las calles de Toledo. Por segundo año consecutivo, la lluvia les condenaba a ejercer su acto de fe en el interior del claustro de San Juan de los Reyes, algo que acogió mucha aceptación debido a lo atractivo de su trayecto. Su recorrido procesional consiste en un Via Crucis compuesto de 14 estaciones, en las que su consiliario las recita con un micrófono, debido a las grandes dimensiones del patio interior del monasterio, además de con la ayuda de sus hermanos penitentes. 
Pese a que toda Hermandad desea durante todo el año salir en procesión cuando le llega el momento, la suspensión de este acto es, cuanto menos, curiosa en el caso del Cristo de la Buena Muerte. El público general suele estar acostumbrado a que cuando una cofradía suspende su procesión, los actos interinos suelen ser de un carácter más íntimo para los integrantes de la cofradía. Sin embargo, en este caso, la suspensión de la procesión generó la magnánima asistencia a la penitencia que tuvo lugar dentro del Monasterio de San Juan de los Reyes. Ante más de un centenar de asistentes, los hermanos iniciaron su Via Crucis particular entonando la primera de sus estaciones en la capilla del Monasterio con el Cristo de la Buena Muerte puesto en pie y brillando con luz propia, debido a las bombillas que lleva consigo en la cruz. A continuación, los penitentes se adentran en el interior del claustro del Monasterio para seguir con su Via Crucis rodeando el patio interior del Monasterio. Sencillamente, digno de ver para el espectador. Entre toda la oscuridad, prismatizada por la humedad que transmite un lugar tan mágico como ese, los hermanos, con su hábito a modo de franciscano, iluminan el claustro con las únicas luces de su devoción y sus faroles. Este circuito que realizan alrededor del Monasterio se produce en silencio absoluto hasta que el micrófono del consiliario otorga el momento de dedicar una estación en el camino.
Este recorrido tan difícil de describir con palabras va acompañado de una cruz guía luminosa que lleva inscrita la siguiente frase: «Oye la voz que te advierte de que todo es ilusión menos la muerte». Asimismo, la imagen del Cristo de la Buena Muerte es llevada en brazos por los cofrades de manera que parezca que el Cristo va a pie, acompañados de un joven cirineo, encargado de colocar un cojín en el suelo para apoyar la talla de Cristo en cada una de las estaciones.