Premio sin rostro

F.J.Rodríguez
-

Como manda la shaira. La presencia de una mujer ataviada con burka provoca la ausencia de varios invitados a la gala de premios Rey Abdullah del pasado jueves y llena las redes sociales de críticas

Momento en el que la premiada recibe el galardón de manos del príncipe Abdulaziz Bin Abdulaziz ante la presencia del presidente Emiliano García-Page. - Foto: Yolanda Lancha

Posa casi fuera del plano. La última a la derecha del escenario  entre otras 17 personas. Todos son hombres. Menos ella. Se trata de la única mujer premiada en la última edición de los premios internacionales Rey Abdullah Bin Abdulaziz de Traducción. Es como una sombra. Acude a la gala tal y como manda el islam, en la interpretación más rigurosa de la sharia. Un burka de los pies a la cabeza, de color negro, solo deja ver sus ojos; ocultos más si cabe por una gafa de pasta.
Sus manos, sin cubrir, han tenido el pertinente cuidado a la hora de recoger el galardón con el que se reconoció su trabajo. No entrar en contacto con el hombre que se lo entrega es la prioridad. Además, se trata del príncipe Abdulaziz Bin Abdullah Bin Abdulaziz, miembro de la familia real de Arabia Saudí, país en el que se practica el wahabismo, o el salafismo, como ellos prefieren denominarlo. Es la rama del islam que también practica el autodenominado Estado Islámico.
Semejante cuadro no hace referencia a algún lugar de oriente medio, sucedió el pasado jueves en la Fábrica de Armas de Toledo. Una entrega de un premio que en directo causó asombro, y que 24 horas después no ha parado de recibir críticas en las redes sociales.
La ausencia de la anfitriona, la alcaldesa de Toledo, Milagros Tolón, está justificada. No lo ha reconocido públicamente pero, tras incluir en esta legislatura la Concejalía de Igualdad y hacerla depender directamente de Alcaldía, su presencia en el acto hubiera sido una contradicción.
El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, sí asistió. Su cara es un poema cuando se entrega el galardón. «España no se entendería sin la presencia árabe», afirmó en su discurso. Una gran verdad. Del mismo peso moral que la misma España no entienda hoy cómo se puede ser respetuoso con un burka, la ablación, la lapidación, la poligamia, el ajusticiamiento por blasfemia, infidelidad u homosexualidad.